Maquiavelo y el poder constituyente IV

IV. La vía del uno: El Príncipe

Si referíamos supra el tránsito maquiaveliano desde la forma de gobierno polibianas hasta la reflexión acerca de las fuentes de dichos ordenamientos (a saber, ya sea la República o el Príncipe), lo cierto es que con la paralización de la redacción de los Discorsi se ha interrumpido la vía de la república en cuanto fuente de ordenamiento (potencia constituyente)  de las formas de gobierno. En este punto, Maquiavelo desplaza su interés en lo que a dicha fuente de ordenamiento respecta desde la República hasta el Príncipe.

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No obstante, ya en el capítulo noveno del primer libro de los Discorsi, sobre la base de que el mejor modelo de organización política, esto es, el paragima, era la república romana, Maquiavelo se planteaba la posibilidad de omitir la lucha de clases en cuanto mediación para alcanzar dicha organización política en la figura del príncipe: “atajar el combate, suplirlo con la razón es el sueño del príncipe”.[1] En efecto, el príncipe posee la capacidad de realizar el paradigma sin recurrir a ordenamiento antiguos (ordini vecchi) por lo que encarna una auténtica ruptura, una vía extraordinaria al margen del sentido común. [2] Se trata del essere solo o soledad del príncipe [3], que constituye la autoridad (autorità) que trasciende el ordenamiento jurídico existente. Conclúyase pues que “es preciso que sea uno solo el que organice de nuevo una república o el que la reforme totalmente, sin tener en cuenta los usos antiguos”. [4] No obstante, el propio Maquiavelo señalaba a continuación que si bien uno es apto para organizar, no conviniendo que sean muchos los encargados de ese proceso, no es, empero, menos cierto que “no durará mucho la cosa organizada si se coloca sobre las espaldas de uno solo, y sí lo hará si reposa sobre las espaldas de muchos y son muchos los que se preocupan de mantenerla”. [5] Sustento maquiaveliano de la tesis inicialmente expuesta: república cuando sea posible, monarquía en caso de necesidad. Necesidad que no supieron advertir Althusser ni Rousseau cuya exégesis republicana de Maquiavelo, pretendido desenmascaramiento del maquiavelismo anterior resulta ser, al fin, otra maschera nobile del maquiavelismo: indulto para Rómulo, pues aun cuando le acusen los hechos, es también claro que le excusan los resultados.

He aquí el drama político de Maquiavelo: “¿Es posible que un ordenamiento mixto y ampliable sea producto de un uno excepcional? ¿Puede uno (trascendente) suplir al tumulto (inmanente)?”. [6] Al principio del presente ensayo se planteaba la aparente contradicción de dicho planteamiento político y la necesidad de comprenderlo en cuanto disyunción inclusiva, cuyo despliegue se manifiesta progresivamente en la obra del realista político florentino. En efecto, aun cuando su fin (república caracterizada por un ordenamiento jurídico mixto y ampliable) permanezca, no lo hacen así los medios para alcanzarlo, pues la admiración maquiaveliana por la república se muestra asimismo capaz de hospedar una Realpolitik que permite a Maquiavelo admitir tanto la existencia del camino posible, común y tumultuario de la república à la Romaine, como el camino inmediato del Príncipe, la vía del uno. [7] De hecho, este realismo político que atraviesa la obra del secretario florentino se debe en gran parte, como ya ha sido comentado, a la situación histórica de una Florencia que había visto como la revuelta de los Ciompi culminaba en exilios y ejecuciones. Consciente, pues, de que en ese momento histórico no era posible en Florencia que el pueblo ejerciese su poder, al modo en que sí era posible en los tumultos de la república romana, Maquiavelo se ve acuciado por el propio contexto histórico a postular la vía del príncipe.

Toda vez que hemos respondido al por qué de El Príncipe, la cuestión que surge en este punto no puede por menos que ser la siguiente: ¿Qué novedades introduce Maquiavelo en El Príncipe con relación a la problemática del poder constituyente?, lo cual es tanto como plantear la cuestión de cuáles son aquellos rendimientos teóricos que podemos extraer de la lectura de El Príncipe y que nos permiten afrontar no una perspectiva sólidamente renovada, la cuestión de la posibilidad de establecer una ontología  de corte republicano en la segunda parte de los Discorsi. Veamos cuál es la perspectiva de Negri y, a continuación, analicémosla desde un punto de vista crítico.

