EUROPA, EUROPAE

“El rapto de Europa” (1560-1562) Tiziano Vecellio Isabella Stewart Gardner Museum, Boston.

“El rapto de Europa” (1560-1562) Tiziano Vecellio Isabella Stewart Gardner Museum, Boston.

    Europa, Europae, 1ª declinación en la lengua latina. Prosopónimo de origen griego con el que se nombra – y piropea – a la hija de Agenor, rey fenicio, raptada por Zeus en forma de toro, y gozada por el padre de los dioses en las playas de Creta, fundando así en su vientre la primera monarquía y civilización europea, la civilización minoica, sin duda el primer gran avatar europeo y la primera cultura reconociblemente europea. Tiro, con sus “naves de Tarshish” de nueve remos en cada amura, es de este modo el abuelo de Europa, mercantil, talasocrático ( bajo el reinado de Luli Tiro contaba con la flota naval más poderosa de Asia ), aventurero, emprendedor y ejemplo de curiosidad intelectual. Los romanos llamaban así ya a nuestro continente, al que dotan de una portentosa urdimbre de vías ( las “viae Romanae”, empezando por la via Appia ) que como consecuencia intercomunican todas las regiones, y de este modo acabarán configurando su carácter continental, Occidente, grecorromano, con el aporte de la idea democrática y republicana, el derecho público y el derecho civil, el lógos jonio, y la última hazaña de Roma, el cristianismo. Nuestras principales autovías cubren la sólida caja de las vías romanas, con su statumen, rudus, nucleus y summum dorsum o summa crusta o pavimentum. Y es que, ahora que se van a celebrar elecciones europeas, hay que recordar que Europa ya existía antes de Konrad Adenauer, Robert Schuman o De Gasperi, extremo éste con el que el gran De Gaulle trataba de molestar con razón a Schumann y a Jean Monnet, que dicho sea de paso fracasó estruendosamente en su visión organizativa de Europa.

    Pues bien, después de la magnífica intervención de Dolors Montserrat en el Forum “Nueva Economía”, sobre Europa, como primera candidata del Partido Popular a las Elecciones Europeas, sin duda un soberbio discurso europeísta, no exento de imágenes de la oratoria clásica, y también con posiciones claramente reformistas, a fin de mejorar y fortalecer la Unión Europea, a uno le apetece reflexionar críticamente, pero en la órbita del PP, sobre lo que es Europa y el paso de la Europa de los Seis, todavía horrorizada por los recuerdos de la Segunda Guerra Mundial, a la Europa de los Veintiocho, que está en peligro de olvidar los viejos principios fundadores.

     Punto primero, Europa si es algo es Roma y el Imperio Carolingio, con la mentalidad grecorromana y el humanismo cristiano, tanto romano como inspirado en la Reforma. Punto segundo, esta Europa actual es sólo una forma posible de Europa. Ha habido y puede haber otras Europas más perfectas ( la Unión Latina de De Gaulle, a base de lo que el General llamaba “las naciones primas” etc. ). El papanatismo europeísta es el gran enemigo del perfeccionamiento europeo.

    Yo recomendaría a los próximos flamantes eurodiputados la lectura atenta de la Historia de la civilización en Europa, de François Guizot. Es un libro pequeño, pero el que mejor presenta la realidad de Europa y sus fundamentos. Sólo la restauración de la Antigüedad europea puede rejuvenecer hoy la vieja Europa. Y Europa necesita una insurrección del espíritu europeo contra lo que se está convirtiendo en el señorío asianista del núcleo duro del poder político en Europa.

