OTEGI Y SU DERECHO A ASESINAR.

El triunfo de la Muerte (h. 1562) Pieter Brueghel el Viejo (1525-1569) Renacimiento. Museo del Prado. Madrid.

El triunfo de la Muerte (h. 1562) Pieter Brueghel el Viejo (1525-1569) Renacimiento. Museo del Prado. Madrid.

 No me imagino en televisión española a un individuo que se proclame nazi, pidiendo disculpas en el caso de que los nazis, hubieren causado a sus víctimas más dolor del necesario o del que tenían derecho a infringir.

No me imagino a un líder de ISIS, en el telediario de TVE, disculpándose por si su organización hubiere causado más daño del necesario a sus víctimas.

No me imagino a un dirigente de Al Qaeda diciendo pido perdón por si hubiera infligido más daño del que tenían derecho a hacer.

De tales declaraciones se desprende que los nazis, ISIS o Al Qaeda, se creen con derecho a matar a cierto sector de la población, además ejercen ese derecho y la televisión pública les presta sus micrófonos para que lo proclamen e inciten a sus seguidores a ejercer ese derecho.

Exactamente esas fueron las palabras de Otegi ante las cámaras de la televisión estatal: hablando en nombre de ETA, dijo sentir de corazón, “si  habíamos generado más dolor a las víctimas del necesario o del que teníamos derecho a hacer".

Los asesinatos de ETA, son según Otegi, una necesidad y además un derecho.  Proclama el derecho a matar por razones de nacionalidad. Ese derecho se corresponde con el deber de morir de sus víctimas.

El artículo 510 del Código Penal, castiga este tipo de proclamas, como un delito de odio. Pero para aplicarlo, es preciso que alguien acuse. Quien tiene la obligación de hacerlo es el Ministerio Fiscal o la Abogacía del Estado, que actuarían de inmediato, si hubiera a su cargo personas diligentes y honestas que defiendan el instrumento que los ciudadanos tienen para defenderse: la ley.

Si otro dirigente político hubiera proclamado el derecho y la necesidad, no ya de asesinar, sino de hacer daño  a un sector de la población por razones nacionales, -por ejemplo a los independentistas,  inmediatamente -y con justicia-, se abría alzado la Fiscalía y se hubiera abierto un procedimiento penal para erradicar de raíz tal despropósito.  Pero eso no ocurrirá con Otegi.

El Estado español, apoya a Otegi, y a su organización. Muchos murieron por defender, precisamente, al Estado que hoy presta a este hombre de paz sus medios de comunicación, da voz a los asesinos que representa, arropan y negocia con él cambalaches de investiduras y mamandurrias propias de politicastros de medio pelo, y lo acoge como un imbécil acoge y calienta en su regazo a una serpiente débil y enferma. Total, los que tienen el deber de morir, según Otegi, son otros. Que hoy voten la investidura y que mañana otros paguen el precio.

La corrupción intelectual y moral del Estado Español, no ha tocado fondo porque nadie se opone a ella. Sigan atentos a sus pantallas.