   En primer lugar, cabe señalar cuál sea el objeto de atención de Maquiavelo en la redacción de esta obra. En efecto, Maquiavelo emprende en 1513 la redacción de su De Principatibus, donde su ocupa, como su propio nombre indica, del “Principado”, el cual, como se ha señalado supra no es lo contrario de ocuparse “de las Repúblicas”, sino que traduce la relación entre potencia y poder. En definitiva, lo que supone la interrupción de los Discorsi y el subsiguiente inicio de De principatibus , es el privilegio, por parte de Maquiavelo, del análisis de la condición, del Grund, frente al de la libertad y la expresión. El principado es el principio de poder, la potencia en acto, y su operación en este punto, es pura metafísica o en términos negrianos principio de la superdeterminación de la mutación [9].  El príncipe, pues, como representación de un nuevo paradigma, un modelo ontológico distinto. Maquiavelo, según Negri, habría interrumpido los Discorsi e iniciado la redacción del opúsculo De Principatibus sobre la base de la mutación de la política mundial y el dislocamiento del destino de Italia, con motivo  tanto de la desesperación personal como de la intuición metafísica de la radicalidad del fundamento, los cuales le conducen a la definición misma de la potencia.

No obstante, a Maquiavelo sólo le interesan los principados nuevos que se proveen de armas y virtud, el principado en cuanto principio constituyente, como explica en los once primeros capítulos de El Príncipe. Tanto la producción ontológica como la superabundancia ética atravesarían la acción del príncipe nuevo. Además, a la producción de la virtud se le opone el producto de la fortuna, a la fuerza constituyente, la constituida. Maquiavelo mostraría, pues, una formidable potencia constitutiva capaz de sobredeterminar el tiempo y producir una nueva realidad ontológica.

A continuación podemos discernir un segundo grupo de capítulos de El Príncipe (XII-XIV) en los que el secretario florentino aborda la problemática vinculada al desarrollo de la potencia radical y a la posterior garantización de las condiciones de su fuerza de aplicación. En ellos se estudiará, asimismo, la relación existente entre la virtud constitutiva y su armamento. Así, las armas son la dinámica de la constitución del principado, instrumento del poder constituyente, en la medida en que organizan la ciudad y disponen a al virtud. Así pues, dado que la virtud es un principio absoluto, las armas constituyen la figura absoluta del mismo. Debemos advertir en Maquiavelo, exhorta Negri, la intención de asumir la historia desde la perspectiva genealógica, constituiva constantemente sobredeteminada (esto es, sometida a causalidad múltiple) a través del dislocamiento sobrecargado de la potencia. Además, el poder constituyente discurre allende de todo límite, por cuanto se trata de una voluntad implacable. Así, llegamos al punto que nuclea, según Negri, El Príncipe, a saber: la necesaria tragedia del poder constituyente, en la que convergen la necesidad de las condiciones y la contingencia de la acción dando lugar a una irreductible complejidad. [9] El político se encuentra, respecto al ejercicio del poder, en un escenario atravesado por ecuaciones de infinitas variables. [10]

En efecto, la institución formal del poder, presenta ahora necesidad de un contenido de carácter absoluto y en este sentido, apunta Negri que “Los Discorsi no serán otra cosa, ahora y después, que la demostración de que el único contenido absoluto de la forma constituyente es el pueblo, de que la única constitución del príncipe es la democracia”. [11] Empréndese, en consecuencia, un camino hacia la institución popular.

La constitución mixta se diluye en pro de la potencia productiva de los principios y de los individuos, el gobierno es ya cuerpo combatiente. En definitiva, el abandono de la constitución mixta se produce simultáneamente a la emergencia del poder constituyente que contempla los tiempos de la historia como ocasión para la construcción y la creación.

A partir del movimiento conceptual efectuado por Maquiavelo en El Príncipe los Discorsi se recalifican, al tiempo que el diseño polibiano ha quedado definitivamente arrancado del tema que nos ocupa. Así, la concepción polibiana o cíclica de la historia carece en este punto de lugar alguno, pues la relación entre el principio y reforma es omnicomprensiva, al tiempo que la desunión entre clases, lejos de estimular el reequilibro de poderes, supone un motor de continua reapertura de la historia, en la que el proceso constitucional ha devenido un juego de sujetos productivos.

