Sánchez, buhonero de naciones

La constitución del 78 asentó en España un régimen oligárquico de partidos, que favorece la alternancia de gobierno entre los partidos que obtengan el  mayor refrendo de sus listas; y permite una plétora de partidos con pequeña representación para encauzar las voluntades minoritarias (todo sistema necesita de difusores de energía para no reventar)  siendo aquella un espacio de tamaño variable, que en la legislatura actual creo que alcanza su máxima dimensión (Solo Podemos es una amalgama de 20 partidos).

El Estado (Reino de España) usurpa la participación política de los ciudadanos, la nación, al canalizarla por los partidos, que son órganos del Estado. La oferta de partidos que el Reino de España pone a disposición del súbdito es amplia y variada. La última vez que fui a votar, antes de convertirme en repúblico, en mi Cartagena natal, tenía 60 papeletas a mi disposición.

España, la nación española, es diversa per se y somos nación hidalga. Al español le gusta creerse dueño de su destino; y somos dados a la polarización: izquierda-derecha, Madrid-Barça, Cartagena-Murcia, Pontevedra-Vigo; España-Cataluña, por mucho que les duela a los independentistas es un rasgo español. Ibérico, muy posible.

En la polarización endémica del español, la ideología del consenso que guía el Reino de España (el Estado) cala bien. Hasta tal punto cala, que para tener la fiesta en paz, el consenso, el Reino de España ve legítimo contar con partidos que buscan su destrucción; tanto los comunistas, como los partidos nacionalistas (estatalistas) independentistas.

El lector puede escuchar tanto a Rajoy en su despedida, como a Sánchez en su prometida de cargo, declarar públicamente que los partidos independentistas tienen derecho a estar en las Cortes, siempre y cuando encarrilen la destrucción de España por las vías constitucionales del régimen del 78.

La alternancia es la prueba de esa cuadratura del círculo que es el bipartidismo multipartidista que rige en el Reino de España: Suarez (UCD), Felipe (PSOE), Aznar (PP), ZP (PSOE), Rajoy (PP), Sánchez (PSOE)… ¿? (¿PP-Cs?)

Los repúblicos sabemos que la izquierda no está representada en las Cortes del Reino de España, si bien, podemos usar dicha clasificación, no por su ideología, sino por la forma de sentarse a uno u otro lado del hemiciclo del Congreso; en el que deberían estar representados los españoles, y no el Estado a través de sus partidos.

El pasado 1 de junio, por primera vez en la historia del régimen del 78, desconozco si en el XIX o en el XX pasó, el Congreso de los Diputados le dio la confianza de presidir el gobierno del Reino de España a un no diputado, si bien líder, de un partido sin superioridad de escaños.

El 15 de mayo de 2011, hace siete años, el régimen del 78 entró en crisis; y hace siete días, el 1 de junio de 2018, el régimen del 78, que parecía sufrir los estertores, con vías de agua, pero no abierto en canal, tras un audaz golpe de mano de Sánchez, vuelve a taponar las vías de agua provisionalmente, aunque el agua seguirá entrando debido a:

  1. La Amenaza al bipartidismo que representan Ciudadanos y Podemos
  2. La continuidad del desafío separatista a la unidad nacional
  3. El empobrecimiento creciente de la clase media y la clase media-baja española.

Sánchez ha requerido de estrategia, planificación, para lograr ser presidente del gobierno. Ya van sabiéndose más datos, se sabrán más, y la operación pasará a  los anales de la historia política española, si bien no parece original, ya que Helmut Kohl llegó al gobierno de la RFA de forma parecida.

Desde que Sánchez lograra en 2014 ganar la secretaria general del PSOE a Rubalcaba, ha estado luchando contra el orden establecido sin salirse del mismo; ha sido heterodoxo y eso le ha forjado como líder de las bases reformistas-regeneradoras del PSOE, perdiendo batallas y perseverando hasta llegar a la Moncloa.

A diferencia de los nuevos líderes de otros partidos; Sánchez no ha roto con su partido madre. Pablo Iglesias funda Podemos en el 2014 para las elecciones europeas como OPA hostil a Izquierda Unida. Albert Rivera es escogido como imagen de Ciudadanos hace más de una década, si bien fue afiliado del PP.

Al momento de la ejecución del golpe de mano, todos los líderes de los partidos están noqueados:

  1. Rajoy por la sentencia de la Gürtel;
  2. Pablo Iglesias habiendo oficializado con un plebiscito su pertenencia a la casta; 
  3. Rivera sin margen de maniobra por su apoyo a los presupuestos,
  4. Los líderes independentistas encarcelados o huidos
  5.  Urkullu y el PNV temerosos de un gobierno de Cs.

