EL IMPERIO ESPAÑOL Y LOS GRANDES MITOS DE LA HUMANIDAD.

“Hércules y Onfalia (1745) Johann Heinrich.

“Hércules y Onfalia (1745) Johann Heinrich.

Platón propagó la idea de que el gobernante debía ser un amante (phylos)  del saber (sophia) y esta idea fue recogida en el Renacimiento. El emperador Carlos V y Felipe II eran considerados, en su tiempo, los más grandes reyes de la historia de la humanidad y a esa grandeza, el último quiso unir la virtud de la sabiduría platónica que dejó reflejada en el Escorial.

En 1536, el Papa Pablo III entregó a Carlos V un regalo: la Genealogia Illustrissime Domus Austriae la genealogía de la casa de los Austrias, un reconocimiento de su grandeza, pues la vincula a los grandes acontecimientos de la historia de occidente.

Carlos V, se lo regaló a su hijo Felipe II que entonces tenía diez años y que mostró una devoción casi religiosa por este rollo de pergamino de treinta metros de largo. Felipe II, lo conservaría toda su vida cerca de sí, como el más preciado de sus tesoros.

Carlos V venció en 1535, al infiel Barbaroja; había conquistado  Túnez, el enemigo de la cristiandad, un territorio cercano a  Cartago, la enemiga de Roma. El emperador se paseó victorioso por Roma, en triunfo, como un cónsul romano, como Carolus Africanus, un redivivo Escipión el Africano.

El primer ancestro de Felipe II según esta genealogía mítica fue Noé sincretizado con el dios Jano, el de las dos caras, una mirando al pasado y la otra al futuro. Su templo en Roma solo permanecía cerrado si reinaba la paz en el imperio. Está representado en la genealogía con dos caras opuestas, en una mano sujeta las llaves del templo para que permanezca cerrado con un imperio en paz y en la otra representa al sol, un símbolo vinculado a la monarquía.

Genealogía de Felipe II

Genealogía de Felipe II

Cam, hijo de Noé-Jano, es visto en esta genealogía como Zoroastro, el dios persa de los magos, el portador de las artes mágicas cuyo fundador mítico fue el egipcio Hermes Trismegisto, que tenía dos características similares a Felipe II: Fue rey y filósofo. En el Renacimiento, se pensaba que las artes mágicas habían surgido de Caín y habían sobrevivido gracias al hijo de Noé, a Cam también llamado Zoroastro en sus mitologías.  No es de extrañar que en el Escorial de Felipe II, nos encontremos los libros esotéricos y herméticos de Juan de Herrera y los artefactos propios de la alquimia.

Descendiente de Cam, siempre según ésta genealogía, fue Osiris, el primer faraón Egipcio. Descuartizado por su hermano Seth (el Tifón de los griegos) su cuerpo fue recompuesto por Isis, y vuelto a la vida. Es el dios de la resurrección. Ya se conocía la Moralia de Plutarco donde se relata esta historia y su relación con los ritos mistéricos que se instalaron en la antigua Roma. Osiris, benefactor del hombre, fabricó arados y removió la tierra con el hierro, probó semillas, y enseñó a los hombres a recoger frutos, a plantar la viña, a segar la hierba. Un mito inspirador para Felipe II.

El sucesor de Osiris fue su hijo Horus que es sincretizado en el Renacimiento como el  Hércules griego que, según Diodoro, había nacido en tiempos de Osiris. Viterbo, autor de estas genealogías afirmaba que Hércules fue el auténtico antepasado de los españoles.

Éste Hércules había visitado Italia, Francia y Asia Menor, donde fundó Troya El mito de Hércules está muy unido a España porque derrotó al tirano de los tartesos, Gerión, en su décimo trabajo. De este modo esta mítica genealogía enraíza con la historia arcaica de España.

Entre los ancestros de Felipe II, en esta genealogía mítica, se encontraban nada menos que el fundador mítico de Roma: el troyano Eneas. Se consideraba así la casa de Austria, descendiente de los héroes de la legendaria Troya y de los fundadores del mayor imperio conocido sobre la tierra, antes del imperio que regentaba Felipe II: el Imperio Romano. El gran Julio Cesar, aparece también en esta genealogía, como antecesor de Felipe II.

Otras familias ilustres renacentistas como la de los Duques de Ferrara, tenían su genealogía mítica, según la cual la familia de Este se remontaba al mismísimo Hércules del que tomaron nombre dos duques. Dosso Dossi, ya en tiempo de Ercole II pintó a un Hércules envejecido, perdidamente enamorado de Ofnalia de quien era esclavo. Aparece rendido, manejando la rueca, una labor femenina por antonomasia, embelesado ante los generosos encantos de su amada. El artista pintó ya la decadencia de los Este.

