Protección de datos y autoritarismo

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Todo poder tiende a expandirse y solo se detiene ante otro poder que se le oponga. Los partidos políticos, para aumentar su poder, aspiran a disponer de una base de datos en la que consultar, por ejemplo, las preferencias políticas de jueces y magistrados expresadas por ellos mismos en las redes sociales. Es una información decisiva para conformar la lista de vocales del Consejo General del Poder Judicial y del Presidente del Tribunal Supremo, que permite a los partidos controlar a los tribunales  “desde atrás” según la propia y necia expresión de los políticos.

Los partidos en el poder, ansían disponer de la información personal e ideológica de los funcionarios públicos, para asegurarse de que es fiel aquél al que quieren promocionar.  Del mismo modo agradecerían conocer al funcionario díscolo que tiene que dejar de gozar de su favor. De este modo, controlando la información, controlan el Estado, y controlando el Estado, pastorean la Nación, por los andurriales del régimen.

La información sobre las preferencias ideológicas de los maestros y profesores, es oro molido en manos de independentistas para depurar a los rebeldes a su causa, por ejemplo, a aquellos que se rebelan contra una historia inventada. Además, les sirve para promocionar a quienes adoctrinan, catecismo nacionalista en mano, a niños y adolescentes.  El asunto no es baladí: la primera medida de calado político que tomó Franco al iniciarse la guerra civil, fue depurar a los maestros republicanos. Disponer de una base de datos con las preferencias políticas de quienes tienen que desasnar a los niños patrios, y ahorrarse el engorroso proceso de depuración, ¡qué ilusión le hubiera hecho al Caudillo!.

Una de las máximas aspiraciones de partidos como ERC o Herri Batasuna, es la de disponer de una base de datos que clasificara a los ciudadanos según su ideología. Es impagable saber a quién hay que promocionar políticamente y ayudar desde el Estado y a quien hay que recomendar para que ETA o los violentos CDR catalanes, hagan su trabajo, si llega la ocasión.

No existe sobre la faz de la tierra pueblos que hayan estado más tiempo en guerra, que aquellos que poblamos la Península Ibérica. Siglos y siglos guerreando han forjado nuestro carácter.  Hemos sido capaces de provocar tres guerras civiles en cien años (un record asombroso) la primera y la última de una crueldad olímpica. Una nación conformada con estos mimbres, necesita de una base de datos sobre la ideología de sus ciudadanos para mostrar al mundo que pueden ser precisos, certeros y escrupulosos en la selección, por ejemplo, de los despenados en las cunetas, en una eventual próxima guerra civil. Ya no tenemos miedo a nuestras guerras, incluso estamos adornando la última con caracteres poéticos, nostálgicos y heroicos.

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La República Democrática Alemana tenía una red social dedicada a la captación de información personal de los ciudadanos, la célebre Stasi, cuyo modo de proceder aún causa rubor a los alemanes. Sus métodos no diferían de los utilizados por la Gestapo, las SS o la NKVD soviética. El fin principal de estas organizaciones era disponer de una base de datos de la ideología sobre las preferencias políticas de la población. ¿Qué no hubieran dado por disponer de medios para controlar desde un ordenador los pensamientos de sus paisanos?.

La pesadilla orweliana en forma de un Leviatán informático que se cierne sobre los ciudadanos, se ha materializado en el Senado con la aprobación del Proyecto de Ley Orgánica de Protección de Datos Personales y Garantía de los Derechos Digitales, en el que se declara de “interés público” la recopilación de datos relativos a las opiniones políticas, al tiempo que permite a los partidos utilizar esa información.

Los partidos nos han gastado una broma siniestra que por su sutileza, hubiera hecho las delicias de cualquier gobernante con pretensiones totalitarias, desde Stalin hasta Hitler. Está incrustada en la redacción de la disposición final tercera de aquella ley, referida al artículo 58 (bis) de la Ley de Protección de Datos, en la que se dice que la recopilación de datos personales “relativos a las opiniones políticas de las personas… se encuentran amparada en el interés público, únicamente cuando se ofrezcan garantías adecuadas.   Esto permite a los partidos infiltrarse en la ideología del individuo, en su conciencia, en su familia, en sus creencias, en sus inclinaciones sexuales, en sus preferencias intelectuales, sin su permiso, con la bendición legal y con el pláceme para utilizar estos datos.  Precisamente la recopilación de datos por los partidos  es la certificación de que han destruido cualquier “garantía adecuada” en favor del individuo.  En vez de ciudadanos sujetos de derecho, somos súbditos con derechos otorgados, sin control alguno sobre ellos. Pero estamos a un solo paso de ser solo objetos.  Objetos de derechos de los partidos políticos: el fin de todo régimen totalitario.