El rechazo de Bruselas al presupuesto de Italia

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Esta semana el Colegio de Comisarios de la UE ha emitido una "opinión negativa" al respecto del presupuesto italiano. Desde su pedestal azul los comisarios Moscovici y Dombrovskis sermoneaban al gobierno italiano, cuyo mayor pecado no es gastar demasiado, algo que muchos otros ya han hecho, empezando por el gobierno de Rajoy recientemente y anteriormente el gobierno de Gerhard Schroeder en los tiempos en que la economía alemana lo necesitaba. El crimen del ejecutivo transalpino salido de las recientes urnas, es oponerse frontalmente a la visión y pensamiento único que tienen los burócratas no electos de Bruselas. Para los cuales, el hecho de que la Liga y el Movimiento 5 Estrellas hayan sido los vencedores en las elecciones no vale nada. Lo mismo que vale la soberanía de la nación italiana, convertida en lo económico en una mera colonia que debe rendir pleitesía al poder de Frankfurt y Bruselas.

Y para colmo se da la circunstancia de que al cargo de la mitad de los seis puestos principales de este poder burocrático tenemos a tres italianos. Presidiendo el Parlamento Europeo esta Mario Trajani, el Banco Central lo preside Mario Draghi y la jefa de la política exterior de la UE Federica Mogherini. Ninguno de los tres ha sido elegido por los ciudadanos europeos, y mucho menos por los italianos para desempeñar sus funciones.

Se repite el caso de Polonia con Donald Tusk, donde de nuevo un burócrata no electo desde Bruselas toma decisiones en contra del país de origen. En teoría, para balancear la influencia los países se reparten los sillones de la oligarquía de Bruselas. Pero en la práctica sabemos que la potencia hegemónica alemana domina el corral sin necesidad de poner alemán alguno en los diversos cargos de la burocracia de la Unión. Lo cual demuestra: primero, la inutilidad de dichos cargos; segundo, el estado de vasallaje que denuncian los que ahora se van de la unión y tercero, la vil traición a sus compatriotas que los lacayos burócratas de la UE llevan a cabo como en el caso actual de Italia.

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Cuando alguien se sorprende de la deriva populista del país transalpino y de otras partes de Europa es necesario recordarle que, en el año 2011, en plena crisis griega, los primeros ministros de los países que un día fueron la cuna de la cultura grecolatina, fueron removidos de su puesto por los dos jefes de las entonces potencias hegemónicas: Francia y Alemania. Así fue como el dúo formado por Merkel y Sarkozy, llamados de aquella Merkozy se llevaron por delante a Giorgios Papandreu en Grecia y Silvio Berlusconi en Italia, sustituyéndolos por Lucas Papademos y Mario Monti, el dúo Papamonti elegido a dedo desde aquellas potencias extranjeros para ejercer de auténticos virreyes y sometiendo a vasallaje. Así lo escribí en uno de mis primeros artículos allá por 2012, titulado Los Papamontis. De aquella, España se libró de seguir el mismo destino, ya que tanto Zapatero como Rajoy estaban previamente sometidos a la voluntad extranjera. Al ser, como toda la oligarquía nacional, su única patria el poder y la corrupción del régimen de partidos. Especialmente humillante en el caso de Zapatero, quien después de haber ganado las elecciones generales de 2008 negando, muchas más de tres veces, la crisis que provocó el desplome de la burbuja inmobiliaria nacional en 2007. Afirmaba todo campanudo que “Jamás trasladaría el peso de la crisis sobre los más pobres” pero una sola reunión con Merkel le hizo desdecirse, y pasar de Pedro a Judas. Renegando de aquellas soflamas de demagogia socialista, igual que haría años después el amigo de Iglesias, Tsipras en Grecia.

Volviendo a Italia, vemos que cuando a un país se le impide gobernarse por sí mismo, con los buenos o malos gobernantes que el propio país decida, y se sustituyen por marionetas, en inglés ”puppet” así entonces conocían como “Puppetdemos” al títere puesto en Grecia. Cuando a un país se le arrebata su soberanía para autogobernarse y se le convierte en una mera colonia, entonces a nadie le puede sorprender que entre en una deriva populista y elija a líderes antisistema, tanto de la extrema izquierda como derecha. Cuya única posibilidad de no acabar en rotundo fracaso o traición a sus electores, es luchar por la libertad política colectiva. Única arma de un pueblo sometido para liberarse de la servidumbre voluntaria que le inflige tanto la oligarquía nacional como la extranjera.