LO QUE EL VELO ESCONDE. Derechos Humanos e Islam. El problema de la inmigración V.

Musulmana en la playa

Musulmana en la playa

Como vimos en anteriores publicaciones, el artículo primero de la Declaración de Derechos Humanos en el Islam reconoce que todos los seres humanos son iguales en las obligaciones (para con Alah) sin distinción de sexo.

Pero Alah en el Sagrado Corán estableció ciertas obligaciones para la mujer, y establece textualmente (33:59): ¡Oh Profeta! Di a tus esposas, a tus hijas y a las demás mujeres creyentes, que deben echarse por encima sus vestiduras externas cuando estén en público…”

Hemos de entender que en el contexto del Islam esta forma de tapar el cuerpo responde a una necesidad para la protección a la mujer, ante ataques sexuales del varón, tal y como explícitamente estableció el Profeta  que dijo: "Dios ha escrito una porción de Zina (fornicación o adulterio) que todo hombre cometerá inevitablemente. El Zina de los ojos es mirar (a las mujeres), el Zina de la lengua es hablar, el corazón anhela y desea, y luego las partes privadas lo confirman o lo niegan."

Resaltamos la inevitabilidad de la lascivia atribuida al varón. De ahí la necesidad de protección de las mujeres mediante la ocultación de su cuerpo.

Recuérdese, como vimos en otro capítulo, que una mujer violada es en principio culpable de fornicación o adulterio y el no ir tapada debidamente es una prueba de su falta de moral y por tanto el violador puede quedar exculpado de su delito y ella declarada culpable de fornicación o adulterio y sometida al castigo establecido por ello. Todo por no ir debidamente cubierta.

El velo no es exclusivo del mundo islámico ni  mucho menos, hay tradiciones en muchas culturas del uso de esta prenda. La Virgen María iba vestida exactamente como hoy lo haría una musulmana, pues la tradición judía obligaba a la mujer a mantenerse cubierta.

San Pablo, en la Primera Carta a los Corintios, Capítulo 11 declara:  “… Todo varón que ora o profetiza con la cabeza cubierta, afrenta su cabeza. Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta su cabeza; porque lo mismo es que si se hubiese rapado.  Porque si la mujer no se cubre, que se corte también el cabello; y si le es vergonzoso a la mujer cortarse el cabello o raparse, que se cubra. Porque el varón no debe cubrirse la cabeza, pues él es imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón.  …

Los padres de la Iglesia ordenaban cubrir la cabeza de la mujer así Tertuliano establecía: "Mujeres jóvenes, ustedes usan sus velos en las calles, también deben usarlos en las iglesias; cuando se encuentran entre extraños, entonces úsenlos cuando se encuentren entre sus hermanos" y el Código Canónico, hasta 1983, ordenaba en el Canon 1262 que las mujeres en la Iglesia y muy especialmente cuando se acerquen a comulgar “deben tener la cabeza velada y deben vestirse modestamente…”

La diferencia entre la cultura judeo-cristiana y la musulmana respecto al velo, es que ésta considera una orden directa y textual de Alah y su Profeta que la mujer debe ir cubierta y por tanto es plenamente vigente porque es inderogable, mientras que en la cultura judío cristiana no se mantiene vigente este precepto.

 

Las diferencias entre los derechos del hombre y la mujer en el Islam, podemos resumirlos en los siguientes puntos.

 

Los varones pueden casarse con hasta cuatro mujeres. Las mujeres no pueden casarse con más de un hombre. Así el Sagrado Corán en establee (4:3)  “… Cásense con las mujeres que escojan; Dos o tres o cuatro; pero si tienen temor de no ser capaces de tratarlas (a ellas) justamente, entonces, sólo una, o (una cautiva) que su mano derecha posea, que será más adecuada, para prevenir que ustedes hagan injusticia,” (4:3).

 

El Sagrado Corán (4:34) establece el modo en el que la mujeres deben ser golpeadas, pero con ciertas normas:

Los hombres son los protectores y sostenedores de las mujeres, debido a que Alá le ha dado al uno más (fuerza) que al otro, y debido a que ellos las sostienen por sus medios. Por lo tanto, las mujeres justas son devotamente obedientes, y cuidan en la ausencia (del marido) lo que Alá les dé para guardar. En cuanto a aquellas mujeres en cuya parte temen deslealtad y mala conducta, (primero) amonéstenlas, (Después), rehúsen compartir las camas de ellas, (Y por último) golpéenlas (ligeramente); pero si ellas vuelven obedientes, no busquen contra ellas Medios (para molestarlas): Por que Alá es Más Alto, grande (encima de ustedes todos)” 

Vimos en anteriores capítulos que el testimonio de una mujer tenía un valor jurídico muy inferior al de un hombre, o lo que es lo mismo, no se otorga mucha credibilidad la mujer por el hecho de serlo.

 

En cuanto a los derechos patrimoniales, el Sagrado Corán (4:11) establece que la porción del varón es la misma que la de dos mujeres. Si el difunto tiene solo hijas, su cuota es de dos tercios. Si tiene una sola hija, hereda solamente la mitad.

La idea del paraíso en el Islam es la contenida en el Sagrado Corán (55:56) Tendrán los varones doncellas “castas…  no tocadas por un hombre”. Para los justos (Sagrado Corán 78:31-33) tendrán cumplidos sus deseos del corazón: tendrán jardines cerrados y viñedos y mujeres voluptuosas de igual edad”.

No existe un paraíso para la mujer que consista en un jardín con viñas y árboles frutales y unos corpulentos y concupiscentes mancebos en la flor de la juventud, dispuestos a satisfacer cualquier capricho de una musulmana justa.

La causa de la existencia del velo musulmán, es la vigencia del texto literal del Sagrado Corán, y la mirada hacia el sexo femenino del siglo VII: la mujer es tenida por mentirosa (de ahí el escaso valor de su testificación), desobediente (de ahí que se legisle cómo pegarlas), lasciva (de ahí que haya que castigarla brutalmente en caso de infidelidad o fornicación), y objeto sexual que puede ser usado, en el supuesto de que no guarde el debido recato en su indumentaria, en esta vida, y un objeto sexual joven, virgen y eterno en la otra.

 

Esta es otra de las razones que impidieron a 45 países islámicos suscribir la Declaración Universal de derechos Humanos suscrita en París en 1948.