Maquiavelo y el poder constituyente V

V. Regreso a los Discorsi ( y II).

En los capítulos XVI-XX del libro primero de los Discorsi se aborda la dictadura romana y se apunta hacia la desunión en cuanto proceso abierto y dinámico: “la desunión no puede ser pues sostenida y bloqueada en el equilibrio de la constitución mixta, debe más bien ser interpretada e innovada, continuamente, por un principio potente y dinámico”. [1] En este sentido, Maquiavelo establece que  la plebe es garantía de la libertad, de manera que, en lo que sigue, los Discorsi se transformarán en una apología del pueblo y harán de Maquiavelo un auténtico profeta de la democracia.

De este modo, en primer lugar, el estudio de la república se ubica en contra de la tiranía: para resistir la democracia debe ser fuerte o, en otras palabras, la democracia debe estar armada, siendo el pueblo mismo el principal adminículo de la república. En definitiva, en la república el pueblo es mantenido vivo y la constitución es respetada en la medida en que insta a la participación del pueblo y a su permanente renovación. Para ello, y por oposición al principado, la diferencia se ubica en el centro de la república en cuanto condición de libertad. Además, Maquiavelo señala que es necesario que la plebe esté unida para que sea valiente para, a continuación, volver a poner de manifiesto el carácter democrático de sus postulados, afirmando que “ la multitud es más sabia y más constante que un príncipe” [2] y que si se reflexiona sobre un príncipe y un pueblo obligados pro las leyes “se verá más virtud en el pueblo que en el príncipe” [3], al tiempo que si se piensa en una situación en la que ambos estén libres de dicha obligación,  “se encontrarán menos errores en el pueblo que en el príncipe, y además, sus errores serán más pequeños y tendrán mejores remedios”. [4]

El pueblo es capaz de armas y de victorias, el pueblo es poderoso. Así, el libro primero de los Discorsi finaliza con la reivindicación del gobierno de la multitud (una multitud dotada ya, por cierto, de poder constituyente), en suma, con la postulación de la democracia como la mejor forma de gobierno.

De este modo, señala Negri, mientras que en el libro primero hemos observado la definición que Maquiavelo lleva a cabo del sujeto en cuanto entidad colectiva ( plebe, multitud, pueblo) en este segundo libro, el sujeto deberá mostrase, en cuanto potencia, como base dinámica de la producción histórica. Así, Maquiavelo aborda los temas del bien común y la religión, en cuanto virtud o actividad colectiva y poderosa. El secretario florentino aspira a demostrar, en este punto de qué modo son superados los obstáculos de la república y cómo puede ser reformada la dura efectividad, pues es preciso advertir que tanto la efectividad como la fortuna, contra las cuales lucha la virtud, pueden ser vencidas. De este modo la virtud, en cuanto trabajo vivo, aspira a destruir el poder constituido. En efecto, la virtud es siempre virtud de un sujeto colectivo, es su potencia misma y se organiza en cuanto efectividad como proyecto de una razón colectiva. Lucha de la virtud, proyecto de la potencia. Poder constituyente. De la “desunión” o posibilidad de la potencia en el libro I, hemos pasado a la “lucha” o actualidad de la potencia en el Libro II.

Hemos llegado así al Libro III, la última etapa de los Discorsi, que explicita la tesis que ya percibíamos, siquiera bajo una forma embrionaria, en los escritos inmediatamente anteriores, a saber: únicamente hay democracia allí donde hay poder constituyente.  La fuerza de la república se halla en su principio, en su acto constituyente, precisamente allí donde la virtud se ha hecho efectividad. Es así como se funda la república democrática o, si se prefiere, la forma constitucional de la multitud. Y es que sólo el gobierno de la multitud es capaz de llevar a cabo la acumulación de una virtud, que no pude sino vencer o fenecer: he ahí su dignidad. [5]

La última parte del Libro III de los Discorsi se basa en presentar los modos en que la virtud es capaz de reconstruir la ciudad: “cómo se ha de reunificar la ciudad dividida, y cómo es falsa la creencia de que para conservar una ciudad hay que mantenerla dividida”. [6] Conviene recordar ahora que aquellos capítulos a partir de los cuales se interrumpía la redacción de los Discorsi apuntaban ya al problema de la desunión democrática generada por la corrupción y la imposibilidad de mantener la república en las antedichas condiciones. Pues bien, en el Libro III de los Discorsi, Maquiavelo , considerando ya el mecanismo de la virtud transformado en Il Principe y reformado en los dos primeros libros de los Discorsi por medio de su fijación en cuanto principio constituyente presenta dicha virtud sobre éste terreno despejado. Se trata de la imagen de la república como síntesis “de lo múltiple y de lo uno, de fuerza armada hacia el exterior y de paz civil, de racionalidad como dominio del tiempo y de amor y pobreza como cupiditas civil que destruye la corrupción”. [7] Tan sólo el poder constituyente abierto y armado constituye la república. El poder es, en efecto, absoluto en la media en que se constituyente a partir de la multitud en acción: la constitución es, para Maquiavelo, el proceso revolucionario de la multitud y esto nos permite comprender la conclusión de Negri, a saber, que “la libertad puede permanecer abierta y constructiva, oponerse al dominio tiránico y a la corrupción, a la Iglesia y a la fortuna sólo si ella es el príncipe, es el poder constituyente en acción”. [8]

Notas

[1] Negri, A. El poder constituyente: ensayo sobre las alternativas de la Modernidad. Madrid. Libertarias/Prodhufi. 1994. (p. 97).

[2] Discursos I, LVIII (p.166).

[3] Discursos I, LVIII (p.171).

[4] Ídem.

[5] Se aborda así un principio de libertad concreta constituido a trasvés de las pasiones. En efecto, en la república hay siempre desunión y sobre ella se generan las pasiones, que, a su vez, engendran otras pasiones, por lo que, si bien es imposible una república perpetua, no es menos cierto que existe la posibilidad de la perpetuidad de su renovación.

[6] Discursos III, XXVII (p. 375).

[7] Negri, A. El poder constituyente: ensayo sobre las alternativas de la Modernidad. Madrid. Libertarias/Prodhufi.  (p.111).

[8] Íbid., p.112.