La Iglesia, el Emperador y el lenguaje

En el año 1414 había tres papas  (Juan XXIII, Gregorio XII y Benedicto XIII, conocido como el Papa Luna) cada uno de los cuales había excomulgado convenientemente a los otros dos. Harto del sindios, el Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Segismundo I que además sería Rey de Hungría, Polonia y Bohemia, convenció a Juan XXIII (considerado luego antipapa) para que convocara el concilio de Constanza.

 Placa conmemorativa sobre el Concilio de Constanza

Placa conmemorativa sobre el Concilio de Constanza

No se puede mencionar este concilio sin señalar que por primera vez en la historia, la convocatoria fue realizada, no por reinos o por iglesias, sino por naciones. Este acto se considera la partida de nacimiento de las naciones europeas (Dalmacio Negro).  Fueron convocadas las naciones italiana, francesa, española, inglesa y germana, (Alemania-Austria-Paises Bajos y Escandinavia). No se consideró nación a Aragón. Posteriormente Ranke añadió a éstas, la nación eslava debido al cisma greco-ortodoxo. De estas naciones derivan los estados modernos.

En el Concilio se terminó con el cisma eligiendo al Papa Martín V. En su discurso ante el Concilio de Constanza, el Emperador Segismundo, empleó el término cisma schisma en latín, como sustantivo femenino. Un temerario cardenal, le llamó la atención sobre el uso incorrecto del término, pues es un término latino neutro. Segismundo I, Emperador del Sacro Imperio Romano, pronunció entonces su sentencia inmortal:

"Ego sum romanus et super grammaticam".  "Soy emperador y estoy por encima de la gramática".

Haciendo uso de su autoridad imperial ordenó que desde entonces, el término schisma fuera neutro. Fue una orden perfectamente inútil.

El Emperador Tiberio también prohibió el término monopolio, según cuenta Suetonio, junto con otras palabras griegas. La madre Roma transmitió este término, prácticamente inalterado, a todas las lenguas romances, poniendo en evidencia a la autoridad imperial y a lo inútil de la prohibición.

Kant estudió el asunto y viendo el fracaso de  Segismundo I y de Tiberio, en lo tocante a la imposición de la gramática estableció la  siguiente tesis, hasta ahora irrefutada:

Caesar non est supra grammaticos. El Cesar no está por encima de los gramáticos.

  Gentileschi, Alegoría de la retórica, 1630

 Gentileschi, Alegoría de la retórica, 1630

Ahora no hay emperadores, si bien continúan existiendo gobernantes que creen estar por encima de la gramática, creando el llamado lenguaje no sexista. El 1 de marzo de 2012, el pleno de la R.A.E. dictaminó que si se aplicara estrictamente el lenguaje no sexista propuesto por el poder político, no se podría hablar.

Kant hubiera asistido con entusiasmo a esta lucha entre el poder y la estructura gramatical de la lengua española. ¿Serán los políticos españoles los que rompan por primera vez en la historia la tesis de Kant?. ¿O los profesores y profesoras españoles y españolas, siguiendo las directrices de nuestros políticos y políticas,  impondrán su autoridad sobre la gramática que nuestros hijos e hijas heredaron de sus padres y madres, de sus abuelos y abuelas, creando estructuras lingüísticas aún no descubiertas por nuestros gramáticos y gramáticas?

Es cuestión de esperar.