Epifanía, fiesta iluminada. Cuando vinieron los Reyes

La necesidad de que la música forme parte de la educación de los jóvenes contribuye, de algún modo, a la formación del carácter y del alma”.

Aristóteles, Política.

Detalle de “La Adoración de los Reyes Magos”, Alberto Durero

Detalle de “La Adoración de los Reyes Magos”, Alberto Durero

En la cultura griega existían grandes sabios, de quienes heredaríamos gran parte de la ciencia moderna, por ejemplo, Pitágoras y Thales, que nos legarían sus teoremas, pero también su música. El encauzamiento matemático que harían de la música hace 2.500 años sería el antecesor de toda la teoría musical de Occidente. Aristóteles siempre creería en los beneficios de la música para las personas.

Los músicos del Renacimiento tendrían como referente el gran legado musical de la antigua Grecia. Buena muestra de ello, es que a finales del siglo XVI aparecería la ópera que entremezclaría música y ciencia analizando los sabios pensamientos filosóficos y políticos de los grandes pensadores clásicos como Platón, Aristóteles y Aristógenes de Tarento. Una estrecha relación entre música y poesía se iluminaba como la estrella de Belén.

La música y poesía renacentista florecerían en España en forma de villancicos. Los Cancioneros de Segovia y de Upsala contienen villancicos de finales del siglo XV y principios del siglo XVI. Diego Gómez Manrique (1412-1490) fue uno de los poetas que cultivó este género. Su hermano Rodrigo Manrique era el padre de Jorge Manrique, el famoso poeta autor de las “Coplas a la muerte de su padre”. La familia Manrique pertenecía a la más antigua Nobleza de España. Diego era sobrino del Marqués de Santillana y nieto de Diego Hurtado de Mendoza. Llegaría a alcanzar el cargo de Corregidor de Toledo por su gran labor y la fidelidad. Su “Canción para callar al Niño”, es un bello villancico extraído desde su interior, que poseía una delicada sensibilidad para la poesía:

Leonardo da Vinci. “La Adoración de los Magos”.

Leonardo da Vinci. “La Adoración de los Magos”.

“Callad vos, Señor,

nuestro Redentor,

que vuestro dolor

durará poquito.

Ángeles del cielo,

venid dar consuelo

a este mozuelo

Jesús, tan bonito…”

La poesía castellana poseía un marcado acento mariano, dedicado a la Virgen. Santa María sería invocada en el “Cantar del Mio Cid”; Gonzalo de Berceo, en el siglo XII, le daría un lugar preferente en “Los Milagros de Nuestra Señora”; aparecería también en las “Cantigas de Santa María” de Alfonso X, el Sabio en el siglo XIII, que son trescientas cincuenta y seis relatos que contienen algunos milagros de la Virgen María. Gil Vicente, sería autor de “La Cantiga a la Virgen parida”, que cantan los personajes al final del “Auto de la Sibila Casandra”. Juan Ruíz, el arcipreste de Hita con sus “ Siete gozos y loores” de Santa María hablaría sobre la Adoración de los Reyes Magos:

“La Adoración de los Reyes Magos” ( 1504) Alberto Durero

“La Adoración de los Reyes Magos” ( 1504) Alberto Durero

“El tercero cuentan las leyes

quando vinieron los reyes

e adoraron al que veyes

en tu braço, do yazía.

Ofreçiól' mirra Gaspar,

Melchior fue ençienso dar,

oro ofreçió Baltasar

al que Dios e home seya”.

La adoración de los Magos de Oriente, que ni siquiera se conocerían entre ellos, sería una respuesta iluminada por medio de una estrella, signo de la fe. Los Magos descubrirían en esa estrella el símbolo del Rey que llegaría al mundo. La Epifanía es la fiesta de la iluminación, de la luz.