Bloque "progresista” Bloque "nacional”. Estamos ante el “rizar el rizo” del Estado de partidos.

Benito Mussolini dando un discurso cerca del Arco de Constantino el Grande. Milán.

Benito Mussolini dando un discurso cerca del Arco de Constantino el Grande. Milán.

El partido único surgió en los fascismos del siglo XIX, Mussolini en 1927 pronunció en la Scala de Milán su famoso principio:  “Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado”. Este principio tiene su desarrollo en los sistemas proporcionales surgidos después de la II Guerra Mundial, en los que se reimplanta la versión que existía de este sistema político en Italia en 1919 que otorgó el poder a Hitler y a Mussolini.  Aquí se plantea la eterna disyuntiva: se puede o no se puede, cambiar un sistema desde dentro si profundizamos un poco, vemos en los hechos y en el curso de la historia, vemos que nunca se ha podido cambiar desde dentro un sistema para transformarlo en una democracia representativa.

 

Hay multitud de estudios de política comparada que demuestran que solo hay rupturas con el sistema político anterior cuando hay revolución política (provocada por las élites, desde arriba) y social. Cuando se provoca solo desde una parte de la élite política, solo hay reformas, acordémonos de la famosa frase de Maura para evitar que hubiese una revolución por parte de la sociedad que les hiciese tambalear su “Restauración” para regenerar las instituciones, el mejor sistema era la revolución desde arriba.

 

Barrintong Moore[*] nos dice que solo ha habido democracia en países donde ha habido  ruptura con el régimen anterior  y por lo tanto revoluciones que parten de las dos partes élite y pueblo, como es el caso de la revolución inglesa (1688), americana (1776) y francesa (1789).

 

En el desarrollo de las democracias de partido de la Europa continental, observamos que a pesar de la incorporación español al sistema proporcional imperante en Europa, la más tardía (1978), los niveles de permeabilidad social de la socialdemocracia han calado más rápido, debido a ese afán y complejo de querer ser “muy demócratas” o tan “demócratas” como sus países vecinos.

 

En el caso de España se ha utilizado para esa democratización o simulacro de democracia, la Ley del Péndulo como decia Trevijano, reformando el franquismo y sirviéndose de sus estructuras para hacer nacer desde dentro el nuevo régimen. Reforma versus ruptura.

 

 Se ha vaciado de contenido ideológico a la sociedad, anestesiándola con el Estado del Bienestar, todo lo que esté fuera de este discurso nos lleva al pasado, al Fascismo. Con el discurso de justicia social, del estado de derecho, de la democracia avanzada o consolidada o el discurso de que queremos que los ricos paguen impuestos, se produce una manipulación torticera de la opinión pública, mediante la apariencia, o como decía el maestro mediante “el como sí" a un estado fiscalizador de todos los ámbitos imaginables, social, político o privado. Hoy en día se legisla sobre todo, y todos estamos llegando a un punto de intromisión tal que no va quedar nada de esas libertades individuales que según los partidócratas llegaron con la Transición y la Democracia que nos dimos. Podemos ver la potencia de los medios de comunicación (versión mejorada de Goebbels) en la que nada es al azar, cualquier programa de TV o radio en clave de humor, magazines,etc..., periodistas,  humoristas,  actores con aspecto, hindie, pijo-progre o rockero inyectan sus píldoras o mensajes subliminares por los que dejan constancia de que todo el que se salga del lenguaje políticamente correcto es fascista o de derechas y por lo tanto malo, muy malo para la democracia. Con la apariencia de pluralidad informativa se esconde el pensamiento único.

 

Siguiendo al hilo del principio: hemos pasado del bipartidismo imperfecto en el que se necesitaba un partido nacionalista bisagra para formar gobierno, a una época de confusión con el surgimiento de nuevos partidos. Esto es debido a que el sistema de partidos empieza a resquebrajarse; cuando el brochazo de pintura o reforma que hicieron al edificio del sistema político franquista, empieza a mostrar grietas, lo pintan de nuevo pero la enfermedad sigue ahí, nos adentramos en una etapa más del sistema de partidos.

Toda impresión sobre estos hechos, puede variar ya que no tenemos la perspectiva del tiempo necesaria para examinar todo un régimen y poner las etapas en su justo lugar, a la vez que se analizan todos los hechos, estructuras y actores que participan.

 

¿Pero a dónde nos lleva todo esto? Al principio de esta historia (esta etapa si es novedosa y necesitaremos perspectiva para analizarla correctamente en su conjunto), volvemos al partido único, no en la forma, pero sí en el fondo, y observamos que esa apariencia de competición del bipartidismo se está diluyendo, está desapareciendo, los partidos ya no quieren ganar las elecciones, quieren que gane el bloque donde están posicionados ideológicamente (según ellos, claro está) izquierda-derecha, da igual el resultado pues ganan aún perdiéndolas, hemos visto el caso andaluz cómo se celebraba una victoria aun perdiendo un tercio de sus votos.

Factor clave es la connivencia de los medios de comunicación dependiendo, del espectro izquierda-derecha al que sean afines, realizando campañas mediante cálculos y lucubraciones…, y atendiendo a la amenaza de que “vienen los malos” piden a un lado y a otro unirse para pedir el voto por bloque.

 

 Esta etapa es a mi modo de ver la última de este estadio, el período de tiempo que dure, sea corto o largo, es impreciso, porque el comportamiento humano y las reacciones no se pueden predecir debido a que de un suceso disruptor  puede depender su fin.

 

Hemos pasado del bipartidismo al partido-bloque en el que su radiografía interna y externa ya no se ocultan, es la negociación de listas.

 

 La escenificación del voto está dejando hacer su labor de pantomima "democrática", ya sin disimulo se intercambian listas, sillas, candidatos, todo esto ajeno al interés general o nacional, es la ley de la selva partidocrata que lucha por su supervivencia.

 

 Estamos en la Restauración 4.0 en la que dos bloques negociarán su alternancia en el poder, pero recordemos nada es eterno, y los regímenes no se salvan del paso del tiempo.

 

Esto último está en manos del súbdito español o apostar por las reformas o por la ruptura democrática para ser ciudadano.

 

[*] “ Los Origenes de la Dictadura y la Democracia. El Señor y el Campesino en la formación del mundo moderno”.