FUENTE DE LUCEROS: EL ATAQUE A UN PUEBLO.

 

Fuente monumental construida en 1930 por el escultor alicantino Daniel Bañuls Martínez. Se la popularizó con el nombre de “ Plaça dels Cavalls” (Plaza de los Caballos) Alicante. España.

Fuente monumental construida en 1930 por el escultor alicantino Daniel Bañuls Martínez. Se la popularizó con el nombre de “ Plaça dels Cavalls” (Plaza de los Caballos) Alicante. España.

Los bienes que recibimos de nuestros antepasados y que debemos entregar a nuestros hijos, constituyen el patrimonio cultural. Ninguna institución puede considerar ese patrimonio como propio, no les pertenece: pertenece a las generaciones que nos precedieron y a las que precedemos. Por ese motivo, ni nuestra generación, ni ninguna otra, tiene derecho a destruirlo.  Al contrario, todas ellas tienen el deber de conservarlo en iguales o mejores condiciones de las que lo recibieron y legarlo así a las siguientes generaciones.

Las fuentes de la Plaza Navona en Roma, la de Neptuno en Florencia, la de Cibeles en Madrid y la fuente de la Plaza de los Luceros en Alicante, son símbolos de las ciudades que las albergan: monumentos de los que han disfrutado las generaciones que nos precedieron y de los que deben disfrutar las generaciones que nos sucedan, pertenecen a un grupo humano que abarca el pasado y el futuro, está más allá del tiempo: eso es un pueblo.

Algo enfermizo ocurre con la ciudad de Alicante que no sigue esta norma. Con consciente desprecio hacia la fuente emblemática situada en la Plaza de los Luceros, contra todos los informes técnicos sobre el monumento, contra el sentido común, con la Ordenanza del Ayuntamiento de Alicante de 31 de enero de 2014 en contra, el propio consistorio autoriza un año tras otro las tradicionales explosiones de las grandes mascletás junto al monumento.

Los delicados caballos, casi centenarios, de la fuente de Bañuls que simbolizan la unión entre lo cercano y lo lejano, entre el cielo y la tierra, entre el pasado y el futuro, entre las generaciones que los disfrutan, las que los disfrutaron y las que lo que los disfrutarán, presentan un estado lamentable debido a las explosiones provocadas para el disfrute de miles de espectadores.

Un grupo humano que no respeta el legado de sus mayores, por respeto a sus descendientes, constituye un ente destinado a desaparecer, sin huella y sin identidad; no puede constituir ni la caricatura de un pueblo; tan solo constituye una agrupación humana pasajera y fútil.

En cuanto a los daños causados a los caballos de Bañuls, hay cuatro tipos de responsables: Tres de ellos se esconden tras las instituciones y son: los autores, los cómplices y los encubridores. El cuarto responsable es el constituido por la agrupación de miles de personas que aplauden enardecidos las explosiones que los destruyen y además hacen de este hecho una tradición, para vergüenza de sus descendientes.

Un espectáculo dramático que incita a una serena y profunda reflexión.