Claves de la Transición IV

IV: Auge y Caída de la oposición antifranquista

La Junta Democrática nació también como resultado de la retirada del Conde de Barcelona de la política activa, en concreto por su negativa a liderar una organización unitaria que principalmente Antonio García Trevijano y Rafael Calvo Serer habían preparado para él.

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El plan original consistía en que Don Juan encabezara la salida de la clandestinidad del grueso de las organizaciones clandestinas antifranquistas, pero éste finalmente no quiso enfrentarse a su hijo políticamente y rehusó. (Ver [1]) Tras esto el proyecto unitario se encontró huérfano de un apoyo esencial pero a la vez en una buena posición de partida, al haber conseguido reunir a buena parte de las élites de la oposición.

Es por ello que desde París se produjo el salto a la esfera pública tratando de unificar al resto de la oposición, declarando su compromiso con la causa de la democracia en un momento en el que Franco empezó a enfermar gravemente. La decadencia del Estado y del Gobierno de Arias era palpable y se hizo patente en España que quedaba poco para la muerte del dictador. (Ver [2])

Para el Franquismo el proyecto de la Ruptura Democrática pronto resultó abrumador, perdiendo la iniciativa política desde su nacimiento y rápido desarrollo a mediados de 1974 hasta mediados de 1976, cuando entre la caída de Arias y el auge de Suárez el Rey consigue plantear con éxito una vía reformista ante el grueso de las élites de la oposición. Intelectualmente era difícil de combatir y socialmente iba ganando más y más adeptos, aumentando la presión política a través de huelgas, manifestaciones y todo tipo de acciones políticas pacíficas. (Ver [3]) Fue la Junta Democrática la que acuñó el lema de “Amnistía y Libertad” que sería tan gritado en aquellos años.

Citando a Vidal Beyneto “La Junta fue un gran protagonista de la movilización democrática, repotenciándola intensamente y provocando un imparable auge de las fuerzas democráticas: “Cualquiera que sea el indicador que escojamos para ilustrarla, su presencia y vigor son abrumadores. Sólo tres: el número de horas de trabajo perdidas por motivos de huelga en 1975 fue el triple que en 1970, y la aceleración de las acciones de la oposición fue tan intensa y la movilización laboral había alcanzado tal nivel que, en el primer trimestre de 1976, el número de huelgas (casi 18.000) fue seis veces superior al de mismo trimestre de 1975; de enero de 1975 a marzo de 1976, más de 17 millones de ciudadanos ocuparon las calles españolas reclamando libertad y democracia; durante los años 1974-1976, entre diarias y revistas legales y clandestinos, se editaban y vendían en España cerca de 90 publicaciones periódicas de contenido predominantemente político frente a 18 diez años después””. (Ver [4])

Finalmente había arraigado en España una alternativa política más civilizada que la que encarnaba el Franquismo, aumentando la división interna de éste a medida que fue siendo más palpable la imposibilidad del continuismo de las instituciones franquistas, sustentadas en las rígidas Leyes Fundamentales de Reino. Frente al avance del proyecto rupturista opositor el régimen se fue dividiendo con más claridad entre continuistas y reformistas, consiguiendo éstos últimos imponerse al final.

“(…) El conflicto entre el proyecto reformista y el continuista se saldó en favor de los primeros no sólo por el apoyo que reciben del Rey, sino también por la presión ejercida por los rupturistas que se materializó en la oleada huelguística del primero trimestre de 1976” (Ver [5])

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El triunfo final reformista se debe esencialmente a la división interior que también había en la oposición, por la misma tendencia que se aprecia en los franquistas entre ortodoxos y heterodoxos. Ya desde los inicios principalmente el PSOE no quiso unirse a la Junta Democrática, creando al año siguiente en junio la Plataforma de Convergencia Democrática con González a la cabeza.

La Plataforma de Convergencia Democrática estaba concebida como un medio de negociación de sus élites dirigentes con el Gobierno para una reforma constitucional, no como un medio para una estrategia como la de la Ruptura Democrática. Sin embargo de cara a la opinión pública llegaron a adoptar discursos más radicales que el propio PCE, que precisamente actuaba de forma opuesta tratando de ser realista e ir moderándose para ser socialmente aceptado. (Ver [6])

Dicha plataforma fue aglutinando numerosas organizaciones como la USDE, la UGT, la ORT, el MC, el Partido Carlista de Carlos Hugo (que terminaría abandonando la Junta y cambiándose a este organismo por diferencias ideológicas), los demócratacristianos de Ruiz-Giménez y también grupos gallegos, valencianos, catalanes… Por otro lado también había grupos independientes ajenos a organismos unitarios, pero su peso era escaso.

