Walter Benjamin o la memoria de lo ausente (IX)

Conclusión: Del Sentido de la Historia y la Muerte de los Grandes Relatos.

Quizá lo más adecuado sea definir a Walter Benjamin como un dialéctico de la ilustración, en tanto que guarda una relación crítica con la misma. De este modo, repensar la Ilustración nos ha hecho remontarnos a sus comienzos, a saber: el vínculo entre razón y religión. Es por esto que Benjamin entiende la modernidad en tanto emancipación del pretérito yugo religioso, pero sostiene al mismo tiempo que la política de liberación es también un mesianismo secularizado.

En efecto, Benjamin guardaba sus tesis en una carpeta que llevaba por título ‘Teoría del conocimiento’. La relevancia de este hecho reside en la importancia que Benjamin concede al plano gnoseológico como fundamento de su interpretación de la historia: no hemos de confundir, como hace la ciencia, la realidad con la facticidad, sino que, ante bien, hemos de rescatar lo ausente a través del instrumento subversivo que es la memoria, que actúa como medio para la hermenéutica, debe poseer un carácter público y es, así mismo, fuente de conocimiento. [1]

Así, Benjamin parte de una crítica al carácter reduccionista otorgado en el campo de la experiencia sensible en el contexto de la modernidad, la crítica a una racionalidad instrumental que ha vaciado de sentido a la experiencia y ha subordinado la experiencia religiosa y la ética a la experiencia sensible. Así, la tarea del historiador no es otra que la de rescatar en la experiencia en tanto forma esencial de conocimiento los fragmentos acumulados en el naufragio del progreso. De este modo, en el Jetztzeit el pasado es invocado en el presente, en un flujo discontinuo. A través de este nuevo concepto de la experiencia Benjamin rescata la dimensión histórica de la conciencia cognoscente y aplica el materialismo histórico y la dialéctica negativa, posibilitando la redención de la humanidad.

Además, Benjamin también denunciará la paradoja moderna entre la validez de un conocimiento verdadero y la certeza de una experiencia temporal, que muestra cómo la visión del mundo determina la constitución de la teoría del conocimiento.

Por último, Benjamin critica en la modernidad el olvido de la relación existente entre el conocimiento y el lenguaje, puesto que todo conocimiento se expresa en el lenguaje (dicha relación constituye una de las preocupaciones más importantes de la epistemología de la segunda mitad del siglo XX).

Al respecto de la racionalización de la cultura y la sociedad cabe comentar que en la crítica a dicho proceso de racionalización subyace, desde mi punto de vista, la nostalgia ontológica de lo natural, de una naturaleza que en tanto ser se ha vaciado de sentido, siendo sometida bajo el yugo de la racionalidad del concepto. En efecto, la crítica benjaminiana al progreso nos ha colocado frente al plano de las relaciones entre lo racional y lo real. En mi opinión, si bien cabe aceptar que la racionalidad en su vertiente instrumental en tanto mutiladora de lo real, en la medida en que homogeneíza las diferencias, hace abstracción de las singularidad y vacía en consecuencia a lo real de sentido, reificándolo, no es menos cierto que la razón es una facultad necesaria para el pensamiento de lo real, en tanto poseedora de un carácter trascendente respecto de lo real que permite pensar esto último desde un punto de vista exterior: lo racional permite la comprensión de lo real porque se sitúa más allá de la propia realidad. Lo racional no es pues lo real, sino ,antes bien, condición de posibilidad de su comprensión, una suerte de postulado práctico kantiano, en el sentido de que es necesaria su postulación para nuestra comprensión del mundo aun cuando no podamos acceder a su conocimiento, de modo tal que el concepto actúa como explanans del explanandum, que sería lo real. Así, el filósofo es aquel que está en contacto con la razón, esa instancia aniquiladora de lo real.

El sujeto de la historia, el ser humano es un ser de necesidades físicas y espirituales. Así como el modelo de la racionalidad imperante durante la Modernidad había postulado la autoconservación del individuo [2] y la sociedad al precio de la reificación de lo real en orden al requerimiento de sus necesidades físicas, en el plano de lo espiritual, se hace necesario buscar un sentido, que en este caso Benjamin buscará en la religión. Tanto el Dios del a religión como la razón están en estrechas vinculación con el concepto de límite, en tanto delimitar desde un afuera el terreno de lo real, nos permiten su comprensión y lo dotan de sentido, pero lo que importa aqúi es señalar que la postulación benjaminiana de la teología es el elemento que el autor alemán precisaba para justificar la capacidad subversiva de la memoria en tanto capaz de provocar la reapertura del pasado en el presente. He aquí la clave acerca de la comprensión de la relación entre marxismo y teología en tanto vinculación eminentemente dialéctica.

