INCENDIO DE OCCIDENTE. NOTRE DAME.

Catedral de Notre Dame de París. Grabado de Alfred Alexandre Delauney. Fotografía de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.

Catedral de Notre Dame de París. Grabado de Alfred Alexandre Delauney. Fotografía de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.

En el siglo X la cristiandad tuvo acceso a las matemáticas de los árabes que éstos habían tomado de los indios y de los griegos. Este conocimiento permitió realizar cálculos de estructuras apoyadas en arbotantes exteriores y realizar construcciones con grandes espacios huecos, que sirvieron para construir vidrieras que dotaban de luz y de colora a las catedrales.  La primera catedral gótica se construyó en París, en  Saint Denis, por Abad Suger aquel santo al que decapitaron, recogió su cabeza y la llevó al lugar dónde quería que le erigieran una iglesia.

Solo diecisiete años después de Saint Denis, se comenzó la construcción de Notre Dame con la experiencia adquirida. Una imponente construcción gótica ubicada en un lugar sagrado para los celtas, transformada luego en templo romano, que a su vez se transformó en la primera iglesia cristiana de París en el 528,, S. Esteban. Pasó a transformarse en una iglesia románica y por fin en 1161, se comenzó a construir  Notre Dame.  Tardó en construirse 184 años aunque a los 100 estaba construida en buena parte. Sufrió muchas reformas.

Toda iglesia es un libro escrito en piedra. Notre Dame, es (o era)  una biblioteca. En una época en la que los libros eran escasos y la mayoría de la gente era analfabeta, el conocimiento se grababa en piedra, mediante relieves.

Quien nos enseñó el encanto de Notre Dame fue Fulcanelli, en su libro sobre Notre Dame  “El misterio de las catedrales”. Quien haya leído este libro, aunque apenas lo entienda, nunca volverá a mirar una catedral con los mismos ojos.  

“El Alquimista de Notre Dame”. Gárgola alquimista. Catedral de Notre Dame. París.

“El Alquimista de Notre Dame”. Gárgola alquimista. Catedral de Notre Dame. París.

Notre Dame es (o era) un tratado de alquimia, según Fulcanelli, en una época en la que este arte era como hoy la física cuántica, algo que solo pueden entender los iniciados. Hay en el gran pórtico,  12 medallones que representan las fases de la Gran Obra: ahí vemos el atanor (horno) el cuervo símbolo de separación de lo puro y lo impuro que están unidos, la piedra filosofal y en fin los arcanos de la alquimia, se grababan en piedra para conocimiento de futuras generaciones.

Cuando los canteros grababan en Notre Dame el arte de la alquimia, que luego alumbró la ciencia química, Grosetteste, obispo de Liconln  ideaba por primera vez en la historia el método experimental, el empírico examinando el arco iris. Propugnaba el método inductivo. Su discípulo más conocido es Roger Bacon, pero el eco de su idea ha llegado hasta nosotros en boca de  Beltrand Rusell o del mismísimo Trevijano: del hecho a la idea. Se examinan los hechos y de ellos se eleva la mente hacia la idea.  No al revés. Se trata del método inductivo, el experimental, el método del alquimista.

Fulcanelli nos enseñó a leer la piedra y escudriñar qué mensaje nos dejaron nuestros ancestros. Una vez que se empieza a mirar de este modo a las catedrales, se empieza a comprender por qué en occidente se representa el Juicio Final, en el norte el Antiguo Testamento, en el sur el Nuevo testamento y en el Este, el lugar de la luz,  por donde sale el sol está lo más sagrado de las catedrales. Se empieza a entender por qué lo más sagrado del suelo de una catedral es un cuadrado perfecto y lo más elevado tiene forma esférica.

El área cercana a la catedral se llamaba claustro y era sitio de reunión para artistas, alumnos y artesanos, hay que imaginar qué sería aquello durante la construcción de Notre Dame.

“Alegoría de la Alquimia”. Relieve en el pilar de la entrada central de la catedral de Notre Dame de París. Autor Foto: Chosovi.

“Alegoría de la Alquimia”. Relieve en el pilar de la entrada central de la catedral de Notre Dame de París. Autor Foto: Chosovi.

Fue en ese claustro donde se revolucionó el sistema de enseñanza. Previamente, un monje maduro, enseñaba a un novicio. Éste era el sistema. Pero en el claustro de la catedral, un grupo de jóvenes se sentaban a los pies del maestro. Así se formaron las escuelas más importantes, en París, Chatres y Lyon.

