LOS DERECHOS DICTADOS POR DIOS. DERECHOS HUMANOS E ISLAM El problema de la inmigración VI.

Matrimonio infantil

Matrimonio infantil

 En artículos anteriores vimos la aplicación práctica de la de la Declaración de Derechos Humanos en el Islam al derecho penal, a los homosexuales, a la mujer e incluso a algunos aspectos del derecho procesal.

 

La Declaración Universal de Derechos Humanos proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en París, el 10 de diciembre de 1948, declara sin ambages ni excepciones que todos somos iguales en derechos (art. 1, 2, 7, 10 y 16), todos los seres humanos tenemos derecho a la vida, (art. 3),  a la presunción de inocencia (art. 11), a la inviolabilidad del domicilio (art. 12), a la libre circulación (art. 13), al asilo (art. 14), a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión (art. 18) y a la libertad de expresión (art. 19). No hay excepciones en la declaración de estos derechos básicos que han sido asumidos en todo occidente.

 

Los países islámicos no podían firmar esta declaración. No pueden declarar que la mujer es igual al hombre, o que un homosexual es igual a un heterosexual, o que todos tienen libertad de conciencia, de expresión o de religión.

 

Por ese motivo, 45 países, se negaron a firmar la declaración de Derechos Humanos de 1948 y firmaron en 1990, la Declaración de Derechos Humanos del Islam en los siguientes términos:

 

Se declara el Derecho a la vida como un don de Allah (art. 2) y por tanto sometido a sus mandatos expresados en la Sharía. El hombre y la mujer no son iguales, porque  el varón será el tutor de la familia y sobre él recae el gasto familiar (art. 6 b). La educación está supeditada a los preceptos de la Sharía (art. 7. c) y uno de sus fines es fortalecer la fe en Allah (art. 9. b). La capacidad legal de la persona viene determinada por la Sharía (art. 8. a). En cuanto a la libertad religiosa, se declara que “El Islam es la religión indiscutible” (art. 10). El derecho a la libre circulación y el derecho al asilo, está supeditado a los mandatos de la Sharía (art. 12).  Incluso el derecho laboral y mercantil, están supeditadas a los preceptos de la Sharía (art. 14).

 

La inviolabilidad del domicilio, el derecho a la libre circulación, el derecho a la libertad de expresión, el derecho a la información, están sometidos a lo preceptuado en la Sharía (arts 18, 20, 21 a), y  22 c) respectivamente.   Esto es tanto como vivir en un eterno estado de excepción cuyo fin es la defensa de la fe religiosa, puesto que todos los derechos fundamentales quedan suspendidos si así lo preceptúa la Sharía.

 

De toda esta declaración islámica, el precepto más importante es el siguiente: No hay crimen fuera de la Sharía (art. 19). El derecho penal protege el modo de convivencia de un pueblo, su tradición, su cultura.  Solo se considera delito en los pueblos islámicos aquellos actos que contrarían su ley religiosa que es el alma de su tradición, su cultura y su modo de convivencia.

 

Hasta tal punto el derecho islámico está sometido a la ley religiosa, que no existe separación entre iglesia y estado. La ley islámica regula todas las relaciones civiles, y las somete a los designios de la ley divina, hasta tal punto que los jueces religiosos tienen potestad para dirimir litigios familiares o civiles.

 

Todos los preceptos de esta declaración de derechos, tienen que ser interpretados conforme a los preceptos de la Sharía (art. 25) y además están subordinados a ella (art. 24), por lo que son redundantes: hubiera bastado proclamar la Sharía como Declaración Universal de Derechos Humanos del Islam, pues suprime de facto cualquier precepto o interpretación que la contradiga. Toda declaración islámica de derechos será, forzosamente, una reiteración de los preceptos de la Sharía.

 

Solamente sabiendo que Mahoma, autor de buena parte de la Sharía,  se casó con Aisha, la Madre de los Creyentes, cuando ésta contaba con 6 años, (otras fuentes dicen que tenía 7 años)  y que consumó el matrimonio cuando cumplió 9 años (10 según algunas fuentes) se pueden entender costumbres asumidas por esta cultura que repugnan a la occidental. Mahoma tenía entonces 53 años.

 

El reconocimiento de la Declaración de Derechos Humanos, es indiscutido en todo occidente. Cualquier comunidad asentada en su seno, que rechace estos preceptos de un modo frontal, para imponer otros sujetes a una ley religiosa, provocará un serio enfrentamiento con la comunidad que lo ha acogido.

 

En el próximo artículo analizaremos qué consecuencias han tenido en la historia fenómenos de inmigración como el descrito.