Por otra parte también desde enero de 1976 estaba con fuerza el importante Consell de Forces Polítiques, el principal organismo unitario de la oposición catalana que más adelante serían representados en la reforma a través de: Jordi Puyol  y Antón Cañellas en la llamada Comisión de los 9; Reventós, Triginier y Roca en los Pactos de la Moncloa; y Roca y Jordi Solé Tura en la redacción de la Constitución. Las fuerzas políticas catalanas sí se mostraron abiertamente con voluntad de pactar con el Gobierno para hacer una reforma democrática.

Entre los motivos principales de las diferencias entre Junta y Plataforma estaba el aura de radicalidad del PCE integrado en la Junta y enfoques estratégicos. (Ver [7]) El PSOE y la Plataforma como se ha señalado anteriormente se apoyaban en un discurso rupturista por motivos de propaganda, pero no se creían capaces de derribar al Franquismo en un choque frontal. Además también discreparon públicamente por el apoyo de la Junta a Don Juan (Ver [8]), definiéndola como monárquica a pesar de que la Junta Democrática se fundó después de que Don Juan se negara a liderar el proyecto unitario (de hecho fue una de las principales causas de ello).

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La falta de entendimiento con la Junta se explica también por el temor a perder la hegemonía frente a ella, ya que mientras que la Junta (y principalmente dentro de ella el PCE) era una organización con verdadera fuerza en las calles, en comparación el PSOE renovado de González y Guerra recién salido de Suresness aún no era nada. Hay que tener en cuenta que era un partido nuevo que poco tenía que ver con el PSOE histórico, estando financiado y apoyado por las potencias del bloque capitalista y protegido, pero no dirigido, por el régimen franquista para ayudar al éxito de la operación política contrarrevolucionaria frente a la ruptura.

A pesar de esos inicios modestos el PSOE renovado conseguiría en pocos años ser el partido dominante del socialismo español, del mismo modo que el PCE con el comunismo español. Para González el apoyo de buena parte de los líderes socialdemócratas europeos y latinoamericanos fue clave en el ámbito económico y político. (Ver [9])

El PSOE de González y Guerra fue por tanto un partido creado principalmente gracias al soporte de las potencias del bloque estadounidense. Especialmente pesaron los apoyos de la socialdemocracia alemana, con personajes influyentes como Willy Brandt, y los de Estados Unidos con Kissinger a la cabeza, motivados ambos por el mencionado temor a que la ruptura democrática terminara causando algo parecido a una segunda revolución de los claveles. Ante todo había que impedir que el PCE pudiera conseguir el monopolio de la iniciativa política que, gracias a la Junta, parecía poder llegar a conseguir. (Ver [10])

Desde sus orígenes fue clave ese fuerte respaldo internacional, que compensó con creces la falta de peso inicial en el interior. Desde el Congreso de octubre de 1974 el auge del PSOE renovado frente al histórico de Llopis fue imparable, consiguiendo Felipe González la casi total hegemonía dentro del socialismo español gracias principalmente a: el apoyo de la Internacional Socialdemócrata y de personajes como Mitterrand; el carisma personal de González frente a las bases del partido, demostrado en varias victorias electorales; el apoyo financiero y político fundamental de Willy Brandt; y el buen hacer de Alfonso Guerra dirigiendo el aparato del PSOE.

En palabras de Javier Tusell y Álvaro Soto “Para el PSOE los apoyos internacionales y su reconocimiento como alternativa para el futuro potenciaron decisivamente el aumento de su influencia, especialmente tras el cambio de la estrategia rupturista de acción por la de negociación. Además tuvo mucha importancia el notable del trato dado por los medios de comunicación, gobierno y medios afines se esforzaron por desbancar a los comunistas en favor de los socialistas (también en el ámbito sindical).” (Ver [11])

NOTAS

  1. WIKILEAKS: https://wikileaks.org/plusd/cables/1974MADRID06644_b.html
  2. POWELL, Charles: El piloto del cambio… Pp. 94-101.
  3. La alternativa democrática, nuevo programa para la oposición de izquierda”, Pueblo (4 de octubre de 1976)
  4.  En VIDAL-BEYNETO, José: Memoria democrática… p. 107.
  5. En TUSELL, Javier; SOTO, Álvaro (eds.)La historia de la Transición. 1975-1986, Madrid,
    Alianza Editorial, 1996. Pp. 363-365.
  6.  VIDAL-BEYNETO, José: Memoria democrática…, pp. 115-116.
  7. Véase “Nacionalidades y regiones, tema de discrepancia García-Trevijano – PSOE. Ya (7 de octubre de 1976).
  8. POWELL, Charles: España en democracia 1975-2000…, Pp. 57-67.
  9. POWELL, Charles: España en democracia 1975-2000…, Pp. 334-335.
  10. WIKILEAKS: https://wikileaks.org/plusd/cables/1974MADRID06644_b.html
  11. En TUSELL, Javier; SOTO, Álvaro (eds.): La historia de la Transición… Pp. 221-226.