A principios del XIII París tenía 200.000 Hb. Había 25 escuelas famosas. De los alumnos de éstas  se formó la universidad de París, a la sombra literalmente de Notre Dame, la universidad más importante del mundo en Gramática, Lógica, Filosofía y Teología. Tenía además un nivel muy alto de Medicina y de Derecho.  Bolonia tenía fama en Derecho canónico y Montpelier en Medicina.

La Universidad de París, empezó formándose en el claustro de Notre Dame y se extendió al margen izda del Sena. Luego fundaron una escuela para pobres en el sur del Sena, al otro lado de la Cité. Fue allí posteriormente donde se ubicó la universidad.

El régimen de estudio, era: clases por la mañana y discusiones con el maestro por la tarde. Se discutía abiertamente de todo, incluso de herejías.

Fue así como se instaló la duda en occidente, en el claustro de Notre Dame,  de la mano de Abelardo que empezó a analizar las contradicciones bíblicas, sin ningún reparo. Con él Pedro de Poitiers propugnó en ese mismo claustro que aunque la certidumbre exista tenemos la obligación de dudar de los artículos de la fe, de investigar, de discutir.

En 1210, el sínodo local de obispos de París ordenó que se diera por terminado a Aristóteles cuyas obras no deberían leerse en público ni en privado. Esto ocasionó una huida de alumnos a Oxford, que no tenía catedral, pero se podía estudiar a Aristóteles. Permaneció prohibido hasta 1270. A partir de esa fecha, se podía leer en privado.

Siguiendo la doctrina de Aristóteles de modo riguroso, no cabía ni la creación, ni Adán, ni el juicio final, ni la Providencia, ni la encarnación, ni la expiación, ni la resurrección. Aristóteles fue prohibido porque sus teorías conducían a esas conclusiones.

Alberto el teutónico, conocido como Alberto Magno, maestro de San Agustín, fue el primer alemán en ocupar la cátedra de teología en París, enseñó  que había tres formas de alcanzar la verdad: Las escrituras, el razonamiento y la experiencia empírica. Advirtió de que las creencias o la revelación no debe entorpecer la investigación, ya que solo la experiencia nos proporciona certeza.

Todo esto aportó Notre Dame  a occidente en la Edad Media.

En la Revolución Francesa, Notre Dame, siguió siendo protagonista. Se declaró el ateísmo. Por primera vez en la historia se comprobó que cuando el hombre se hace ateo,  crea un vacío en el cerebro del tamaño de Dios y la prueba es que Notre Dame se erigió un templo a la diosa Razón y Robespierre su sumo sacerdote, en un acto  cuyo maestro de ceremonias fue el pintor David.  Este mismo vacío existe en la actualidad con parecidas consecuencias.

“La coronación de Napoleón” (1805-1807) Jacques-Louis David. Neoclasicismo. Notre Dame. Museo del Louvre. París.

“La coronación de Napoleón” (1805-1807) Jacques-Louis David. Neoclasicismo. Notre Dame. Museo del Louvre. París.

En Notre Dame,  fue donde se coronó Napoleón, que no permitió ser coronado por el el Papa Pío VII que aparece en el cuadro de David bendiciendo, pero que originalmente fue pintado con las manos en las rodillas. “No le he hecho venir de tan lejos para que no haga nada” exclamó Napoleón al verlo y David, el pintor revolucionario, corrigió el cuadro y lo pintó bendiciéndolo.

En Notre Dame fue donde los revolucionarios que presumieron de Sants Culottes,  arroparon a Napoleón y vistieron trajes de la corte, diseñados por el revolucionario David. En su cuadro, aparece descrita la escena de la coronación en Notre Dame con un Charles Maurice de Talleyrand como chambelán imperial. Estuvo en la coronación de Luis XVI y desempeñó cargos importantes durante la revolución. Un político muy moderno por lo oportunista. Napoleón decía de él que era “Un saco de mierda, embutido en medias de seda”. Era el símbolo del fracaso de todos los ideales, consagrando a un dictador perpetuo, como epílogo de la Revolución.  El consenso, y la posterior degeneración hacia la dictadura y la oligarquía protegida por la corona, se escenificó en esta escena del cuadro de David.

David exclamó que no habían sido los suficientemente virtuosos para ser republicanos. Beltrand Rusell  siguió su razonamiento, y dijo  “parece admitido que para la libertad política que quisieron los revolucionarios, se requiere cierto tipo de virtud.”

Quien puede negarlo hoy.  Esto también lo aprendimos, gracias a David, en Notre Dame.