Sobre la Historia Política de la época partidocrática del siglo XX

En las primeras décadas del siglo XX, durante la Primera Guerra Mundial comenzó el derrumbamiento del orden internacional existente de la llamada época liberal, establecido en el Congreso de Viena por los Estados europeos que derrotaron a la Francia de Napoleón. Los regímenes políticos parlamentarios del XIX, de corte liberal-representativo, comenzaron a desaparecer frente al surgimiento de un nuevo tipo de régimen: el partidocrático.

El primer gran régimen liberal en caer fue el de Rusia en 1917, donde el triunfo de la revolución comunista liderada por Lenin implantó el primer régimen marxista de la Historia. Los siguientes en caer, por reforma y no por revolución ante el miedo de que ocurriera como en Rusia, fueron los de Alemania e Italia en 1919.

En el caso alemán, la reforma partidocrática fue introducida en el proceso del nacimiento de la República de Weimar, después de que el Emperador Guillermo II abdicara y que Friedrich Ebert, líder de los socialdemócratas alemanes, se convirtiera en su primer Presidente. En el caso italiano, tras la introducción en 1918 del sufragio universal masculino, fue aprobada por el parlamento de cara a la organización de unas elecciones, por el pretexto del fuerte miedo que se tenía en ese momento ante las masas y que el sistema proporcional, a diferencia del mayoritario, garantizaría un ambiente pacífico.

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En estos tres primeros casos se muestran los dos modelos básicos que una partidocracia puede tener, en tanto que forma de Gobierno en la que el poder político se concentra en una o más cúpulas de partidos estatales: la del partido único, en el caso de la URSS; y la de varios partidos, en los casos de Alemania e Italia.

Terminada la Primera Guerra Mundial los Estados vencedores, principalmente Estados Unidos, Reino Unido y Francia, diseñaron en el nefasto Tratado de Versalles un nuevo orden internacional. A partir del mismo surgió la Sociedad de Naciones, el antecedente de la actual ONU fundada tras la Segunda Guerra Mundial, como una herramienta para el sostenimiento del nuevo paradigma.

Políticamente ese nuevo orden resultó en un absoluto fracaso, colapsando rápidamente. En las siguientes dos décadas, los movimientos políticos totalitarios de Alemania e Italia, debido entre otras cuestiones a las grandes facilidades que aporta la partidocracia para la conquista y conservación tiránica del poder estatal, lograron configurar un régimen de partido único. 20 años después del final de la Primera Guerra Mundial, comenzaba la Segunda con la invasión de Polonia por parte de Alemania y Rusia.

Finalmente los Estados Unidos, Reino Unido y Francia, con el apoyo de la URSS de Stalin tras su ruptura con Hitler, lograron ganar la Segunda Guerra Mundial. Un nuevo Congreso de Viena que daba sus primeros pasos en Casablanca (1943) concluiría en las conferencias de Yalta y Postdam (1945), dividiendo todo el mundo entre dos grandes superpotencias y sus respectivos aliados.

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Si bien las revoluciones nacionalsocialistas fueron contenidas el peligro de la revolución comunista para los Estados liberales se había agravado, y el balance tras la Europa de Entreguerras y la Segunda era el de dos grandes competidores por la hegemonía. En la posguerra la reconstrucción de la Europa Occidental bajo control estadounidense era una necesidad prioritaria, encontrándose los generales Marshall y Eisenhower ante el desafío de garantizar un dominio estable del territorio frente a la URSS.

Para ello económicamente organizaron el llamado Plan Marshall, militarmente la OTAN y políticamente la reconfiguración de la partidocracia (tildada como democracia parlamentaria por la propaganda) y la Unión Económica del Carbón y el Acero, embrión de la actual Unión Europea. El diseño de la partidocracia en la nueva República Federal Alemana fue llevado a cabo por Gerhard Leibholz, Presidente del Tribunal Constitucional de Bonn, en 1948, para garantizar el establecimiento de regímenes políticos estables y fácilmente controlables, de manera que no corriera riesgo alguno ni el sistema de la OTAN ni las enormes inversiones del Plan Marshall.

Por su parte, la URSS hizo en líneas realizó una política similar con el COMECON, el Pacto de Varsovia y la Internacional Comunista, que aunque se disolvió en 1956 se continuó con la lógica de las alianzas entre los partidos comunistas del mundo, junto con las partidocracias de corte comunista llamadas propagandísticamente “democracias populares”.

A lo largo de las siguientes décadas de la Guerra Fría el modelo partidocrático, ya fuera en la versión alemana e italiana o en la comunista, se fue expandiendo por el interés de las potencias. Con la descolonización, normalmente controlada y dirigida por una o más de las potencias, de Oceanía, Asia y África se tendió a imponer modelos partidocráticos, ocurriendo lo mismo en líneas generales en Hispanoamérica.

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Y así fue como la partidocracia se volvió actualmente le modelo de régimen político más extendido, con pocas excepciones como Estados Unidos, donde aún existe un sistema de corte democrático, o Reino Unido y Francia, que son los únicos casos europeos donde perviven fórmulas parlamentarias con un sistema mayoritario. En el caso de España, en la Transición Española de los años 70 el modelo de partido único de la dictadura franquista se reformó en una partidocracia de varios partidos. Y tras la caída de la URSS, el modelo partidocrático comunista fue sustituido progresivamente por el europeo.

¿Cuánto durará este paradigma internacional? En los casi 20 años que llevamos ya en el siglo XXI aún sigue vigente, pero dada la actual situación de crisis sistémica es improbable que pueda mantenerse por mucho tiempo. Y en cualquier caso, es responsabilidad de cada uno hacer lo posible por cumplir su deber en este problema colectivo.

En palabras de Gramsci: “El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos.”