Eros y Diotima

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Eros fue engendrado en una noche loca. Cuando nació Venus, los dioses dieron un gran banquete.  Fue invitado Poros, la personificación de la habilidad para satisfacer el propio interés. Tras el banquete, ahíto de ambrosía y beodo de néctar cayó dormido en un rincón discreto del jardín del Olimpo.

Penia, la personificación de la pobreza, acudió al banquete para recoger las sobras. Se alejó del tumulto de los dioses, para satisfacerse con ellas. Así fue como encontró a Poros.

Penia contempló a Poros dormido y le resultó irresistible. La pobreza muestra interés por quien puede aliviar su situación y Poros era la encarnación misma de los recursos para aliviarla. Él ebrio de néctar y ella poseída por la lujuria, concibieron de modo apasionado una criatura: Eros.

Desde su nacimiento Eros fue compañero y servidor de Venus, porque está dotado de una inclinación irresistible hacia la belleza y Venus es la belleza absoluta.  Angelo Bronzino, Artemisia Gentileschi, Tiziano, Velazquez y muchos artistas más, tomaron este motivo para plasmar en un lienzo el ideal de belleza de la mujer en cada época.

Eros heredó de su madre la indigencia intelectual y material. De su padre una irresistible energía para alcanzar su propósito. No es sabio, pero tiene una pulsión natural hacia la sabiduría. No es perfecto, pero ama la perfección y encuentra los recursos para perseguirla. No posee nada bello, pero sí atracción irresistible hacia la belleza.

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En el Banquete de Platón, Diotima, la anciana maestra de Sócrates, nos revela que Eros, así engendrado, es el ligamento que une la indigencia humana con la opulencia de los dioses. Es una fuerza que empuja a los hombres a salir de la penuria espiritual y material, para alcanzar la plenitud de los dioses.

Los cerebros y las aguas estancadas, se corrompen y crían gusarapos. El ser humano en plenitud de facultades, no es el mismo al alba que al crepúsculo, porque poseído por Eros ocupa el día en conocer lo que considera bueno para perseguirlo, en aprehender lo bello, en conocer la verdad para amarla. De este modo, Eros liga la imperfección humana con la perfección divina y nos somete a un continuo cambio. Una vez que consigue una meta, Eros dibuja otra más lejana y apenas permite la pausa para recuperar el resuello.

¿Quiénes son aquellos que no cambian, que no pretenden la perfección, que no están poseídos por Eros?: Los dioses y los muertos.

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Quien se conforma con las metas alcanzadas, se anquilosa, marchita y muere. Las metas pertenecen al pasado y el pasado es ya el dominio de la muerte. Cada meta alcanzada es un epitafio, pero Eros vuelve a la vida a quien la ama y marca otra meta más y aporta las energías para alcanzarla.

En lo intelectual, toda conclusión no es más que la mejor hipótesis para buscar otra más ajustada a la verdad. En lo estético, la belleza que más nos conforta, no es más que un reflejo de aquella otra que buscamos. En lo moral, toda virtud que alcancemos no será más que un escalón que nos acerque a otro estado de más perfección.

La juventud de una persona se mide por el grado en el que está poseído por Eros. Apenas unos minutos de conversación y trasluce el ansia de conocimiento, el amor a la verdad, la capacidad de crítica y la atracción por lo bello.

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El deseo de perpetuarse, lo que llamamos erotismo, solo es una de las habilidades de Eros: la que tiende a perpetuarse con el fin de obtener la perfección con el trabajo de las generaciones.

La vida de un conformista cuya meta es comer, dormir, evitar tensiones y no poner en duda las propias convicciones, no dista mucho de la de una vaca u otro mamífero estabulado con las necesidades cubiertas. Son mamíferos vivos, pero su naturaleza humana adolece ya del rigor mortis.

El que ha encontrado el conocimiento al que aspira y se conforma con él; el que se contenta con la opinión a la que su voluntad le ha llevado, sin analizarla y ponerla en duda; el que se acomoda en un sillón para ver pasar la vida, procurando que nada le afecte, ya está muerto. Su mundo pertenece al pasado. Está mal enterrado. Pero muerto.

Y esto que es aplicable al individuo, ¿lo es igualmente a las naciones?.  

¿Puede un pueblo envejecer y dejarse vivir en un hastío sin metas, que es lo mismo que dejarse morir?.