CLARA CAMPOAMOR.

Clara Campoamor.

Clara Campoamor.

Si hiciéramos un análisis de la historia española, de la lucha por los derechos femeninos y tuviéramos que elegir a una persona que hubiera destacado sobre las demás, esa persona sería Dña. Clara Campoamor.

 

Si tuviéramos que elegir un episodio, en la historia de España, en el que los políticos, pusieron sus intereses electorales por encima de la democracia, hasta el punto de prohibir el voto a la mitad de la población, sin duda habría que seleccionar el episodio que causó la muerte política de Dña. Clara Campoamor.

 

Si tuviéramos que elegir, en toda la historia de España a una persona que por haber luchado y conseguido, el voto para la mitad de la población y fuera condenada al ostracismo en el extranjero y a volver a su país, solo para que sus cenizas fueran esparcidas, tendíamos que volver a elegir a la misma persona: Dña. Clara Campoamor.

 

Varias generaciones tuvieron que luchar en América, o en Inglaterra, para conseguir que la mitad de la población, las mujeres, pudieran acudir a las urnas. En España, solo hizo falta la lucha de una sola persona: Dña Clara Campoamor. No hizo  falta el paso de generaciones, ni los movimientos sufraguistas: lo consiguió en un solo día.

 

Primo de Rivera, otorgó el voto a la mujer de más de 40 años. Tras la instauración de la Segunda República, en 1.931, no se permitió que las mujeres votaran. Podían ser elegidas, pero no se las dejó acudir a las urnas y Dña. Clara fue elegida diputada por el Partido Radical, al que pertenecía por ser según ella, republicano, liberal, laico y democrático.

 

Formó parte de la Comisión Constitucional de la República y luchó en ella por la no discriminación por razón de sexo, la igualdad de los hijos extramatrimoniales y el sufragio universal: de las mujeres también. A excepción de esto último, todo lo demás lo consiguió en la Comisión Constitucional. El voto femenino hubo de debatirse en el Parlamento.

 

La lucha fue hercúlea. La izquierda no quería que votara la mujer porque –pensaban- que influidas por los curas, iban a votar a las derechas. El hecho de que permitir el voto universal, pudiera perjudicar al partido propio, fue motivo más que suficiente, para oponerse al voto femenino, hecho éste, que quedó para la historia, como ejemplo de mediocridad y sectarismo  y que además llenó de ignominia a muchos políticos republicanos. La derecha de entonces no estaba muy de acuerdo, pero apoyaban el voto femenino porque pensaban que les favorecía. Se aprovechó también, la ausencia de la derecha del Congreso debido a la Ley de Congregaciones, para liquidar de un plumazo, solo con la asistencia de la izquierda que no lo apoyaba, el derecho al voto universal. No se pudieron poner las cosas peores para Dña. Clara.

 

Aquél 1 de octubre de 1.931, Dña. Clara, tuvo que escuchar en el Congreso que  no se debía aprobar el voto femenino, "hasta que las mujeres dejaran de ser retrógradas" (Álvarez Buyita, Rico); "hasta que transcurran unos años y vea la mujer los frutos de la República y la educación" (Victoria Kent) o indefinidamente, "porque las mujeres son histéricas por naturaleza" (Novoa Santos); Hubo quieres proponían excluir esta cuestión de la Constitución, para poder negar el voto a las mujeres,  si las mujeres no votaban de acuerdo con el gobierno (Guerra del Río) o reducir el derecho a voto a las mayores de 45 años "porque antes la mujer tiene reducida la voluntad y la inteligencia" (Ayuso). Las otras dos únicas diputadas en aquél Congreso Constituyente, Victoria Kent, del Partido Radical Socialista, y Margarita Nelken, del PSOE, también feministas, consideraban inoportuno el reconocimiento del voto femenino y no lo apoyaron.

 

Ante estos argumentos se alzó la sola voz de Dña. Clara. “No se trata aquí esta cuestión desde el punto de vista del principio, que harto claro está, y en vuestras conciencias repercute, que es un problema de ética, de pura ética, reconocer a la mujer, ser humano, todos sus derechos….. una Constitución que concede el voto al mendigo, al doméstico y al analfabeto –que en España existe– no puede negárselo a la mujer.” “ No olvidéis que no sois hijos de varón tan sólo, sino que se reúne en vosotros el producto de los dos sexos….. En ausencia mía y leyendo el diario de sesiones, pude ver en él, que un doctor hablaba aquí de que no había ecuación posible y, con espíritu heredado de Moebius y Aristóteles, declaraba la incapacidad de la mujer…. Todos somos hijos de hombre y mujer y recibimos por igual las dos partes de nuestro ser, argumento que han desarrollado los biólogos. Somos producto de dos seres; no hay incapacidad posible de vosotros a mí, ni de mí a vosotros.  No cometáis un error histórico que no tendréis nunca bastante tiempo para llorar, al dejar al margen de la República a la mujer, que representa una fuerza nueva, una fuerza joven.”

