Sobre la Historia Política de la época liberal del XIX

“"que la causa porque la fortuna abandona a un príncipe, es que ella muda los tiempos, y entonces el príncipe no muda de sistema ni de recursos.” Acusábase de mudable a un rey de Esparta, que sabía obrar según las circunstancias: «No soy yo quien varía, respondía él, sino los negocios””.

A finales del siglo XVIII casi todo el mundo estaba dominado por unos pocos grandes Estados y sus respectivas casas reales: las de Reino Unido, Rusia, Austria, Francia y España principalmente.

 Con las grandes revoluciones políticas de los Estados Unidos (1776) y de Francia (1789) en ese orden internacional comenzó una profunda crisis, entrando en un proceso de inestabilidad que desembocaría en las Guerras Napoleónicas. Tras la victoria sobre Napoleón, liderada  por las casas reales de Reino Unido, Rusia, Austria y Prusia principalmente, se estabilizó un nuevo orden internacional que fue formalizado en el Congreso de Viena.

 Una de las claves de éste era contener futuras revoluciones jacobinas y liberales, que buscaban sustituir las monarquías autoritarias o absolutas por regímenes parlamentarios (como el que tiene Reino Unido a partir de la Revolución Gloriosa de 1688, que fue el primero en la Historia). Sin embargo finalmente no fue posible contener su auge, teniendo las monarquías que irse adaptando a la nueva situación con regímenes parlamentarios. 

 En estos casos, los parlamentos eran diseñados por esas monarquías con astucia, domesticándolos al hacerlos a su medida y sólo en la medida en que lo necesitaban para ser capaces de mantenerse en el poder. En ningún caso europeo se siguió el modelo estadounidense de la Democracia Representativa, que, si bien comparte con el régimen liberal el tener diputaciones donde los diputantes diputan diputados, se diferencia del parlamentarismo en la introducción del principio de la separación de poderes en origen. 

Lo destacable en este punto es que la separación de poderes, por la configuración estructural del poder que desarrolla, evita la creación de una clase gobernante que concentre poder político en el Estado tiránicamente, es decir sometiendo así a los gobernados a una situación de servidumbre en vez de libertad política colectiva.

A lo largo de siglo XIX, ya desaparecido el Imperio Español, ese tipo de  regímenes parlamentarios hibridados con los modelos del Antiguo Régimen se fue extendiendo a lo largo de los grandes Estados europeos que dominaban el mundo, incluyendo el caso de Japón como única potencia no europea a tener en cuenta. Los Zares rusos se hicieron una Duma a su medida, e igual ocurrió en las casas reales de austríacos, alemanes, españoles, portugueses, italianos…

Bajo ese orden internacional, que duró hasta la Primera Guerra Mundial  (con transformaciones importantes pero manteniéndose ese paradigma vigente, y siendo la hegemonía principalmente de Reino Unido y Rusia), los Estados europeos fueron desarrollándose en una tendencia expansionista. A partir de 1880, ya consumadas las unificaciones estatales de Alemania e Italia, se produjo la gran conquista y colonización de casi toda África, recayendo el grueso de la misma Reino Unido, Francia y Alemania, y en la misma línea ocurrió en el continente asiático, en su mayoría por mano de Reino Unido, Francia y Rusia.

A comienzos del siglo XX Alemania era la potencia hegemónica en el continente europeo, por encima de Francia y Rusia. Sólo Reino Unido suponía un rival para Alemania, reforzado además ese equilibrio por la alianza que en el momento de la Primera Guerra Mundial tenían Francia y Rusia con el Reino Unido. La lógica del colonialismo había llevado a esa situación, y la lógica de la dialéctica de Estados (competición por la hegemonía, por la lucha por el poder y la supervivencia), llevó a la Primera Guerra Mundial entre los principales Estados Europeos.

Es a partir de la Primera Guerra Mundial que comienza a palparse el salto de la época liberal a la socialista, en la que salvo Reino Unido, Francia y Estados Unidos (en Hispanoamérica se sigue la misma tendencia que en Europa en líneas generales) van sucumbiendo todos los regímenes liberales por regímenes políticos de tipo socialista (donde el poder no lo tiene un parlamento civil, aunque sea falso y domesticado al ser estatalizado por alguna monarquía o dictadura, sino por uno o varios partidos estatales).

Pero esa historia será para otro artículo.