Maquiavelo y el poder constituyente II

II. Monarquía y república

Reconozcámoslo, la eterna polémica entre el Maquiavelo monárquico y el Maquiavelo republicano no es la cuestión central de la obra del florentino. De hecho, acaso sea ingenuo confiar en que el planteamiento de dicha problemática como disyunción excluyente fuera correcto. No lo es, de hecho, como intentaré demostrar, toda vez se haya conseguido efectuar, en la medida del o posible, la epojé del propio maquiavelismo. Interesa en este punto plantear la opción de que Maquiavelo hubiera hecho posible esta doble lectura de su obra (monárquico-republicana). Dicho de otro modo, existe un doble punto de vista interior al texto: no se trata de la exposición de una solución, sino del planteamiento mismo de un problema político. En efecto, ni Rousseau ni Federico II sufren dicha contradicción interna, pues las sombras del idealismo siempre fueron demasiado alargadas... Proponemos aquí un análisis no en virtud de las interpretaciones hegemónicas acerca de la obra de Maquiavelo, sino un estudio de la propia obra del secretario florentino.

Transcurría la primavera de 1513 y el ex secretario de la Segunda Cancillería de la República de Florencia, Niccolò Machiavelli es apartado forzosamente de la política, retirándose al Albergaccio, dispuesto a comenzar la redacción del Libro delle Repubbliche, o bien el esbozo de lo que constituirá la primera parte de sus Discorsi sulla prima Deca di Tito Livio, reivindicación de la forma republicana de gobierno, confrontada a su crisis, al horizonte de una nueva época histórica. En ella quedó plasmada a través de los Discursos sobre la primera década de Tito Livio y El príncipe la lucidez con la que el accutisimus supo captar el cariz que la evolución política estaba tomando en toda Europa, toda aquella que le permitía su condición histórica de italiano del primer cuarto del siglo XVI adoctrinado en el renacimiento pagano [1]. Tras sesenta años de gobierno mediceo ininterrumpido, la república había arribado a Florencia (gracias a los esfuerzos del monarca francés Carlos VIII), donde se concentraban la máxima conciencia política y la mayor riqueza de formas evolutivas, Buckhardt dixit. [2]

En efecto, tanto los Discorsi  como Il Príncipe presentan aspectos que obedecen a un problema común, a saber: las causas del auge y la decadencia de los Estados, así como los medios en virtud de los cuales los estadistas pueden hacer que éstos perduren. Así, mientras que los Discursos se refieren fundamentalmente a la expansión de la república romana, El príncipe versa acerca de las monarquías o gobiernos absolutos. De este modo, aun cuando es cierto que Maquiavelo profesaba un auténtico entusiasmo por el gobierno popular cuya figura paradigmática es la república romana, no es menos cierto, empero, que Maquiavelo consideraba impracticable la instauración de dicho paradigma en la Italia de la época, que, para él, es el paradigma [3] de una sociedad corrompida y carente de las mitigaciones parciales que produce en Francia y en España la monarquía: “es en vano esperar nada bueno de aquellos pueblos que vemos hogaño tan corrompidos, como ocurre sobre todo en Italia y aun en Francia y España, donde también llega la corrupción. Y si no vemos en estos últimos tantos desórdenes como observamos diariamente en Italia, ello no se debe tanto a la prioridad de los pueblos (…) como a tener un rey que los mantiene unidos (…)” [4]. Así pues, en Italia el problema se centraba en la posibilidad de fundar un Estado en el seno de una sociedad corrompida y Maquiavelo no podía por menos que reconocer la ausencia de cualquier tipo de gobierno eficaz, con excepción de la monarquía absoluta. Coincidamos, pues, con Sabine, en que “esto explica por qué [Maquiavelo] era a la vez un admirador entusiasta de la república romana y un defensor del despotismo” [5]. Adviértase cómo esta invocación referida a un príncipe llamado a tomar el mando y ejercer el poder refleja un trascendentalismo que poco o nada tiene que ver con un pretendido “vacío de condiciones” o una ontología de corte negativo o inmanente. [6]

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Maquiavelo combina pues, dos admiraciones incompatibles: a saber, la que el propio secretario florentino profesaba por el déspota lleno de recursos y, por otro lado, la expresada por el pueblo libre que se gobierna a sí mismo y lo hace concibiendo ambas en cuanto teorías de la fundación de un Estado y de su conservación una vez fundado. No obstante, la preferencia de Maquiavelo por la multitud es clara ya desde un principio, de modo que el entusiasmo que muestra Maquiavelo respecto a la libertad y el gobierno popular de la república romana en ningún caso aparece a propósito de la monarquía absoluta, despotismo únicamente recomendable en situaciones excepcionales, a saber: la creación de un estado nuevo y la reforma de uno corrompido. Así, una vez fundado, el mismo sólo podrá permanecer en virtud de una cierta participación popular en el gobierno y en el caso de que el propio príncipe dirija los asuntos políticos del estado en correspondencia con la ley, al tiempo que respeta tanto la propiedad como los derechos de sus súbditos. Gobierno popular en la medida de lo posible. Monarquía absoluta sólo cuando sea necesario (necesidad subjetiva, referida a la interpretación que lleva a cabo el propio Maquiavelo en relación a su momento histórico). [7]

