Hasta cuando

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Las marchas llamadas “de los chalecos amarillos” siguen por segunda semana consecutiva en nuestro país vecino, tras la subida de los carburantes y las duras medidas económicas auspiciadas por el  gobierno de Macrón.

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Entre las medidas que están llevando a cabo los manifestantes están: el corte de carreteras con vehículos a baja velocidad, la quema de neumáticos, el corte del acceso a centros comerciales, polígonos o gasolineras, los vítores a su himno nacional y están portando consignas como “Macron renuncia” o “ladrón”. De hecho ha habido duros enfrentamientos en los que la policía ha tenido que utilizar medios antidisturbios, como cañones de agua o botes de gas.

Mientras, en España, tenemos un Salario mínimo Interprofesional ínfimo, de esclavos, siendo un absoluto infierno fiscal, tanto por las personas físicas como para las empresas. Soportamos impuestos que en media Europa se eliminaron hace tiempo o está planteado eliminarlos como sería el impuesto de patrimonio y sucesiones; y pagamos unas cuotas de autónomos muy por encima de la media europea. Sin embargo aquí nadie mueve un dedo, pero ¿por qué?.

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Muy sencillo. En España tenemos un cáncer y se llama Estado Autonómico, un cáncer caro, con muchas duplicidades de asesores y de funcionarios que no aportan nada. Por otro lado, tenemos graves carencias en apartados como justicia, policía nacional, guardia civil, sanidad, instituciones penitenciarias, etc que los políticos de turno siempre aprovechan como instrumento para inflar demagógicamente los presupuestos, pero de manera tramposa, ya que, lo que suelen hacer es colocar altos cargos a cambio de unos 50.000 euros de media, para así conseguir núcleos familiares serviles. De las plantillas de funcionarios estatales unos tres cuartos aproximadamente dependen del gobierno regional o del alcalde de turno, con lo cual podemos decir que es una administración, la española, absolutamente politizada. Pero las redes clientelares no se quedan ahí, y quizás lo que mucha gente no sabe, es de la existencia de empresas privadas pero que dependen de las administraciones regionales o locales. Que son grupos de funcionarios encubiertos y serviles al partido que está en el poder.

A todo ésto hay que sumarle los medios desinformadores, que forman otra pata del banco. A cambio de publicidad institucional se venden y tratan a los disidentes del sistema como sectarios. Por último, cabe señalar como brotes verdes las manifestaciones patrióticas sucedidas en Cataluña sin partidos políticos entre los convocantes.