 

Dña. Clara, contra todo pronóstico, ganó el debate y se aprobó el voto femenino, en igualdad al masculino. Prieto salió del hemiciclo diciendo que aquello “era una puñalada trapera para la República”.

 

Dos años más tarde, la derecha gana las elecciones, la izquierda culpó a Dña. Clara por haber logrado el voto femenino y a partir de aquí, es olvidada. Los políticos españoles, de uno y otro bando, certificaron sin lugar a dudas que, por encima de los intereses de Estado, por encima de los intereses del ciudadano, por encima de la democracia, estaba algo esencial: su propio partido. Todos los demás asuntos se subordinaban a éste. Clara Campoamor es la prueba palpable y vergonzante de esta actitud de los políticos de entonces. ¿De entonces?

 

Quiso ingresar en Izquierda Republicana, y sometieron a votación su petición. Solo para humillarla, se hizo en público, exhibiendo en alto las bolas negras que representaban los votos negativos, como venganza por su “puñalada trapera”. Publicó “El voto femenino y yo” y  “Mi pecado mortal”. Al estallar la guerra ha de salir de España, relata ella misma en su libro “La revolución española vista por una republicana” que se horroriza del poco valor de la vida, en el Madrid del 1.936, los asesinatos y el horror. Teme por su vida. Su nombre aparece en una lista de individuos a eliminar del Frente Popular. En su introducción a éste último, Luis Español Bouché, narra que  "Durante julio y agosto (de 1.936) Clara Campoamor permanece en el Madrid milicianado. Observa el terror, las checas, los fusilamientos. Lo escribirá todo meses más tarde. Deja Madrid, dicen algunos que el 6 de agosto, pero ella afirma que en septiembre, rumbo a Alicante. No sabemos si en septiembre o ya en octubre, Clara Campoamor consigue embarcarse en un barco de bandera alemana rumbo a Italia, con la intención de pasar a Suiza. Varios falangistas planean asesinarla durante el viaje.” No lo consiguieron.

 

El ostracismo fue la condena por su victoria homérica a favor de la democracia. Pero cometió otro delito: ser masona, en la logia Reivindicación. Al igual que ella, la masonería fue condenada por Franco y despreciada más tarde por la III Internacional Comunista, por burguesa. Cuando en 1.951 quiso volver a España se la dio a elegir entre dos opciones: dar los nombres de los masones que conocía, o pasar 12 años en la cárcel. Dijo que ser masona era un delito legalísimo cuando ingresó en la masonería. Eligió, otra vez, el ostracismo, el destierro y el olvido. Murió en 1972 y mandó que sus restos fueran incinerados y esparcidos, no en Madrid donde nació, sino en San Sebastián. Éste fue el lugar donde se encontraba, cuando estalló la República.

 

 No acabó ahí la pena impuesta a Dña Clara: La democracia actual la condenó a 30 años de olvido y de ostracismo.

 

El mortal pecado de poner el interés general por encima del interés partidista y el delito “legalísimo” de ser masona, sacrificaron la vida civil y política en España de Dña. Clara Campoamor. Tras treinta años de olvido, se organizó la erección de su busto en el Congreso, que mira, imagino, muy por encima del hombro a los políticos que pasen a su lado, se ha emitido un sello y hasta han puesto su cara al Euro. Parece como si se hubiera perdonado su “pecado mortal”, su “puñalada trapera”, y hasta han levantado el castigo del olvido desde la muerte de Franco, por ser masona, por ser demócrata y por ser republicana.

 

Recientemente se publicó una miniserie de dos capítulos, en la televisión pública titulada “Clara Campoamor la mujer olvidada”. Fue la primera vez que esta figura se catapultaba hacia la fama. Solo fue emitido un capítulo, el segundo que debería de tratar sobre la persecución por el Frente Popular y por la Falange a Dña. Clara, jamás se emitió, aunque se anunció.  El Congreso no permitió grabar esa miniserie en el Parlamento. La herida que causó Dña. Clara a los mediocres políticos españoles, sigue abierta.

 

Dña. Clara fue una víctima de los partidos políticos porque éstos trataban a la mujer como un objeto cuyo voto puede influir en las elecciones. No como un sujeto de derechos. Dejar este hecho al descubierto fue la puñalada que Dña. Clara dejó clavada a los políticos españoles.

 

 Hoy para los partidos políticos, la mujer no un sujeto de derecho, sino un objeto que puede hacer ganar o perder unas elecciones. Si en la Segunda República para ganar unas elecciones se tenía que prohibir el voto femenino, hoy como representan la mitad o más del número de votos, tienen que conseguir el voto mediante el enfrentamiento entre sexos, culpabilizando al varón, cambiando el lenguaje y teniendo mucho cuidado de evitar la igualdad entre hombre y mujer, no poniendo medios para aliviar la carga del cuidado de los hijos. Como los políticos de 1931, solo buscan votos.

 

Los políticos actuales, son la reencarnación de los políticos de 1931.  Los mismos perros, con los mismos collares.