Walter Benjamin o la memoria de lo ausente (II)

La Historia de y para Benjamin.

Frente occidental de Europa, mayo de 1940. Las tropas hitlerianas marchan sobre Holanda, Bélgica y Francia. Benjamin huye hacia el sur acompañado de su hermana justo antes de que, a mediados de junio, las tropas alemanas ocupen París. Solo porta su máscara de gas y sus efectos personales, que lleva en una gran cartera de cuero negro, que contenía su último manuscrito, el cual, probablemente constituía la definitiva redacción de sus famosas tesis.

Desde mediados de junio hasta mediados de agosto permanece en Lourdes y posteriormente arriba a Marsella y, tras obtener el visado para Estados Unidos intenta salir de Francia clandestinamente a través de los Pirineos. Sin embargo, fracasará al ser interceptado en la frontera. Así, pasará su última noche, la noche del 25 de agosto en Port Bou, donde el viaje del pensador perseguido hacia la libertad pondrá su punto y final. Versión oficial: suicidio. [1]

Apenas meses antes de huir de la Francia vichista en la que las autoridades entregaban a los refugiados alemanes judíos o marxistas a la Gestapo Benjamin había redactado sus tesis Sobre el concepto de la historia.

En su obra, Benjamin va a criticar a todas aquellas tendencias que él mismo identifica con el positivismo: el historicismo vulgar, el evolucionismo socialdemócrata, el marxismo vulgar. Entre los principales acontecimientos  históricos que precipitaron la redacción de este escrito se encuentran el pacto germano-soviético, el comienzo de la Segunda Guerra Mundial y la ocupación de Europa por las tropas nazis. Una obra, escrita pues, como diría Víctor Serge, en plena “medianoche del siglo” que plantea desde un ahora tan concreto cuestiones referidas a la trayectoria social de la humanidad y a la totalidad de la historia moderna que poseen un alcance universal. Al igual que el Guernica (1937) de Picasso, la tesis benjaminianas Sobre el concepto de la historia constituyen una denuncia de la historia del sufrimiento del mundo (Geschichte als Leidensgeschichte der Welt).[2]

Finalmente, movido por su oposición al fascismo Benjamin desarrolla en su obra un análisis cultural del presente. De este modo, su tarea es la de repensar la tradición moderna que ha dado lugar al statu quo político de su época, así como la de evitar que el fascismo se apropie hasta de las últimas expresiones de libertad del hombre (e.g., el arte).

 

[1] Aun siendo una cuestión debatida todavía en nuestros días, no es el objeto de mi estudio la cuestión acerca de la muerte de Benjamin. No obstante, a este respecto, es pertinente la consulta del documental Quien mató a Walter Benjamin, así como de la novela El pasajero Walter Benjamin (Igitur) de Ricardo Cano Gaviria.

[2] De hecho, es famosa la siguiente anécdota: se dice que en  1940, con París ocupada por los nazis (recordemos que ésta es también la fecha en la que le propio Benjamin trata de abandonar Francia), un oficial alemán, ante la foto de una reproducción del Guernica, le preguntó a Picasso que si era él el que había hecho eso. El pintor respondió: «No, han sido ustedes», en lo que constituye una clara denuncia de la barbarie de la guerra, estación final, como tendremos opción de analizar, del un proceso de racionalización instrumentalizadora en estrecha vinculación con el fascismo.