¿Cuáles son, sin embargo, los límites del análisis negriano? Según entiendo, aun cuando el intento negriano de abordar a Maquiavelo íntegramente desde un punto de vista materialista es ciertamente atractivo y abre nuevos caminos de gran interés, el autor italiano no consigue sin embargo, articular esta propuesta con la suficiente consistencia ontológico-política. Por ello, es menester reconocer en su teoría la existencia de múltiples deficiencias, las cuales, por cierto, no revisten precisamente de escasa importancia. Así, en primer lugar, Negri sostiene que el príncipe es multitud en cuanto sujeto constituyente. Temeraria afirmación la suya, máxime cuando Il Principe está repleto de todo un esbozo psicológico del príncipe entendido como sujeto único, de carne y hueso.

En segundo lugar ¿cuál es y cómo se supera aquel obstáculo que inhibe la potencia por parte del príncipe de crear una nueva realidad ontológica? Nada se nos dice cuando se apunta que aquella  extraordinaria potencia constitutiva introducida por el príncipe y que era capaz de sobredeterminar el tiempo y producir una nueva realidad ontológica “encuentra de cualquier modo siempre un obstáculo. Quien cree el obstáculo no se sabe. Maquiavelo no se plantea el problema: le basta con haber mostrado aquel formidable poder radical que inviste el mundo y lo construye de nuevo, como de la nada”. [12] ¿Nos basta, sin embargo, a nosotros, en cuanto lectores de Negri,  comprender que en El Príncipe se anuncia una instancia productiva que no alcanza, sin embargo, concreción, anunciador de una potencia libre capaz de generar las diversas formas de gobierno que, empero, choca frontalmente con las limitaciones del señalado principio ontológico y político constituyente?

En tercer lugar, Negri señala que por medio de Il Principe Maquiavelo introduce una consideración de la virtud específica en cuanto poder constituyente que permite entender al Príncipe como aquel que ha huido de la sobredeterminación (por utilizar la terminología negriana), diríase, la causalidad múltiple que en cambio si afectaba a los tumultos, según la propuesta esbozada en los primeros dieciocho libros de los Discorsi. ¿Hemos de entender por tanto, que el tumulto y, en consecuencia, la república en cuanto fuente de ordenamiento (poder constituyente) carece de toda virtud? ¿En qué medida no aparecería también en esta última la consideración de una multitud tumultuaria virtuosa en cuanto armada?

Por último, aun cuando aceptásemos que la noción de poder constituyente se establece a partir de la figura del príncipe, ¿cómo es posible que un príncipe que anhela la consecución de poder y el mantenimiento del mismo llegado el momento en el que deje de ser necesario, ceda el paso a la república? Y aun si fuese posible ¿cuál sería este momento?

Notas

[1] Fernández Vítores, R. Op.cit., p.51.

[2] “Debe tomarse como regla general que pocas veces, o nunca, sucede que una república o reino esté bien ordenada desde el principio, o reordenada de nuevo fuera de los usos antiguos, si no ha sido ordenada por una sola persona. De modo que es necesario que sea uno sólo aquél de cuyos métodos e inteligencia dependa la organización de la ciudad” [Discursos I, IX (p. 57)].

[3] “(…) para organizar una república es imprescindible estar solo en el poder” [Discursos I, X. (p. 59)].

[4] Discursos I, IX  (p.56).

[5] Discursos I, IX  (p. 57).

[6] Discursos I, VIII (p.53).

[7] Lo que en este punto hemos apuntado en cuanto deriva política realista maquiaveliana Fernández vítores lo ha entendido en el marco de una concepción utilitarista. Así parece señalarlo cuando afirma que “esta <<tensa>> revisión de los medios de realizar el paradigma, que es el único fin, se inscribe dentro de la general concepción <<utilitarista>> de Maquiavelo, cuyo adagio predilecto ha dado en ser: <<el fin justifica los medios>>” (Fernández Vítores, R. Op.cit., p. 51). Acaso esta interpretación deba entenderse como una particularización de la tesis propia de éste ensayo, a saber, la antedicha relación de la producción  maquiaveliana con la denominada Realpolitik.

[8] Negri, A. El poder constituyente: ensayo sobre las alternativas de la Modernidad. Madrid. Libertarias/Prodhufi. 1994. (p. 75).

[9] Ibíd., pp.81 y ss.

[10] Cf. Íbid., p.82.

[11] Íbid., p.95.

[12] Íbid., p. 85.

Carlos YebraMaquievelo, El principe