Empezábamos el presente ensayo refiriendo la expulsión de Maquiavelo de la administración. Pues bien, pocos días después, el 12 de febrero de 1513 y como resultado de la conjura humanística y republicana de Boscoli, Maquiavelo es arrestado y torturado, habiendo llegado, probablemente, hasta la altura del capítulo XVIII del libro de las “Décadas” [8]. En el decurso de todos aquellos capítulos pertenecientes al primer libro de los discursos se conciben dos posibles realizaciones del paradigma, a saber: una connatural al paradigma (vía tumultuaria) y otra extraordinaria (vía del príncipe). Dado que nuestro objetivo es analizar la viabilidad del primero de estos caminos, nos centraremos, en lo que sigue, en las contradicciones del cuerpo social, en la medida en que es, por utilizar la terminología marxista, la lucha de clases lo que debe realizar el paradigma: “marcar radicalmente las diferencias constituyentes de las clases sociales mismas (…), empeñarse en su descripción estricta”. [9]

En suma, toda vez que hemos determinado el posicionamiento de nuestro análisis, en lo que sigue recorreremos dicha perspectiva a lo largo de la obra de Maquiavelo, de acuerdo con el itinerario establecido:

  1.  Primeros dieciocho capítulos del primer libro de los Discursos sobre la primera década de Tito Livio
  2.   El príncipe
  3.   Capítulos restantes de los Discorsi

Notas

[1] Cf. Sabine, G. Historia de la teoría política. México. F.C.E. 1992. (p.268).

[2] Burckhardt, J. La cultura del renacimiento en Italia, trad. Jaime Ardal, Madrid, Sarpe, 1985, p.83 apud Fernandez Vítores, R. Maquiavelo: la política. Madrid. Libertarias/Prodhufi. 1994.  (p. 10).

[3] Por paradigma entiendo la  fuente de las formas de gobierno (república/ principado)

[4] Maquiavelo, N. Discursos sobre la primera década de Tito Livio. Madrid, Alianza, 2000. (p.39) (I, LV) (A partir de ahora, citada como Discursos). Aun cuando en  Negri, A. El poder constituyente: ensayo sobre las alternativas de la Modernidad. Madrid. Libertarias/Prodhufi. 1994. (pp.72-73) se afirma, que no cabe establecer ninguna analogía entre Francia e Italia, la analogía ha sido ya establecida, sin embargo, por el propio Maquiavelo.

[5] Sabine G. Op.cit., p.273.

[6] Tal parece ser la interpretación compartida por Althusser y Negri. Así, en el prólogo a la obra althusseriana Maquiavelo y nosotros afirma Negri lo siguiente: “Pensar lo nuevo en ausencia de todas las condiciones. He aquí Maquiavelo” [Althusser, L. Maquiavelo y nosotros. Madrid, Akal, 2004 (p.14)]. Más bien podría decirse que “he aquí el inmanentismo negriano aplicado ilícitamente al texto maquiaveliano”. En cualquier caso,  más abajo habrá espacio para discutirlo con mayor profundidad.

[7] Su apelación al poder absoluto y despiadado obedece al deseo referido al surgimiento de un príncipe  con la suficiente amplitud de visión para concebir una Italia unida y con la audacia necesaria para transformar dicho ideal en una realidad:  “Si, como lo he dicho, era necesario que el pueblo de Israel estuviera esclavo en Egipto, para que el valor de Moisés tuviera la ocasión de manifestarse; que los persas se viesen oprimidos por los medos, para que conociéramos la grandeza de Ciro; que los atenienses estuviesen dispersos, para que Teseo pudiera dar a conocer su superioridad; del mismo modo, para que estuviéramos hoy día en el caso de apreciar todo el valor de un alma italiana, era menester que la Italia se hallara traída al miserable punto en que está ahora; que ella fuera más esclava que lo eran los hebreos, más sujeta que los persas, más dispersa que los atenienses. Era menester que, sin jefe ni estatutos, hubiera sido vencida, despojada, despedazada, conquistada y asolada; en una palabra, que ella hubiera padecido ruinas de todas las especies” (Maquiavelo, N. El príncipe. Madrid, Espasa, 1991.(p.150) (XXVI).

[8] En efecto, al igual que en una carta fechada el 10 de agosto de 1513 dirigida a Vettori, también en Discursos I, 12 Maquiavelo se interesa por la posibilidad de establecer paralelismos entre la situación de la Suiza de su tiempo y la de la antigua república romana, mientras que en la carta de 26 de agosto de ese mismo año afirma en referencia a los suizos que “ ya no creo yo que hagan un imperio como los romanos, pero sí creo que pueden llegar a ser árbitros de Italia (…) y porque eso me espanta, quisiera remediarlo, y si no basta Francia, no veo para ello otro remedio” ( Maquiavelo, N. Epistolario 1512-1527, p.130 apud Fernández Vítores, R. Op.cit., p.86.). El príncipe (alguien que remedie) se dibuja, pues, como la única posibilidad para la amenazada Italia. Además, también es preciso advertir que el propio Maquiavelo termina el capítulo XVIII del primer libro de los Discorsi apelando al statu regio y, por otra parte, el 10 de diciembre de 1513, en una carta de Vettori reconoce lo siguiente “he compuesto un opúsculo, De principatibus, donde profundizo todo lo que puedo en las meditaciones sobre este tema, disputando qué es principado, de cuáles especies son, cómo se adquieren, cómo se mantienen, por qué se pierden” ( Maquiavelo, N. Epistolario 1512-1527. p. 138 apud Fernández Vítores, R. Op.cit. p. 85) [ Cf. Fernández Vítores. Op.cit., pp.85-87].

[9] Fernández Vítores, R. Op.cit., p.83.