Crisis en el gabinete de May

 Theresa May

Theresa May

El pasado lunes 9 de Julio nos sorprendía la doble dimisión de dos pesos pesados del gobierno británico. Dejando a la primera ministra en una situación critica, será su propio partido quien haga rodar su cabeza, repitiendo el final de la anterior primera ministra. Salvando las distancias claro, porque May jamás jugó en la misma liga que Thatcher y se limitó a cumplir el mandato surgido del referéndum. Un Brexit en el que jamás creyó y por el que hizo campaña en contra. Todo un error del establecimiento Británico, que apostó por la continuidad dentro de un partido Tory, que al igual que los Laboristas, jamás quiso el Brexit, ni aunque ese fuera el resultado del referéndum.

Después de meses de negociaciones en un formato decidido por la Unión Europea, en el que sólo se negociaría paso a paso lo que la fuerza de la burocracia continental decidiera, y con un objetivo claro de castigar y de que sirva de ejemplo para otros posibles estados díscolos, el negociador David Davis tuvo que encarar con su mejor sonrisa una negociación a cara de perro, con un interlocutor que aún no ha entendido el alcance de la decisión del Brexit, ni mucho menos sus razones. Por eso, la UE alberga esperanzas vanas en revertir el Brexit, y así lo dijo ayer el infame Donald Tusk: "ojalá que la idea del Brexit se vaya con Boris Johnson".

Del otro lado de la mesa estaba un gobierno débil, con una primera ministra interina que no obtuvo la confianza de su electorado en las urnas, aunque las planteó en modo ultimátum con la máxima: ¿Quién queréis que negocie el Brexit Corbyn o yo?. Obviamente ella era la opción menos mala para muchos, pero jamás una opción ganadora, ya que jamás estuvo a favor e incluso hizo campaña contra. Jamás debería haber tomado las riendas del Brexit, dijo una importante figura conservadora.

 Boris Johnson

Boris Johnson

Así pues, la doble dimisión debilita aún más a un gobierno Británico con las horas contadas, y se lo pone, a priori, más fácil para que Bruselas pase el rodillo y aplique su plan, que es mantener al Reino Unido vinculado con la legislación de la UE sobre medio ambiente, política social, empleo y protección al consumidor, y deja a los jueces británicos subordinados a las sentencias del TJUE, todo detrás de un manto de soberanía formal. De hecho, es "suzeranía".

En su carta de dimisión, Boris Johnson lo calificaba de estatus de colonia y supone una traición de un gobierno débil y sin fe a la voluntad expresada en el referéndum del Brexit . Theresa May ha querido apaciguar como Chamberlain a un enemigo voraz, por suerte Churchill mantuvo la dignidad Británica, esas esperanzas hoy están puestas en el excéntrico ex alcalde del Londres.

Tampoco podemos perder de vista a David Gove, que fue el traidor a Johnson en su fallida candidatura por el liderazgo Tory. Se ha quedado en un gabinete en pleno hundimiento. Y recordando el destino de Thatcher, quizá lo haga para manejar mejor los hilos de la sucesión desde dentro y poder así cambiar el rumbo a un Brexit que es rehén de un gobierno sin liderazgo.