De Dalí y de-lirio

Dalí persiguió a Dalí incansablemente y cuanto más cerca creía encontrarse, más lejos se hallaba de sí mismo.  Eso confesaba el artista poniendo ojos de espanto, como si su alma estuviera asomada a un abismo o ya se hubiera arrojado en él.

En la búsqueda de sí mismo, vio hormigas anidando en su cabeza, contempló su rostro eviscerado, unos saltamontes se cobijaban en su sexo. Dalí encontró el espanto en las profundidades de sí mismo.

El artista se enfrentó al horror que encontró en sí mismo  y ganó la inocencia de un niño y el derecho a pintar como los ángeles, es decir, como Rafael.

 Cristo pintado por San Juan de la Cruz

Cristo pintado por San Juan de la Cruz

 Dalí, cristo de San Juan de la cruz.

Dalí, cristo de San Juan de la cruz.

Interpretando el dibujo de la crucifixión que realizó San Juan de la Cruz, y que se conserva en el Convento de la Encarnación de Ávila, pintó Dalí un Cristo con la intención de que fuera bello,  “como el mismo Dios que encarna” según sus palabras.

San Juan de la Cruz explicó la profundidad del Cristo que encontró tras la subida al Monte Carmelo. Pero Dalí nos regaló la visión que solo pudo tener Dios de sí mismo en la cruz. Solo Dios puede contemplar la crucifixión desde ese ángulo de visión. O puede que Dios, San Juan de la Cruz y Dalí.

Rafael hubiera sacrificado incluso su amor por la Fornarina, a cambio de concebir una obra semejante.

Unos años más tarde, Dalí pintó el Cristo Hipercúbico. Se preguntó cómo vería un cubo un organismo que solo pudiera percibir dos dimensiones. Solo vería un cuadrado. Pero si desarmamos el cubo y lo extendemos podría hacerse una idea de cómo sería un cubo en tres dimensiones.

 Cristo hipercúbico.

Cristo hipercúbico.

La intención de Dalí era pintar a Cristo crucificado en un cubo de cuatro dimensiones, pero desarmado, para ser contemplado en un mundo en el que los seres más inteligentes, solo pueden percibir hasta tres dimensiones.

Si uniéramos las caras que tienen el mismo número podríamos formar un cubo de cuatro dimensiones. Ni lo intente, para seres que solo perciben tres dimensiones o menos, esto es imposible.

La piedra cúbica simboliza la máxima perfección a la que puede llegar un hombre, si se trabaja y se pule a sí mismo partiendo de su propia piedra bruta.

 Cubo en 4 dimensiones.

Cubo en 4 dimensiones.

 Cubo en dos dimensiones.

Cubo en dos dimensiones.

El cubo de cuatro dimensiones, simboliza una perfección que solo es alcanzable para un genio o acaso, para un dios. Dalí plasmó la perfección sobrehumana.

La sombra que proyecta en el suelo ese cubo hiperperfecto, es la de una cruz. El suelo es blanco y negro, porque los seres que no poseen la percepción de las cuatro dimensiones solo ven mediante la dualidad: blanco-negro, bueno-malo, luz-oscuridad…

Gala no está sobre el suelo de los seres mediocres sino elevada porque está en estado de arrobo, contemplando la belleza de lo perfecto.

Cristo levita, no toca la cruz. Su perfección está por encima, incluso, del cubo de cuatro dimensiones.

 Detalle de lirios en varios artistas

Detalle de lirios en varios artistas

Todos los grandes genios han descrito la pureza con el lirio que la simboliza. Cuenta el mito que Zeus acercó a Hércules recién nacido al pecho de Hera, para que se alimentara. Pero al hacerlo, ésta se despertó y se derramó la leche de su seno. Una parte fue a parar al cielo y formó la Vía Láctea y las gotas que cayeron en la tierra formaron lirios.

Todos los grandes genios, pintaron lirios: Da Vinci, Bottichelli, Rafael, Lippi, Domenico, Veronese, Caravaggio... Todos simbolizaban con el lirio, la pureza del alma y todos fueron estudiados por Dalí.

 Dalí, el gran masturbador.

Dalí, el gran masturbador.

Para plasmar la pureza, Dalí plasmó el lirio más grande, lozano, blanco y hermoso de todos los lirios que se han pintado nunca. Lo pintó emergiendo de sus propias entrañas. El lirio de Dalí encarnaba un alma pura, que se alimentaba del estiércol que encontró en ella: El lirio del Gran Masturbador, fue el hilo de Ariadna que le condujo desde el infernal laberinto donde se buscaba a sí mismo, al cielo del Cristo Hipercúbico que mostraba una realidad que no puede percibirse con los sentidos, pero que existe. Más allá del mundo material y físico, solo pueden penetrar las almas que bajaron hasta el infierno y lograron salir de él con el lirio de los genios.