Al servicio de su Majestad

 

Uno de los géneros más clásicos del cine es el de los espías, y entre ellos destaca ese mito británico de James Bond, un icono mundial que ha hecho más por la imagen del espionaje británico que la mayoría de los agentes de la realidad, capaces de olvidarse ordenadores portátiles en los taxis de Londres. O de preparar dosieres falsos para quitar del medio políticos electos contrarios a los intereses del establecimiento.

James Bond

James Bond

 

 

En este húmedo verano británico en el que está a punto de decidirse la carrera para elegir al sucesor de la dimitida Theresa May, y el candidato favorito, con una gran ventaja sobre su rival Jeremy Hunt, es el antiguo alcalde de Londres el excéntrico Boris Johnson. Nos hemos visto sorprendidos por los tabloides con la filtración de los cables internos que revelaba la dura y negativa opinión que le merece al embajador del Reino Unido en Washington, el presidente de los Estados Unidos. Kim Darroch declaraba que Donald Trump era Inepto, Desastroso y su administración era Disfuncional.

 

La saga de críticas feroces al presidente americano continuó en la prensa con menciones a la retirada del acuerdo nuclear, que fue calificado por Darroch como Vandalismo Diplomático. Y la respuesta de Trump no se hizo esperar, vía Twitter lanzo en tromba mensajes de repudio al embajador británico en Washington, así como a la administración británica de la Theresa May y sus fracasadas negociaciones del Brexit.

 

Y es que las consecuencias del terremoto que supuso tanto el Brexit como la elección de Trump en 2016 aún se sienten en las islas, cuya clase política mayoritariamente no ha conseguido digerir el resultado del referéndum. Hoy día existe una división tanto en el establecimiento político como en el mediático entre los partidarios de respetar el resultado, y los que buscan cualquier excusa para repetirlo tantas veces como sea necesario hasta que salga el resultado que Bruselas considere correcto.

 

El cuerpo diplomático, que está formado por funcionarios de carrera, algunos con más de 30 años al servicio del establecimiento como el dimitido Kim Derroch, han creado una serie de relaciones personales muy cercanas con la clase política americana, especialmente con los Clinton, y no solo comparte con ellos su odio a Trump, sino que también el Brexit es un enemigo a batir. El diplomático ha sido siempre un enemigo del resultado del referéndum

 

Kim Darroch

Kim Darroch

En círculos diplomáticos es conocido las maniobras de este embajador dando credibilidad el dossier creado por el espía británico Steele, cuyo objetivo era desacreditar a Trump con una supuesta historia de un viaje a Rusia lleno de detalles sórdidos que, siendo grabados por los rusos harían de Trump un pelele en manos del malvado Putin. Pues es bien conocido el bombo que fue dado a este informe, especialmente en la prensa americana, hasta el Saturday Night Live lo representaba en un sketch antes de la toma de posesion de Trump. Y durante dos años y medio, con una investigación especial, se mantuvo la sombra de la sospecha, que se despejo con la publicación del informe Muller que lo dejaba muy claro, NO COLLUSION.

 

Las maniobras entre bambalinas de los servicios secretos británicos no terminaron con el fracaso de dicho informe falso, fueron continuos los informes negativos que reportaba el embajador al respecto del presidente y su administración. El antagonismo era visceral, y a través de un topo en el servicio diplomático todo salió a la luz.

 

 

Trump, Kim Darroch y Boris Johnson.

Trump, Kim Darroch y Boris Johnson.

La filtración de secretos de estado a la prensa siempre ha estado perseguida, recordamos todos el caso de WikiLeaks y el triste destino de Julian Assange, que paso cinco largos años recluido en la embajada de Ecuador en Londres. Pero en el momento en el que estamos, a punto de elegir un nuevo primero ministro decididamente favorable al Brexit, pues ahora las filtraciones son consideradas parte de la suprema libertad de prensa, según la primera ministra, en un acto de cinismo sin igual. Arropando así al topo, al que aún no ha dado caza y cuando el departamento contra terrorismo de Scotland Yard llamaba a los editores a no publicar secretos de estado.

 

La prensa británica está utilizando la tibieza de Boris Johnson para apoyar al defenestrado embajador como una palanca para intentar para el Tsunami que supondrá la llegada al poder del exalcalde, en una jugada maestra donde el establecimiento es capaz de quemar sus naves ante el triste destino de una gran parte de la clase política incapaz de leer el momento actual de fracaso de las estructuras supra nacionales como la Globalización y la UE, y de entender los motivos de la revuelta de las clases trabajadoras nativas ante la deslocalización del sector productivo y las masivas migraciones de pueblos externos en Europa.

 

No obstante, nada, ni siquiera las maniobras del espionaje, parecen poder impedir ni la elección de Boris Johnson ni el desatasco del Brexit, con o sin acuerdo.