Claves de la Transición VI

El Rey del Estado: El Gobierno de Arias, de noviembre de 1975 a julio de 1976. (I)

Si bien es cierto que, a la hora de hacer un análisis histórico de la Transición Española, estamos ante un proceso histórico complejo que está más allá de la conciencia o la voluntad de las personas que lo vivieron, también es cierto que siempre hay determinados sujetos operatorios a través de los cuáles éste se desarrolló.

Torcuato Fernández Miranda.

Torcuato Fernández Miranda.

Es por ello que a través de su estudio se puede plantear una interpretación que permita dar cuenta de lo sucedido. Dicho esto, si abordamos el estudio de la Transición Española, hay que señalar que el principal arquitecto político de la estrategia reformista del Franquismo fue obra de Torcuato Fernández Miranda, padre de la Ley para la Reforma Política.

La L.R.P. fue una lleva fundamental para el éxito de la transformación que el Juan Carlos I, como motor político, llevó a cabo en la dictadura que había heredado de Franco. Para la aplicación de su proyecto de ley, era necesario controlar una serie de instituciones clave del Régimen para, finalmente, controlar también la del Gobierno, que en el comienzo del reinado de Juan Carlos estaban en manos de los sectores inmovilistas. Teniendo en cuenta esta situación, se requería para todo ello un meticuloso proceso de toma de posiciones para dominar eficazmente el aparato estatal.

Tras la muerte de Franco, el primer reto de Juan Carlos I es el de revertir la fuerte crisis de Estado existente, que le situaba en una situación tan precaria que el grueso de la oposición recibió su coronación con un fuerte rechazo. Especialmente se destacaba el PCE, poniéndole Carrillo el sobrenombre de Juan Carlos I “el Breve”. Así pues, en esta primera fase el Rey tendrá que garantizar la consolidación de su nueva posición, tanto dentro como fuera del Régimen.

Juan Carlos I, Franco y Arias Navarro.

Juan Carlos I, Franco y Arias Navarro.

Para el primer Gobierno de la monarquía y de la Transición, el de Carlos Arias heredado de Franco, fueron tiempos complicados en los que había que lidiar con una enorme presión política y social presente tanto en las calles como en las fábricas, siendo un momento de bonanza para una oposición que aún apostaba fuerte por la estrategia rupturista. Ver [1].

En palabras del profesor Vidal Beyneto, por aquel entonces presidente de la Junta Democrática de Madrid, sólo con la Junta ya se contaban más de quinientas organizaciones democráticas activas que, a pesar de la gran represión policial y jurídica, protagonizaron una inmensa cantidad de paros, sentadas, publicaciones clandestinas, asambleas… Todo un conjunto de acciones políticas cívicas que, de hecho, constituyeron uno de los mayores acontecimientos de contestación política pacífica a un régimen en la segunda mitad del siglo XX. Ver [2].

La oposición antifranquista presionaba argumentando que la institución monárquica instaurada a la muerte de Franco carecía de una legitimidad democrática, teniendo sólo la legitimidad legal en tanto que sucesor del dictador. Dado que además le faltaba también la legitimidad dinástica, que su padre el Conde Don Juan por el momento le negaba, Juan Carlos I era consciente de que si no conseguía consolidar un régimen de mayores libertades individuales su monarquía no perduraría.

Esta situación política sólo pudo empezar a ser contenida con el compromiso del Rey, público y explícito, de instaurar una democracia con su reforma, sirviendo como fundamento legitimista con éxito. Comenzó así a ser notoria una nueva etapa aperturista con prudentes reformas graduales, presentadas como parte de un proceso para transformar el régimen franquista en un régimen monárquico y democrático. Ver [3]. Para ello, el primer paso a dar era consolidar su posición como Jefe del Estado y así manejar al Franquismo hacia su reforma, evitando las maniobras obstruccionistas de los intransigentes de ambos bandos que aún podían perjudicarle. Ver [4].

Mientras que por un lado tenía que ser lo suficientemente cerrado como para no generar reacción a su derecha, por el otro lado debía ser lo suficientemente abierto como para no ser rechazado por su izquierda. Esto se traducía en que, mientras hubiera un excesivo control político sobre él desde el Gobierno, el Consejo del Reino, las Cortes franquistas u otras instituciones clave del Franquismo, no podía actuar abiertamente contra las leyes fundamentales que tan recientemente había jurado defender.

