EL NUEVO INTERNET EUROPEO I

“The Burnig de las Cámaras de los Lores y los Comunes. (16 octubre 1834), en la Real Academia Cleveland Museum of Art. Ohio. Estados Unidos . Joseph Mallord William Turner (1775- 1851) Romanticismo.

“The Burnig de las Cámaras de los Lores y los Comunes. (16 octubre 1834), en la Real Academia Cleveland Museum of Art. Ohio. Estados Unidos . Joseph Mallord William Turner (1775- 1851) Romanticismo.

Recientemente ha sido aprobada en el Parlamento Europeo una polémica Directiva sobre “derechos de autor en el mercado único digital”, que se ha anunciado al público como la base de un nuevo modelo de internet en Europa. Esta Directiva comenzaba su andadura como una “propuesta” por parte de la Comisión Europea, en septiembre de 2016, que era finalmente aprobada por el Parlamento Europeo, el pasado 26 de marzo de 2019.

Nuestra SGAE celebraba este hecho como un “avance histórico para la protección de los derechos de autor en el ámbito digital”. En concreto, la famosa y polémica sociedad de gestión española afirmaba en un comunicado que “con la aprobación de esta Directiva se abren las puertas a un mejor futuro para los creadores y se pone en valor su aportación imprescindible en el entorno digital”. Además, se afirmaba que era esencial para “el progreso de la creación autoral”, ya que gracias a ella, “los autores recibirán una compensación proporcional por los contenidos que ofrecen a las plataformas digitales”.

¿Qué hay de cierto en todo ello? Vamos a analizarlo detenidamente en una serie de artículos, teniendo en cuenta la importancia que ha adquirido en nuestras vidas internet, e intentaremos averiguar cuánto hay de cierto en todas las afirmaciones que se han vertido a propósito de esta controvertida Directiva.

El punto de partida lo encontramos en las “Motivaciones y objetivos de la propuesta”, expresados en su “Exposición de motivos”, donde se menciona que es necesario “lograr un justo equilibrio entre los derechos e intereses de los autores y otros titulares de derechos, por una parte, y los usuarios, por otra”. Como vemos, el punto de partida de esta importantísima Directiva es un supuesto desequilibrio entre dos opuestos, que hay que equilibrar, como no,  con una ley hecha por los de siempre: los políticos.

Llama poderosamente la atención que se hable de “los autores y otros titulares de derechos: ¿quiénes serán esos “otros titulares de derechos”? Tal y como queda expresado en el texto, con un lenguaje caracterizado por una ambigüedad calculada, da la impresión de que se trata de un colectivo poco homogéneo y marginal. Sin embargo, nada más lejos de la realidad ya que cuando se dice “otros titulares de derechos” se está haciendo referencia de un modo velado a las empresas editoriales, y más concretamente, a las editoriales multinacionales, que son los actores principales de este sector.

Recordemos o sepamos qué son las editoriales: se trata de empresas cesionarias de derechos de explotación de obras artísticas o literarias, es decir, empresas a quienes los autores ceden sus derechos (en un determinado porcentaje) para hacer una explotación económica más eficiente de las mismas. Por ello, las empresas editoriales son, principalmente, tenedores de activos, es decir, tenedores de “derechos a cobro”. Sobra decir que las editoriales multinacionales son los protagonistas del sector, con grandes intereses económicos por medio, dado que manejan enormes carteras de activos en forma de derechos de autor. Del mismo modo, estas mismas editoriales multinacionales son los verdaderos protagonistas de esta Directiva europea, aún sin ser citados explícitamente en ningún momento.

Observe el lector de este artículo cómo los intereses de las empresas editoriales, especialmente si se trata de multinacionales, quedan siempre enmascarados tras un falso altruismo, ocultos tras la imagen compasiva de “los autores” o “los creadores de contenidos”. A esta confusión se suma la SGAE, que recordemos se trata de la Sociedad General de Autores y Editores (y no como algunos se creen, la Sociedad General de Autores de España). Lo hace con declaraciones como las expuestas al principio de este artículo, en las que se habla de “un mejor futuro para los creadores” o de poner en valor “su aportación imprescindible en el entorno digital”. Se afirma también que “los autores recibirán una compensación proporcional por los contenidos que ofrecen a las plataformas digitales”, pero la SGAE no cita, en ningún momento, a los editores y sus intereses, a lo que también representa.

Se trata de utilizar la figura de “los autores” o “los creadores” como cortina de humo detrás de la que ocultar determinados intereses, para distraer la atención del público de donde realmente está el quid de la cuestión. Y lo hace también para ocultar su verdadera naturaleza, ya que la SGAE es ni más ni menos que el órgano de cobro de los editores (además de los autores). Quizá por eso la sociedad de gestión hispana está tan contenta con esta Directiva, aunque lo disimule con alusiones buenistas” hacia los autores y creadores. Y eso es, precisamente, lo que convierte a la SGAE en un polvorín permanente… es la confrontación de unos intereses tan distintos -y en ocasiones contrapuestos- dentro de una misma entidad: los intereses de los autores y de los editores.

Es sonrojante que en la “Exposición de motivos” de esta importantísima Directiva se oculten deliberadamente los intereses (en algunos casos inconfesables) de las empresas editoriales (especialmente las multinacionales) no citándolas en ningún momento e intentando desviar la atención con figuras retóricas como la del “equilibrio frente al caos”. Se justifica esta Directiva contraponiendo los supuestos intereses, por un lado, de los usuarios de internet, y por el otro, de los autores (y “otros titulares de derechos”). Se trata en todo caso de un argumento inaceptable ya que parte de una distinción artificial entre dos polos imaginarios, ya que usuarios de internet somos todos, la sociedad en su conjunto, autores y creadores de contenidos incluidos. La verdadera lucha, como bien saben en la SGAE, está entre los autores/creadores por un lado y las empresas editoriales por el otro: decir lo contrario es lo mismo que defender que los intereses de los trabajadores de una empresa son los mismos que los del empresario.  

 ¡Ah,  por cierto! ¿Hay alguien que se pueda creer eso de que  “los autores recibirán una compensación proporcional por los contenidos que ofrecen a las plataformas digitales”, tal y como afirma la presidenta de la SGAE, doña Pilar Jurado? Si hay algo que el lector puede tener seguro es que a los autores, como siempre, les dejarán las migajas los grandes del sector, que son las editoriales multinacionales, y que son los principales beneficiarios de la Directiva aprobada el pasado 26 de marzo de 2019.