Que Rajoy, pudiendo haber dimitido y seguir de  presidente en funciones por uno o más trimestres, decidiera no hacerlo y perder la moción de censura; que en dos días hubiera traspaso de poderes en la Moncloa; implica que no solo el golpe de mano estaba planificado, sino también la retirada rápida y ordenada del perdedor; más el achique en los tiempos de la moción, son indicios de un posible pacto entre los dos grandes partidos del régimen, PP y PSOE, para una alternancia serena y sistemática, que refuerce y perpetúe el régimen.

Al régimen no puede interesarle el hundimiento del PP (que estaba en una vorágine cainita por la sucesión a Rajoy), pues tiene poder territorial, es el mayor grupo parlamentario, con mayoría absoluta en el  Senado, e incluso a navajazos se mantiene disciplinado.

Rivera no ha dado la talla para ser presidenciable, si es que la tiene, y la artillería mediática dispara a las jarcias de Ciudadanos para frenar su capacidad de maniobra, y dar un respiro al PP.

Con Rajoy en retirada, el PP, para tomar la alternativa a Sánchez, necesita tiempo y tranquilidad para regenerarse; y el régimen querrá dárselo, por lo que la utilidad de C's para cubrir el flanco derecho del régimen se ciñe a dos ejes:

  1. Cataluña;
  2.  reserva por si el PP no se renueva.

La unidad de la nación y la integridad territorial del Estado son las vías de agua que tiene el régimen y que aún no ha taponado. Para eso requiere de un líder entero y fuerte, no de un tullido envejecido; con un Gobierno enfocado a taponar la desintegración territorial del Estado, mediante el sacrificio de la nación española. Todo ello lo puede lograr con Sánchez de presidente del Gobierno. La fuerza parlamentaria del PP mientras se recompone, junto a la de Cs aportará a Sanchez la fuerza necesaria para llegar al consenso para la “unidad territorial”, mientras Sanchez hace guiños a la izquierda para recuperar voto perdido a Podemos; Y el PP de líder de la oposición contiene su trasvase de votos a Cs.

Está por ver cómo se va a regenerar el PP, y si como sugirió Aznar, de quien todo el mundo coincide que no da puntada sin hilo, se vaya a una refundación del centro-derecha, casi rutinaria en el sistema español, PP-Cs, que luche por volver al poder a partir del 2024-2028. Las elecciones autonómicas del 2019, las europeas de 2020 y las Generales entre 2019 y 2020, serán claves para ver cómo se reparten las fuerzas PP y Cs.

Respecto a la unidad de España, la nación, el gran reto del primer gobierno de Sánchez, y que será lo que le encumbre o le derrote. La transferencia hiper-rápida de gobierno, nos lleva a concluir que hay una hoja de ruta pactada entre PSOE-PP, a la que Cs y Podemos tendrán que plegarse, si es que no lo están ya, para no perder más cuota de la necesaria en el reparto del botín.

El reparto del botín, la extracción de recursos de los ciudadanos es la razón de ser del Estado de Partidos, es lo que une a los partidos y lo que les lleva a buscar el consenso.  Estando de acuerdo en lo fundamental, necesitan de subterfugios polarizantes para definir la regla de reparto. Dicha regla es proporcional a los votos ratificadores que cada uno de los partidos reciba sobre sus listas.

Del consenso del 78 nació el Estado de las Autonomías que ha ahondado en la división de la nación española para agigantar al Estado recreando un sub-Estado por Autonomía, que para justificarse han optado por diferenciarse unas de las otras, usando las lenguas de España como principal diferenciador e insuflando ánimos a los nacionalistas independentistas. Qué no nos engañen, no pretenden los partidos racionalizar la gestión del Estado para servir a la nación con eficiencia, sino parcelar la nación para un expolio sistemático.

La cesión, dejación,  de la defensa de la nación española de los partidos denominados de izquierdas tras el consenso del  78, identificando como contrario político a todo aquel defensor de España, y no solo como contrario, sino como fascista, franquista o rancio; han dado alas a los movimientos estatalistas independentistas (vascos, catalanes), así como está forzando a que cada Comunidad Autónoma, para justificar su sub-Estado,  tengan que inventarse señas identitarias que nieguen la unidad de la nación española.

Es por ello, que el régimen del 78 necesita retomar un consenso para revivir, y que además acomode a los estatalistas nacionalistas que pueblan España. Así, el régimen, liderado por el gobierno de Sánchez, necesite un nuevo subterfugio, del que Sánchez ya ha dado idea “Europa es la nueva patria”. Toda una declaración de intenciones.

Ante este escenario de un potencial consenso, que vuelva a negar al pueblo español la libertad colectiva y un proceso constituyente no tutelado, nos toca a los repúblicos seguir en la acción, defender la nación española quitándole el velo estatalista con análisis y pedagogía.