En los primeros momentos apenas cuenta con el apoyo del fiel ejército y del importantísimo apoyo de la Iglesia, que con generosidad le da un voto de confianza con doble filo. Necesita atraerse para sobrevivir a una izquierda que en principio reniega de él, pero no puede hacerlo mientras una derecha continuista y suspicaz le controle y sea su único sustento.

Juan Carlos I, dircurso en EEUU, 1976.

Juan Carlos I, dircurso en EEUU, 1976.

Debido a esto es que de cara a la opinión pública nacional se muestra más equilibrado y prudente mientras que de cara a la internacional expone sus intenciones con mensajes más claros, comprometiéndose con una reforma democrática y consiguiendo el valiosísimo apoyo por parte principalmente de Estados Unidos, la Alemania Federal, Francia y el Reino Unido. Ver [5].

Para estar a la altura de los compromisos verbales y democráticos que lo sostienen se comienza a tolerar, con la excepción de las fuerzas consideradas de extrema izquierda violenta o totalitaria como los comunistas, la existencia de disidentes políticos pacíficos y una mayor libertad de prensa. Ver [6]. Pero el gobierno de Arias, un hombre honesto y fiel a Franco y a su juramento de los principios fundamentales del Régimen, es presa fácil ante la presión de los sectores más continuistas del búnker con personajes como Girón a la cabeza.

El Rey finalmente fue obstruido en estos primeros momentos por el búnker, que había conseguido finalmente frenar y hundir los impulsos reformistas del Gobierno Arias. El devenir del terrorismo y de la revolución portuguesa habían potenciado el giro reaccionario del Régimen y, por otra parte, así era imposible tener éxito ante la izquierda dado que ni ofrecía ruptura con un proceso constituyente libre, ni reforma con un proceso constituyente controlado y ni siquiera unas atractivas condiciones de legalización para los partidos.

En los primeros momentos tras la sucesión, y para evitar esas maniobras continuistas del propio Régimen, el estratega político del Rey, Torcuato Fernández Miranda, continuó su plan consiguiendo ser elegido como presidente de las Cortes del Reino, cargo al que acompañaba la presidencia del Consejo del Reino. Irónicamente, el apoyo del Gobierno Arias para la designación de Torcuato fue determinante, y probablemente de haber sido más consciente Arias de la enorme trascendencia de ese hecho en lo sucesivo no lo hubiera apoyado.

Si bien el Rey aún no tenía el control absoluto del Estado esas posiciones eran fundamentales, permitiendo una progresiva toma de control para el momento oportuno. Eran piezas claves en la jugada hacia la conquista de un Gobierno manejable, requisito esencial para la siguiente fase del desarrollo de la Ley para la Reforma Política, el verdadero motor jurídico del cambio tras el cual el rey quedaba liberado de andamiajes franquistas.

REFERENCIAS

  1. “La “Platajunta” denuncia la ley de Asociaciones”, El País (26 de junio de 1976).

  2. VIDAL-BEYNETO, José: Memoria democrática…, Pp. 106-107.

  3. En lo que respecta a la actitud del Rey cabe añadir que “(…) se trataba de una respuesta mesurada a los rupturistas de la doble plataforma (la “Platajunta”): Estamos de acuerdo, pero no rompáis la baraja. Dejadme hacer a mí”. En TUSELL, Javier; SOTO, Álvaro (eds.): La historia de la Transición… Pp. 155.

  4. A su muerte, el príncipe Juan Carlos debía sucederle a título de Rey en la jefatura de Estado, con más poder que cualquier monarca parlamentario, pero todavía sometido a la tutela de varias instituciones. Ejemplo de éstas era el Consejo del Reino, en el que estaba atrincherada la aristocracia del franquismo más radical. En consecuencia, era de suponer que el rey Juan Carlos tendría solo una capacidad limitada para impulsar una transformación de antiguo régimen”. FÉLIZ TEZANOS, José; COTARELO, Ramón; DE BLAS, Andrés: La Transición Democrática..., p. 198.

  5. POWELL, Charles: El piloto del cambio…, Pp. 115-126.

  6. Esa tolerancia se explica en buena medida porque “(…) el período entre 1965 y 1975 se caracterizó por una erosión progresiva de la capacidad represora del régimen, una disminución constante de su apoyo social y un creciente deterioro de su cohesión interna”. FÉLIZ TEZANOS, José; COTARELO, Ramón; DE BLAS, Andrés: La Transición Democrática..., p. 192.