Maquiavelo y el poder constituyente VI

VI. Conclusión. Maquiavelo y sus máscaras.

Hemos analizado en este ensayo la figura de un Maquiavelo republicano que comienza intentando establecer en los primeros dieciocho capítulos de los Discorsi una ontología de corte republicano para fundar las formas de gobierno. Sin embargo, en virtud del realismo político que profesa el propio Maquiavelo y que se refleja en el análisis que de la necesidad de su tiempo lleva a cabo, advierte la necesidad de interrumpir esta vía tumultuaria y explorar, una nueva vía, a saber, la del príncipe en la obra que lleva el mismo nombre, la cual permite fundamentar (aunque de manera precaria, como hemos tenido oportunidad de entender) un poder constituyente a partir de una ausencia e causalidad múltiple, apoyado además por un nuevo concepto de virtud, lo que permitirá, a posteriori cuando Maquiavelo retome la redacción de los Discorsi, establecer la concepción de una multitud dotada de poder constituyente.

maquiavelo.jpg

Sin embargo, hemos analizado también las deficiencias de una explicación negriana postulada claramente ad hoc, especialmente problemática en lo que se refiere a los principios ontológicos que intenta extraer de El Príncipe. Y es que no perdamos de vista que la metástasis anegante del maquiavelismo  no precisa de ulteriores reproducciones, pues ya bastante ha sido desfigurado el rostro de Maquiavelo y enmascarada la ambigua sonrisa del secretario florentino (inmortalizada no sólo en el óleo de Santi di Tito que puede contemplarse en el Palazzio Vecchio de Florencia, sino también claro está, en la inescrutabilidad de su obra, quizá, aunque notable no tan exagerada como tienda a pensarse, toda vez que aceptemos la tensión inherente a la misma en lo relativo a las dos formas de fundación de los ordenamientos políticos) como para volver a olvidar que el mejor tributo posible que podemos dedicar a un gran autor es escribir desde su propia obra, como fin en sí mismo y no como apropiación: interpretar a Maquiavelo desde su propia obra o no interpretarlo (pues es claro que, como se ha tratado de poner de manifiesto, todavía restan apasionantes enigmas por resolver en la obra del secretario florentino) pero, sea como fuere, huir, a fin de cuentas, del maquiavelismo.

Por último,  respecto a la influencia de Maquiavelo en la actualidad, aun cuando podrían desarrollarse (como de hecho son desarrolladas) extensas propuestas en relación con el marxismo o el realismo político, por citar dos ejemplos bastante socorridos, basten en este ensayo con apuntar que la propuesta que Maquiavelo lega a la modernidad se basa en la ejemplificación de las dos líneas por las que discurren la ontología y la política modernas, a saber: o bien el fundamento trascendente de las formas de gobierno o bien un fundamento inmanente o inexistente de la realidad constituida, lo que es casi tanto como decir, el conflicto entre idealismo y materialismo. Negri planteará dicha tensión en términos de una modernidad (trascendente) y una antimodernidad inmanente o línea maldita ( Maquiavelo, Spinoza, Marx). Sin embargo, como señalaba el propio Foucault, todo discurso es polivalente, lo que equivale a señalar que la distinción negriana adolece de un cierto reduccionismo, aun cuando desde mi punto de vista, cabría conservar dicha distinción desde la perspectiva puramente formal, en la medida en que la misma es útil desde un punto de vista funcional, no es menos cierto, es preciso que la desechemos si la juzgamos desde el punto de vista de lo efectivo, pues, a mi juicio, es este reduccionismo, y no otra causa, el responsable de que Negri haya adoptado en su análisis de Maquiavelo, un punto de vista omniinmanentista, que, en cuanto tal, soslaya la complejidad de la tesis que a lo largo de este ensayo ha sido propósito sostener, a saber: que existe una tensión insoluble entre la fundación inmanente (tumulto) y la fundación trascendente (príncipe) de las formas de gobierno. Es precisamente éste último tipo de fundación el que, desde mi punto de vista, es enmascarado por Negri en su interpretación de Maquiavelo. Finaliza aquí la cartografía de mi propia máscara.

 

Bibliografía

-Althusser, L. Maquiavelo y nosotros. Madrid, Akal, 2004.

-Colli, G. Después de Nietzsche. Barcelona. Anagrama. 1978. (p.11).

-Fernandez Vítores, R. Maquiavelo: la política. Madrid. Libertarias/Prodhufi.

-Hardt, M; Negri, A. Imperio. Barcelona, Paidós, 2002.

 -Maquiavelo, N. Discursos sobre la primera década de Tito Livio. Madrid, Alianza, 2000.

-Maquiavelo, N. El príncipe. Madrid, Espasa, 1991.

-Negri, A. El poder constituyente: ensayo sobre las alternativas de la Modernidad. Madrid. Libertarias/Prodhufi. 1994.

-Sabine, G. Historia de la teoría política. México. F.C.E. 1992.

-Alejo, I.Si no calientan los infiernos…’, en Riff-Raff: revista de pensamiento y cultura. (2005), nº 27, pp.29-39.