    Europa no debe entregarse en manos de las ambiciones imperialistas de Alemania. España, expuesta por su geografía y, sobre todo, por su historia, como proa del Mundo Antiguo hacia el Nuevo, debe seguir siendo el puente necesario y privilegiado por el que transiten todas las relaciones entre el Viejo Mundo y el Nuevo. España no puede ser sólo en Europa una dócil comparsa bajo la hegemonía económica de Alemania, recalificada como la gran solidaridad europea por antonomasia. Tampoco Europa debe caer en una arbitraria centralización de funcionarios mandarines, confucionistas, a fin de que no se provoque, de rechazo, la virulencia indeseable de las nacionalidades. Y es que Europa debe edificarse sobre la realidad de las nacionalidades singulares, y no como pretendieron hacer con la mejor de las intenciones, los viejos teóricos de la C.E.C.A., ya totalmente olvidados, y por ello aún no superados. Europa no puede ser jamás una construcción apátrida.

    Hace casi setenta años los europeístas alemanes, como el mismo Adenauer, Ludwig Ehrad o Heinrich von Brentano, pidieron suplicantes a los primeros países que fundaron con ella la CEE que ayudasen a Alemania a recobrar su dignidad. Y se ha pasado de pedir a los demás ayuda moral para recobrar la dignidad perdida por la Segunda Guerra Mundial, a imperar a los demás. No sólo Alemania ya va con la cabeza bien alta, sino que es la que finalmente toma todas las decisiones importantes.

     Las disposiciones de la Unión concernientes a la PAC y a la agricultura en general son demasiado vagas, y esto llena de incertidumbre a nuestros labradores y a nuestros campos. Toda importación de artículos alimenticios que procedan de fuera de la UE debería motivar el abono por parte del Estado que los adquiriese de un elevado canon con el que subvencionar la PAC.

    El valor de ser conciudadanos en el seno de una patria artificial engendrada por el cerebro independiente de los tecnócratas tiene que estar refrendado todos los días por las voluntades nacionales. Ya Walter Hallstein, Presidente de la vieja Comisión de la Comunidad Económica, abrazaba con ardor hace sesenta años la tesis del superestado, siendo su capital Bruselas, y disponiendo de centenares de miles de funcionarios, nombrados, destinados y espléndidamente retribuidos por la sola voluntad libérrima del aparato tecnocrático. Salvo el hecho de que la UE no es aún un superestado, se ha cumplido lo de los centenares de millares de funcionarios apátridas muy bien pagados, a las órdenes de una tecnocracia absolutista. Y si nuestros consocios más poderosos no lo hacen, tampoco deberíamos nosotros dejarnos llevar a sacrificar nuestras causas nacionales ( Gibraltar, secular amistad con los EEUU, etc. ) en aras de la integración europea.

    Quienes denuncian hoy el Brexit no entienden que, en cierto modo,  la clave de la Historia de Europa reside desde hace nueve siglos en la “isolation” británica. Más aún, el Reino Unido, como se sienta acosado o bloqueado por la UE, podría reeditar de nuevo la “Asociación Europea del Libre Comercio”, que fuese en su día integrada por él mismo, el bloque escandinavo, Portugal y Austria. De seguro que la Historia de Europa no terminará en la UE, porque la UE, a pesar de su poder artificial, inmenso, pero evanescente,  no podrá nunca resolver la cuadratura del círculo.

    Y quienes pretenden que la UE sea un remedo de USA no saben lo que están diciendo, cuando los EEUU se crearon a partir de la nada, en una tierra completamente nueva, y mediante sucesivas oleadas de colonos desarraigados.

    Dicho todo esto, las grandes infraestructuras llevadas a cabo en nuestro país en los últimos treinta años hubiesen sido imposibles sin la ayuda decisiva de Europa. Lo mismo sucede con la reconversión industrial ( a favor de Alemania ) y la reconversión agrícola ( a favor de Francia ). Pero nadie da duros a cuatro pesetas, y el cinturón económico que Europa impuso a España, a favor de Alemania y Francia, supuso un límite de crecimiento de mayores consecuencias que los beneficios económicos que nos ha proporcionado Europa, sin la cual España – reconozcámoslo - no puede ya vivir, al menos a corto plazo. Si Gran Bretaña tiene problemas, imaginémonos nosotros.