¿Es posible hoy un nuevo consenso en España?

El consenso político es la cesión de poder o privilegios entre sujetos políticos con intereses contrapuestos, hasta llegar a un punto de encuentro. Es un consentimiento donde todos los sujetos se pliegan en un mismo sentido. El consenso político es la negación de la política: determina los valores y los principios sociales, lo óptimo es ir todos a una, renunciando a cualquier principio. Todas estas renuncias, que suponen en sí mismas una corrupción moral, son necesarias para culminar en corrupción económica, surgida de la negociación consensuada y llamada eufemísticamente diálogo.

La política es la lucha por el poder reflejada en la expresión pública del conflicto de intereses que se dan en la sociedad civil y se manifiesta en la lucha de ideas sintetizadas en una argumentación fundamentada y coherente con cada causa: las ideologías. Estos conjuntos de ideas concatenadas y congruentes entre sí, son mucho menos divisibles que el dinero, resultando que, el peculio se acaba imponiendo como móvil último del consenso.

El concepto de consenso se nutre moralmente del pacifismo y del “buenismo”, ejercido sobre una sociedad previamente oprimida, temerosa y escarmentada de conflictos. En el caso de España, el consenso de la transición (entre los franquistas y su oposición clandestina), sobre una sociedad española que temía un nuevo conflicto civil y se achicaba ante rumores de “ruido de sables” extendidos por la clase política que se propuso a pasar “por la ventanilla de Carlos Arias”, se asemejó al de la concordia que tuvo lugar tras la muerte de Robespierre y el fin del terror en la Revolución Francesa. Sólo pudo haber un consenso para llevar a cabo la transformación del franquismo en el régimen actual, porque las diferentes fuerzas políticas tuvieron la capacidad de unirse gracias a la pasión de tranquilidad (Ver [1]) que reinaba en la sociedad española desde el fin de la Guerra Civil. Esta fuerza constituyente que se formó con el consenso de la transición, se apoyó en el aparato del Estado franquista y el acaparamiento que éste había hecho de la cosa pública.

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La pasión de tranquilidad en la sociedad española fue aprovechada por la potencia de Franco en el franquismo para reformar el régimen en varias ocasiones. Franco no hizo política porque él monopolizaba lo político dentro de España, sólo hizo política cuando no podía controlar lo político: fuera de España. Por esto, el franquismo cambiaba según iba cambiando la hegemonía o la tendencia política internacional. El consenso no es más que una etapa natural del poder franquista sin Franco, pero con la misma pasión de tranquilidad en la sociedad española. La fuerza constituyente de Franco, se transformó en la fuerza constituyente del consenso de los partidos del Estado.

El consenso de la transición se forjó con el pacto del silencio, que afectaba tanto al bando franquista como al bando contrario, de manera que se silenciaban los delitos. Este pacto fue roto por José Luis Rodríguez Zapatero con la creación de la Ley de Memoria Histórica, una ley que trata de manera parcial la historia para que una parte de los partidos se posicionen moralmente por encima de la otra parte, algo a lo que renunciaron en la transición al preferir la vía fácil de pactar con sus enemigos políticos dando lugar a la reforma del franquismo en vez de la ruptura. La Ley de Memoria Histórica rompió ese consenso original en España, de manera que el consenso en la política del Estado de partidos español se ha visto cada vez más difícil de realizar; hasta el punto de que hemos llegado a un punto álgido de no consenso, en donde la inestabilidad política y la lucha por el poder son palpables.

La necesidad de renovación de la izquierda política, tras el escándalo de corrupción del felipismo y su posterior decaimiento electoral, rompió el consenso original del llamado “régimen del 78”. Junto a la Ley de Memoria Histórica, trajo importada la ideología de género y sus variantes, como también impulsó las ideas del multiculturalismo, con la Alianza de civilizaciones y la idea de nación de naciones. La primera ha servido para volver a la fractura social del guerracivilismo, la segunda para romper la institución social familiar, la tercera para disolver la nación española y la cuarta para dividir España territorialmente. La sociedad civil ha sido atacada en muchos frentes, a través del Estado, por la socialdemocracia y sus disvalores. Ha creado un conflicto político y social que con el tiempo ha ido in crescendo con la crisis económica e impulsado por el surgimiento de nuevos partidos (sobretodo Podemos) ante el descrédito de los viejos.

La necesidad de tapar la corrupción pujolista, surgida del consenso, devino en poner en entredicho la unidad nacional, apoyándose en la idea de nación de naciones y la nueva idea “progre” impulsada por Podemos del “derecho a decidir”. Sobre una sociedad en Cataluña adoctrinada en el catalanismo a lo largo del tiempo en el “régimen del 78”, el partido se encaminó en una aventura rupturista con la nación española que bien podría ser una argucia más para chantajear al gobierno español y conseguir más privilegios de poder, como dijo la exconsejera de enseñanza del gobierno de Cataluña, Clara Ponsatí ( Ver [2]) (<<estábamos jugando al póquer e íbamos de “farol”>>), además de desviar la atención de la corrupción “pujolista” (3). La fractura y la aventura desde un punto de vista social ya están iniciadas; se les ha ido de las manos y no están siendo capaces de revertirlo políticamente. Nuevamente las circunstancias político-sociales son superiores a la voluntad de los actores políticos.

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Ante estos desvaríos ideológicos que han conseguido ascender a lo políticamente correcto en gran parte de Occidente y que fracturan la sociedad civil, como también pretenden hacerlo con la unidad nacional, está creciendo en España un discurso en contra, que en gran parte es creciente también en el resto de Occidente. El nuevo partido del Estado de partidos, VOX, viene a darle voz en el régimen a ese discurso. Lo que está consiguiendo con esto en un principio, como por ejemplo también lo hizo Podemos con el “derecho a decidir” o la ideología de género, es darle un impulso en el debate social. Podemos como partido del Estado que es, traicionó políticamente sus principios, y VOX lo hará también por lo mismo: su naturaleza de ser parte de una oligarquía de partidos.

Así hemos llegado a esta etapa de crispación, nunca antes vista en el régimen de partidos español, como tampoco lo fue durante el franquismo. En estos periodos que acumulan 80 años entre los dos, la sociedad nunca había estado tan enfrentada ni la pasión de tranquilidad tan menguada.

Referencias

[1] A. García-Trevijano, Pasiones de Servidumbre, Foca. Madrid. 2001.

[2] Artículo de El País.

[3] Artículo de El Mundo.