 

“Alegoría de Hércules” (1535) Giovanni Battista Luteri Dossi. Galleria degli Uffizi. Florencia.

“Alegoría de Hércules” (1535) Giovanni Battista Luteri Dossi. Galleria degli Uffizi. Florencia.

Del mismo modo Maximiliano II de Habsburgo, emperador del Sacro Imperio, se hizo glorificar en el siglo XVI como Hércules Germánicus, como modelo de soberano que mató al león de Nemea, destruyó la hidra, y limpió los estableo de Augias.

Los valores de civilización contenidos en esa genealogía mítica fueron asumidos por Felipe II. Ninguna casa real, ninguna ilustre familia, podía comparar sus gestas con la que gobernaba el Imperio Español. Ninguna podía decir con verdad que había descubierto un continente, que lo  había conquistado con medios irrisorios, que había construido grandes edificios, catedrales, escuelas y universidades. Ninguna nación, ningún imperio, se había mezclado con las indígenas creando estirpes mestizas. Toda la dirección del imperio estaba basada en los valores de civilización contenidos en esta mítica genealogía.

El Imperio Español, fue el primero en ser criticado por sus conquistas. No había entonces, ningún otro precedente en la historia de la humanidad en el que un conquistador fuera vapuleado o humillado: Alejandro Magno, Ciro, Julio Cesar, Augusto, todos fueron admirados por sus triunfos y por ampliar sus imperios civilizadores.

El Imperio Español fue el primero en ser criticado por llevar la civilización, la romanización, la hispanización a los territorios descubiertos para el mundo moderno y conquistados. Pero tropezó con la leyenda negra, un enfrentamiento provocado por la mezcla de intereses de los nobles protestantes y de un cambio de paradigma en la religión.

Es decir: su fin no era explotar exclusivamente, sino civilizar. La política de implantar centros educativos de alta cultura para los indígenas, es decir, las universidades, de mezclarse con la población y crear generaciones de mestizos,  fue despreciada por otros imperios como el británico o el mucho más moderno, el holandés en el Congo, del que se desconocen edificios, escuelas, universidades para indígenas o estirpes mestizas y por tanto no podrán perdonar jamás al Imperio Español, que sí lo hizo.

 Los últimos indígenas de la Patagonia, los selknam, fueron objeto de masacres a tiros y mediante envenenamientos masivos a finales del siglo XIX y principios del XX.  Esta forma de tratar a los indígenas, no fue la que enseñó con su ejemplo en esas tierras el Imperio Español. Los selnam fueron eliminados para que no molestaran las explotaciones ganaderas implantadas con dinero británico y explotadas con personal chileno y argentino.

Así como Pablo III en 1537 publicó la bula Sublimis Deus pontificando sobre el carácter humano de los indígenas, filósofos franceses siglos después, como Buffon (George Leclerc 1707-1788) siglos después  estimaban que los indios eran una raza degenerada.

Mucho después, en 1839, aún persistía en los intelectuales ingleses, prejuicios que ponían en duda la naturaleza de los indígenas:

Son personas innobles y asquerosos salvajes. Cuesta creer que sean humanos, habitantes del mismo mundo que nosotros. No me figuraba cuán enorme es la diferencia que separa al hombre salvaje del hombre civilizado; diferencia en verdad mayor que la que existe entre el animal silvestre y el doméstico.”

Son palabras de Darwin escritas en su diario “El viaje del Beagle “ y se refería a unos indios yámanas, con los que convivió durante el viaje a Tierra de Fuego. Estos indios fueron expuestos en jaulas y alimentados con carne cruda por toda Europa. Los yámanas, convivían en buena vecindad con los selknam.

Las grandes historias merecen grandes mitologías y la que Carlos V, regaló a Felipe II inspiró a este príncipe renacentista el amor por el saber, la curiosidad por la ciencia, la aversión hacia el tirano, la obligación de difundir la cultura por todo el imperio, y ante todo, un respeto a los indígenas que no tiene paragón en toda la historia de la humanidad.

Solo el Imperio Español regaló a la cultura mundial un continente desconocido. Ningún otro pueblo de la tierra, en toda la historia de la humanidad, puede decir algo parecido. Además, el Imperio Español, fue el único imperio de la era moderna, que llevado por el espíritu moderno de monarcas como Felipe II, respetó a los indígenas, se mezcló con ellos y puso al alcance de sus gentes, la alta cultura.

Hoy se responsabiliza al pueblo español por toda aquella aventura y la pregunta que viene a la mente es ¿qué puede hacer un pueblo que posibilitó una hazaña así, para hacerse perdonar?.