Gregorio Prieto y los libros

Cuando entraba despistado con mi hijo Martín en el Patio del Museo de la Fundación “Gregorio Prieto”, en Valdepeñas, con anhelo de ver los cuadros de sus maniquíes tan líricos, archipencos con alma incantatoria, casi me choco espantado contra el cadáver del pintor, expuesto en ese precioso patio manchego, festoneado de innúmeras flores, de aquellas flores de Grecia y Roma que él tantas veces había pintado aleluyáticamente. “La civilización de la rosa”, llamó Eça de Queiroz al Mundo Clásico. Desgraciadamente no lo conocí en vida – cuando pude haberlo conocido -, pero tras su muerte he sido un visitante recurrente de su Museo, que es igual que visitarle a él, y que celosamente cuidó y protegió mi amigo Vicente Nello, como director del mismo, hasta la hora de su jubilación. Y puedo decir honradamente que Gregorio Prieto ya forma parte de eso que podría llamar mi mundo interior.    

El valdepeñero Gregorio Prieto ha sido sin duda uno de los grandes artistas más polifacéticos y polimáticos del siglo XX europeo. Su Fundación, presidida actualmente por Mª Concepción García-Noblejas Santa Olalla, cumple los cincuenta años, y a fin de celebrar esta efemérides ha preparado distintos actos y exposiciones que quieren dar a conocer diversas caras de ese poliedro y polihístor que fue el alma curiosa y genial, clásica y religiosa, liberal y patriótica, infantil y mágica, del gran Gregorio Prieto. La primera de estas exposiciones, presentada en su precioso Museo de Valdepeñas, trata del Gregorio Prieto en su vertiente de productor de libros. Quizás esta exposición debería haberse hecho en Madrid, París o Londres, y su eco social hubiese sido extraordinario. Pero se ha querido honrar a la cuna del genio a costa de una repercusión social menor. Eso pasa ya con mucha frecuencia en nuestra España, que en Madrid se presentan mediocres aldeanismos o producciones de baja estofa, y en pequeñas ciudades y pueblos de la España profunda brillan los diamantes de la Alta Cultura.

Gregorio era un artista total, y eso significaba que la Literatura no era un arte indiferente para tan eximio pintor, y en numerosas cartas suyas nos señala su ansia de ser escritor. Pero su dueña severa y celosa, la Pintura, lo tuvo esclavizado desde niño, aunque también desde niño se vio fascinado por los libros, productos mágicos y artísticos, y por las revistas – sus primeros dibujos fueron copias del Blanco y Negro -.

   Para Gregorio las sublimes ilustraciones que realizó para obras maestras de la Literatura, como El Paraíso Perdido, de John Milton, o los Sonetos, de William Shakespeare, no debían llamarse ilustraciones, sino compañías pictóricas, poesía en línea que acompañaba el sentido general de la obra en su totalidad, incluso el contexto de la misma en la creación del artista. Una especie de interpretación, de proceso interpretativo, que llega a determinar el sentido de la obra en su totalidad y tesela del universo único del genio. Es así que sus “ilustraciones” transcienden la anécdota aislada de la obra literaria. Gracias a Manuel Altolaguirre publica Cuerpos, en 1931, libro de dibujos en formato de portfolio, quizás inspirado por su amor al bailarín egipcio Lakis, según se desprende de una encendida correspondencia. Lakis calificará esta Carpeta como “el más grande himno para nuestra amistad y nuestro amor divino”. Cuatro años más tarde Levis Mano le publicará el espléndido Matelots, carpeta cuyos exquisitos dibujos condensaban la fascinación del artista sobre la iconografía de los marineros, enraizada en sus vivencias, pero también inmersa en una ola temática de arte ( Lorca, Alberti, Picasso, De Chirico, Neruda…). En 1933 había publicado su carpeta de dibujos Hommage a l´Aurige de Delphes. Debajo de la mano del pintor y dibujante latía un corazón lleno de cultura clásica y cierto catolicismo pagano. Siempre he creído que Gregorio Prieto tiene más que ver con la religiosidad popular y supersticiosa ( su Virgen de La Asunción, su Arcángel San Miguel ) que con la recta ortodoxia católica; lo cual le une muchísimo más al espíritu artístico de Grecia y Roma.

   Su primera estancia en Inglaterra le lleva a publicar la carpeta de dibujos An English Garden, con prólogo de Ramón Pérez de Ayala, embajador a la sazón de la IIª República en el Reino Unido. Huyendo de la Guerra Civil española, el artista regresó a Londres en 1937, animado por su generoso amigo Rafael Martínez Nadal. Prieto hace que Londres sea su segunda cuna donde nacer por segunda vez. “Nazco en este momento”. Joan Gili publicó en su prestigiosa editorial “The Dolphin Bookshop” una colección de dibujos del artista valdepeñero-londinense agrupados en una carpeta – hoy envejecida – bajo el título Students, que tuvo una enorme resonancia en los círculos aristocráticos e intelectuales de Inglaterra. Prieto estaba trabajando en su nueva Carpeta de dibujos “Studies of English Life” cuando los nazis comenzaron a bombardear Londres, y la obra quedó detenida, fatalmente interrumpida. Y nos llama la atención que el artista se quejase más por la detención de esta obra que por las bombas letígeras que caían sobre Londres.

   Ilustró poemarios de su paisano y amigo, siempre inquietado y embebido por la muerte, Juan Alcaide Sánchez, como Colmena y Pozo, La noria del agua muerta, La trilogía del vino, Poesía en Línea o La Octava Palabra. Ilustró y editó un buen número de preciosas ediciones de distintas obras de Federico García Lorca. Hizo los retratos de autores como Herbert Read, Fred Marnau o Wray Gardiner, que aparecen en las contraportadas de sus libros respectivos. Acompañó poemas de Walt Whitman, el poeta americano más leído durante la Primera Guerra Mundial, junto al austríaco Rilke. Asimismo escoltó con sus dibujos los poemas transgresores y divinos de Baudelaire. Descubrió Sevilla en doce dibujos maravillosos, lo mismo que la provincia de Santander, de la que era oriundo su gran amigo Víctor de la Serna, al que también ilustró un par de libros. Expresó su amor infinito por Grecia en libros de dibujo y pintura. También experimentó el surrealismo en obras tan curiosas como Toro-Mujer, Macho Machungo, Niño-Mosca, o en el libro de Julio Antonio Gómez Fraile, Al oeste del lago Kivú los gorilas se suicidaban en manadas numerosísimas – obra cautivadora en la que queda un solo ejemplar -. Este tipo de dibujos tienen el aire oscuro de los que realizaría durante toda su vida el otro valdepeñero inmortal, Francisco Nieva. Publicó un libro con doce dibujos de dominicos zurbaranescos – si Marañón redescubrió El Greco, Gregorio Prieto redescubriría Zurbarán -; recordemos que Gregorio hizo cuadros de dominicos a los dominicos de la vecina Almagro, y que él mismo tuvo un grado de dominico. Y decenas y decenas de libros más, bibliofilia de alto copete que produciría noble envidia en cualquier coleccionista o sencillamente estremecimientos estéticos en cualquier alma sensible.

   Exposición maravillosa, alejandrina y bizantina, paraíso de bibliófilos, de un gigante de La Mancha, defensor acérrimo de molinos, hondo patriota, acérrimo militante de la bandera de Don Quijote, que ningún español puede perderse.