Llegados a este punto no podemos por menos que plantearnos la siguiente cuestión: ¿Puede escaparse de la Modernidad sin abrazar la teología ni escaparse de la racionalidad? Lo primero que hay que poner de relieve es que cualquier solución pasa por admitir la irreversibilidad de los procesos de Ilustración, lo que invalida toda postulación consistente en el rescate de modelos previos de racionalidad. En segundo lugar, pasa por advertir la potencialidad de la racionalidad [3], tanto desde la teoría como desde la práctica social [4]. En este punto, cabe destacar, asimismo, en la figura de Benjamin, a pesar de su marcado pesimismo, su distanciamiento respecto a los autores de la Dialéctica de la ilustración  en el reconocimiento de los potenciales de emancipación inherentes a la sociedad de masas [5]. Así, Benjamin señalará en La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica (1934-35) que la posibilidad de reproducir técnicamente las obras de arte deriva en una desacralización del arte, estrechamente vinculada con el weberiano desencantamiento del mundo. La mercantilización de las obras de arte hace que desaparezca su condición de objetos de culto. Así, el arte pasa a ser objeto de la democratización, por lo que ya no sólo es sometimiento, sino también ilustración y emancipación. Se trata de una forma de gozar el arte que es a la vez instructiva y crítica [6]. Esto se da especialmente en el cine, pues se disfruta de una recepción simultánea de las obras y de un estado de dispersión e irreverencia hacia el arte.

En otras palabras, hay que flexibilizar el marco de interpretación y crítica de la razón instrumental, de modo tal que no nos sea necesario el concurso de postulado extremadamente individualistas o atomizadores (Habermas). En definitiva, es necesario comprender la modernidad en tanto proceso contradictorio pero también inacabado, del que es necesario extraer potencialidades que nos permitan afrontar los tiempos actuales, así como compensar las deficiencias estructurales del actual proyecto histórico.

En suma, es importante advertir el por qué de la trascendencia de Walter Benjamin en los últimos tiempos. Sus análisis de la cultura y la sociedad, su denuncia (y su anticipación) del progreso como barbarie y la postulación de la memoria como arma revolucionaria se han revelado, tras su muerte, herramientas imprescindibles para el análisis y la comprensión de las formas de vida actuales, desde la barbarie de Auschwitz  hasta el auge del capitalismo y la sociedad del consumo, el tiempo parece haber reconocido en Benjamin un gran intérprete de nuestra época, un avisador de incendios que debe ser tenido en cuenta en tanto parte fundante de la conciencia histórica de la humanidad.

[1] En efecto, no debemos confundir la realidad con lo fáctico, sino que el conocimiento de la realdiad abarca tanto el conocimiento de lo fáctico como el re-conocimiento de lo presente en el pasado en tanto posibilidad, de lo que pudo ser y quedo enterrado bajo la historia. Se trata de un conocimiento de la realidad que abarca tanto la facticidad como la posibilidad.
[2] A pesar de esto podemos considerar francamente reduccionista la identificación que llevarán a cabo los autores de la Dialéctica de la Ilustración entre la razón y la autoconservación. ¿Acaso la racionalidad moderna se reduce a la autoconservación? y aún más, ¿Se agota la Modernidad en esta racionalización?
[3] Cfr. Habermas, Jurgen. Perfiles filosófico-políticos. Madrid, Taurus, D.L., 1984.(pp.142-143).
[4] Habermas propone que esta salida se apoye en la comunicación social. Así, para recuperar la experiencia de al autorreflexión emancipatoria la teoría social deberá comprenderse a través de la comunicación dialógica en tanto medio práctico y normativo.
[5] Si bien también reconoce que la desritualización del arte entraña el peligro de que su aura (que es, según Benjamin, “una trama muy especial de espacio y tiempo: la irrepetible aparición de una lejanía, por cerca que pueda encontrarse”) la obra de arte se desentiende, asimismo, de su contenido de experiencia y se banalice, mas es ésta desintegración del aura la que posibilita la experiencia de la felicidad. La experiencia del aura se torna esotérica.
[6] Íbidem. p.301.
BIBLIOGRAFÍA

[1]Adorno, Theodor W. Sobre Walter Benjamin: recensiones, artículos, cartas. Madrid, Cátedra, D.L. 1995.

[2] Benjamin, Walter. Libro de los pasajes. Madrid, Akal D.L., 2005.

[3] Buck-Morss, Susan. Dialéctica de la mirada: Walter Benjamin y el proyecto de los pasajes. Madrid, Visor, 1995.

[4] Cuesta Abad, Jose M. Juegos de duelo: la historia según Walter Benjamin. Madrid, Abada, 2004.

[5] Habermas, Jurgen. Perfiles filosófico-políticos. Madrid, Taurus, D.L., 1984.

[6] Horkheimer, M; Adorno, Theodor W.; Dialéctica de la Ilustración: fragmentos filosóficos. Madrid, Trotta, 2005.

[7] Jay, Martin. La imaginación dialéctica: historia de la Escuela de Frankfurt y el Instituto de Investigación Social (1923-1950). Madrid, Taurus, 1984.

[8] Löwy, Michael. Walter Benjamin, aviso de incendio: una lectura de las tesis “sobre el concepto de la historia”. México [etc.], Fondo de Cultura Económica, 2003.

[9] Lucas, Ana. Tiempo y memoria: una reflexión sobre la filosofía de la historia de W. Benjamin. Madrid, Fundación de Investigaciones Marxistas, 1995.

[10] Mate, Reyes. Medianoche en la historia: comentarios a las tesis de Walter Benjamin <<Sobre el concepto de la historia>>. Madrid, Trotta D.L., 2006.

[11] Scholem, Gerschom. Walter Benjamin: historia de una amistad. Barcelona, Península, 1987.

[12] López de Lizaga, J.L. Walter Benjamin y los dos paradigmas de la teoría crítica. Revista de Filosofía (2005), Nº3, pags. 11-31.

[13] Witte, B. Walter benjamín:una biografía. Barcelona, Gedisa, 2005