Sobre el Tercio Laocrático y la Libertad Política Colectiva

España, y lo mismo cabe decir sobre la mayoría de las naciones del mundo, se encuentra en una gravísima situación de decadencia que necesita ser resuelta con urgencia. Cada día el horror que supone el Estado de Partidos, que actualmente es nuestro principal problema colectivo, continúa su evolución cobrando su triste tributo sobre demasiados con un volumen tal de abuso de poder, incompetencia y corrupción que de hecho necesita para poder existir una penosa y progresiva degeneración social.

    Por ello es una necesidad de primer orden la derogación de la partidocracia y la constitución de una Democracia Representativa, que no es sino el resultado de la institucionalización de la Libertad Política Colectiva. La resolución de este problema político implicaría la instauración de un sistema político netamente más eficaz y eficiente que, debido a la estructura institucional de la Representación Política y la Separación de Poderes, garantizaría la capacidad de afrontar problemas como el de la presente y profunda crisis moral, política, económica y social.

    Sin embargo a pesar del dramático contexto hay que mantenerse imperturbables, canalizando las energías inteligentemente en los procedimientos que las soluciones requieren. En este sentido, es esencial comprender qué es el Tercio Laocrático y qué debe hacer. El Tercio Laocrático es la parte que dirige al todo en el proceso que va desde el punto de partida partidocrático al punto de llegada democrático, y para ser capaz de hacerlo sin peligro alguno de caos o desorden debe procurar que se den las condiciones que aseguren que sea un proceso gradual, pacífico y seguro.

    El concepto de Tercio Laocrático fue acuñado por Antonio García Trevijano. Para comprenderlo hay que remitirse a los tres tercios en los que, según el sociólogo Adolph Lowe, siempre se divide políticamente toda sociedad. El primero es el tercio conservador, el que tiende a apoyar con entusiasmo el sistema o régimen político existente en ese momento. El segundo es el tercio acomodaticio, aquel que con oportunismo se decanta hacia la alternativa que perciba como más provechosa. Y el tercero, dentro del cual principalmente se ubica el Tercio Laocrático, es el innovador, el que ni apoya ni quiere acomodarse a la situación política existente y busca crear algo nuevo.

    Teniendo en cuenta este contexto, el Tercio Laocrático debe conseguir hacerse con la hegemonía cultural en el conjunto social, de forma que tenga el liderazgo en la dirección política que oriente la acción constituyente. Esa conquista de la hegemonía cultural se traduce, sencillamente, en conseguir el triunfo de su discurso en la opinión pública, que su interpretación sea la mayoritaria al arrastrar al tercio acomodaticio en la medida en que éste lo interprete como la mejor opción existente.

    Conseguir el apoyo del tercio acomodaticio, en principio difícil debido a que es más fácil estar a favor del poder establecido que contra él, será posible cuando ese Tercio Laocrático consiga demostrarle que representan una alternativa mejor y más segura para sus propios intereses. Y para ello es necesaria la ejecución de una estrategia de comunicación potente que primero aglutine a los suficientes de su propio tercio innovador, hoy concentrado en los abstencionistas que suelen rondar al menos un tercio de los electores.

    Así pues, el primer objetivo en el que nos hallamos ahora se resume en la conquista de ese tercio que se abstiene, logrando que pase de lo heterogéneo a lo homogéneo a través de una sofisticada estrategia de divulgación de un criterio científico irrebatible. Ese criterio será el que proporcione un saludable sentido vertebrador al presente sinsentido que tantas desgracias genera, y con este fin nace DEMOS, un proyecto dirigido a la acción para el diagnóstico y tratamiento científico de los principales problemas colectivos.

    A modo de conclusión, y en palabras de Antonio Gramsci: “Instrúyanse, porque tendremos necesidad de toda nuestra inteligencia. Conmuévanse, porque tendremos necesidad de todo nuestro entusiasmo. Organícense, porque tendremos necesidad de toda nuestra fuerza”.

    Que la buena fortuna acompañe vuestro porvenir.

Javier Corada