Vieron su estrella

La Virgen del cojín verde. Andrea Di Solaio (1507). Museo del Louvre. París.

La Virgen del cojín verde. Andrea Di Solaio (1507). Museo del Louvre. París.

Como los Reyes de Oriente, que verían la estrella y se dirigirían a Belén para adorar al Niño recién nacido, los poetas de todos los tiempos así se verían de iluminados y aportarían sus delicadas letras para cantar al Hijo de Dios. Alonso de Ledesma, poeta clásico, lo sintetizaría en los versos que servirían de pórtico para la Navidad:

Alma mía, despierta

y escucha el dulce clamor,

porque esta noche el Amor

te ha echado un niño a la puerta.

El tema de la Navidad en los poetas de lengua española ha sido muy prolífico desde hace siglos. Hay que remontarse a los orígenes de nuestra poesía. El “Auto de los Reyes Magos”, es de finales del siglo XII. Pasando, más tarde, al tema navideño del “Libro de los tres Reyes de Oriente”, ya en el siglo XIII. La “Reprensentación del Nacimiento de nuestro Señor” de Gómez Manrique, continúa celebrándose tras más de quinientos años en el convento de las monjas de clausura de Calabazanos (Palencia), porque allí fue escrito especialmente para ellas.

La cueva de la Natividad San Francisco de Asís Cappella del Presepio (1228). Greccio.Italia.

La cueva de la Natividad San Francisco de Asís Cappella del Presepio (1228). Greccio.Italia.

Los cancioneros de los siglos XV y XVI se llenarían de villancicos cambiando la letra y el sentido original profano dibujado en un tono religioso navideño.

San Francisco de Asís fue el inventor del Belén o Nacimiento en 1223 en las montañas de Greccio en el Lazio italiano, donde hay un santuario franciscano. Fray Iñigo de Mendoza era un poeta lírico del medievo. Su obra "Vita Christi" (1482) escrita en coplas reales cantaría a la Navidad con gracia y soltura los villancicos. Tras esta obra tenemos los bellísimos versos de Lope de Vega, Tirso de Molina o Luis de Góngora. Tras el bache lírico de la Ilustración y el religioso en el Romanticismo, aparece “La edad de plata de la lírica” o “La segunda edad de oro” con la Generación del 98 y el Modernismo y la Generación del 27 y la herencia de poetas como Verdaguer y Marquina, pasando por Manuel Machado y Juan Ramón Jiménez cantando a la Navidad.

Adorazione dei Magi. Leonardo Da Vinci (1481-1482). Galería Uffizi. Florencia.

Adorazione dei Magi. Leonardo Da Vinci (1481-1482). Galería Uffizi. Florencia.

“Nochebuena”

El cordero balaba dulcemente.

El asno, tierno, se alegraba

En un llamar caliente,

El perro ladraba,

Hablando casi a las estrellas…

Me desvelé. Salí. Vi huellas

Celestes por el suelo

Florecido

Como un cielo

Invertido.

Un vaho tibio y blando

Descanso en la huída a Egipto. Rembrandt Van Rij (1647). National Gallery of Ireland. Dublin.

Descanso en la huída a Egipto. Rembrandt Van Rij (1647). National Gallery of Ireland. Dublin.

Velaba la arboleda;

La luna iba declinando

En un ocaso de oro y seda,

que parecía un ámbito divino…

Mi pecho palpitaba,

Como si el corazón tuviese vino…

Abrí el establo a ver si estaba

Él allí.

¡Estaba!

(Juan Ramón Jiménez).

También estarían presentes los grandes poetas hispanoamericanos, caracterizándose por el verso largo y una visión barroca y colorista. Cantan a la Navidad la chilena Gabriela Mistral, poetas de fervor religioso como el mexicano Alfonso Junco y la cubana Dulce María Loynaz. El argentino Atahualpa Yupanki, el peruano César Vallejo y el padre de la poesía moderna, el nicaragüense Rubén Darío. Todos ellos vieron su estrella, como los humildes pastores, los animales y los Magos de Oriente.