Las deudas millonarias a Rusia y China mantienen a Maduro.

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Venezuela se encuentra en medio de una guerra de poder del máximo nivel, y ello puede representar serios perjuicios económicos a sus don grandes aliados: Rusia y China. Beijing y Moscú han ayudado a evitar el colapso total del país con grandes y repetidos préstamos de decenas de miles de millones de dólares, la mayoría a través de swaps petróleo por deuda. La eventual toma del poder por Guaidó pone en riesgo cierto la devolución de los mismos.

La deuda exterior de Venezuela asciende a unos 100.000 millones de dólares, la mayor parte de los cuales los debe a Rusia y China, pero también a España través de empresas españolas trabajando allí, fundamentalmente Repsol que ya he tenido que provisionar 1.800 millones aunque la deuda es mucho más. Pero la producción de petróleo se ha desplomado y era antes de que Guaidó se declarara presidente interino la tercera parte que con Chávez, y hoy con las sanciones de EEUU ni la décima parte, y ocurre que el petróleo representa el 98% de las divisas de Venezuela.

Venezuela debe a Beijing 20.000 millones y a la petrolera estatal rusa Rosneft 2.300 millones sin incluir intereses, y la gran cuestión es si esas deudas válidas para Maduro serán válidas también para Guaidó. De momento Guaidó solo ha garantizado las deudas con China, que es el principal mercado para Venezuela, pero si fallan en la devolución la credibilidad financiera de un eventual régimen de Guaidó, se desplomaría. Pero esa promesa a China Guaidó no la hace extensiva a Rusia, a quien no solo le debe dinero, es que tiene además enormes concesiones petroleras y mineras en Venezuela.

Sin embargo si Guaidó no garantiza la devolución de la deuda a Rusia, esta podrá ir contra el mayor activo de Venezuela en el exterior: la gigantesca compañía CITGO que tiene tres refinerías en EEUU y mas de 5.000 gasolineras. En 2016, Maduro para garantizar nuevos préstamos dio a Rosneft, un 49,9 % de participación en CITGO como garantía. Algo que pone en evidencia la desastrosa gestión de Repsol por los separatistas vascos y catalanes, que teniendo una deuda superior a la de Rosneft, carece de garantías de la importancia y del valor de los activos pignorados por la petrolera rusa.

Si Guaidó toma el control del gobierno, nadie podrá recuperar sus deudas de inmediato. El FMI tendrá que tomar las riendas en lo que sería la mayor y más compleja restructuración de deuda soberana de la historia. La buena noticia para Venezuela son sus reservas de crudo que ascienden a 350.000 millones de barriles, aparte de minas  de oro, hierro y otros recursos. Será una enorme crisis de liquidez, pero no de solvencia.

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En línea con esta situación, Repsol es la empresa española con más exposición a Venezuela, y acumulaba el año pasado una deuda de 2.200 millones de euros. El tirano Maduro ha devuelto parte de esta deuda en especie, con seis barcos de petróleo pero sin autorización ni de Guaidó ni de la Asamblea Nacional, lo que ha causado una profunda irritación de los mismos contra Repsol, aunque nada parecido al conocerse que los separatistas vascos y catalanes que controlan la empresa, están vendiendo gasolina a Maduro, por los tanques y los vehículos policiales con los que esta masacrando al pueblo venezolano. Santiago Contreras, un periodista venezolano exilado en Madrid y que forma parte de la ejecutiva del partido de Guaidó, y el ex alcalde de Caracas Antonio Ledezma, unos de los pocos políticos venezolanos presidenciables,  acusaron el jueves al Repsol de traición, y de estar vulnerando de plano el reconocimiento de Guaidó por el traidor Sánchez, “¿cómo es posible que Sánchez permita a Repsol la venta de gasolina al usurpador Maduro, que es esencial para mantenerse en el poder y para la represión al pueblo venezolano?, exigimos el cese inmediato de estas ventas o Repsol pagará muy cara esta felonía”.