VOX, reacción y populismo.

Las cadenas de televisión, los diarios, periódicos y demás medios radiofónicos en sus tertulias políticas se preguntan, por qué VOX ha tenido un auge tan intenso en las elecciones andaluzas. Un partido que tachan de “ultraderechista” y que en la idiosincrasia andaluza, no cabe pensar ni aceptar un partido de esas características.

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Parecen no entender los tertulianos de mesa y mantel que la esencia del éxito de VOX, es haber hecho una campaña electoral en clave estatal y no andaluza, centrando el debate ideológico y partidista en la reacción contra el separatismo catalán. Eso ha sido todo pero casi nada.

Ahora, se dan cuenta los politólogos y analistas manidos de televisión y radio, que el efecto de defensa de la unidad de España, como único sujeto político soberano, no era una cuestión de cuatro trasnochados y nostálgicos del Franquismo. Ni mucho menos.

La sociedad española ha reaccionado frente a un separatismo que ha dado un golpe constitucional (no un golpe de Estado), y quien no haya visto este fenómeno estará perdido en las elecciones que se acercan.

La parálisis, e incluso la cobardía, de los poderes públicos (a excepción, para ser justos, del poder judicial) tras los cuales se espetaban los partidos de todos los espectros, ha provocado la unión, acción y reacción de la sociedad española, canalizada convenientemente por un partido político, que no es nuevo. Una cuestión que ya expuso de forma clarividente Carl Schmitt, la unidad del sujeto político se hace más fuerte frente a amenazas externas que pongan en peligro su supervivencia. La fuerza y lo político de la unión deriva del binomio amigo-enemigo.

El hueco de reacción que han dejado los partidos, por su tibieza y cobardía en defender el sustrato básico constituyente del Estado español, tanto por la derecha como por la izquierda, ha permitido a VOX, aprovechando la oportunidad, encontrar su posición política y su ideario para hacer carrera.

Esa es su columna vertebral. España es un todo que da legitimidad a las partes y no al revés. España no mira hacia Europa, es Europa quien debe mirar hacia España.

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VOX se alza, por tanto, con el punto de break que se jugaba en Andalucia. La cobardía de los partidos en defender la unidad de España frente a las amenazas de un separatismo utópico, les ha pasado factura. El precio, la perdida moral y estratégica de las elecciones andaluzas. La moraleja: no jueguen con la unidad de la nación española. Un bien jurídico y político trasversal que no entiende de derechas ni de izquierdas, sino de supervivencia y de ruptura con su importante tradición histórica; una de las más grandes de la Historia Universal.

Se dirá que VOX también ha emprendido otras propuestas políticas que han calado en el electorado andaluz, como son las propuestas sobre inmigración, autonomías, violencia de genero, etc. No puedo pararme en estudiar cada una de las generales propuestas realizadas por VOX sobre esos aspectos, pero sí me detendré en analizar, aunque someramente, sobre la supresión de las autonomías, medida que parece ser la joya de la corona de VOX.

Nadie duda, a estas alturas que las CCAA han provocado un altísimo gasto público y un separatismo que ha puesto en peligro el orden constitucional, como nunca antes se había producido. Sin embargo, esa medida de hacer desaparecer las autonomías a través de una “simple” reforma constitucional del Título VIII, debe calificarse abobada y llanamente, como una solución populista prácticamente irrealizable, tal y como se plantea.

Y ello por varias razones. Fuera de las consideraciones manifestadas en todos los medios políticos de que no hay consenso partidista para ello, indagaremos sobre sus aspectos materialistas, a fin de ver la virtualidad real de lo planteado.

La estructura territorial del Estado gira en torno a dos niveles organizativos, a saber: el político y el administrativo-institucional. En el límite superior de la administración (Directores Generales y Subsecretarios) los niveles se confunden, pues gozan de la mixta naturaleza de órganos políticos y administrativos.

Haciendo micropolítica debemos preguntarnos qué es lo que se quiere suprimir, y a renglón seguido determinar quien debe seguir prestando esos servicios públicos abarcados y abrazos por competencias autonómicas.

La supresión de la estructura autonómica en su nivel político (personal propiamente político y personal eventual o de confianza, tanto en la Administración central o general y en la Administración Institucional o paralela), no alcanza ni el 0.3 del PIB, incluso aún menos.

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Suprimido el nivel político, donde se dice que se hallan los “enchufados” queda el grueso de un cuerpo funcionarial, que ha accedido a su plaza y puesto de trabajo conforme a su derecho fundamental reconocido en el art. 23.2 de la CE. La pregunta clave es: ¿Qué se hace con dicho personal?. No nos equivoquemos, es ahí donde se encuentra el mayor gasto. En términos presupuestarios sería el Capitulo I del presupuesto de la autonomía.

Si la nueva organización territorial que se pretende se basa en una descentralización administrativa regional a través de las Diputaciones Provinciales, éstas deberán estar dotadas de personal suficiente y adecuado para la prestación de dichos servicios.

Concretemos aún mas. La Sanidad Pública. Se trata de una competencia básica estatal que es ejercida de forma compartida también, por las CCAA. Desaparecidas éstas, deberán prestarla descentralizadamente (no por desconcentración porque no es transmisión de titularidad) las Entidades Locales, de las que forman parte las Diputaciones Provinciales.

Ahora bien, ¿con qué personal?. Si es con el personal de las anteriores CCAA y ahora de las Diputaciones, no habrá ahorro ninguno. Unicamente, el funcionario estará trabajando, ahora, para una administración diferente.

Si la Sanidad Publica es recentralizada al Estado y el servicio público debe prestarse en Morón de la Frontera, ¿Cómo se hará?. ¿Bajará el médico todos los día desde Madrid?, o ¿se creará una estructura en cada región que dependa de la Entidad Pública Regional para prestar dichos servicios?. En términos de eficiencia, es evidente que se requerirá lo segundo, y en términos de gasto, prácticamente no habrá ningún cambio. Miren a Francia, y se darán cuenta de lo que expongo.

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Si lo que se pretende es, en vez de la transferencia de los empleados públicos, situación que ya se produjo cuando se crearon las CCAA, extinguir la relación funcionarial y ponerlos de patitas en la calle, ya les digo al partido de la carta rojigualda que jamás será un partido de poder, y que la medida no podrá ser nunca materializada por chocar frontalmente con lo prevenido en el articulo 23.2 y 103 de la CE, a demás de todas las normas legales de desarrollo sobre Función Pública, a no ser que lleguen a la cúspide con una mayoría abrumadora y procedan a una reforma constitucional de hondo calado, y ejecuten después, a un despido masivo de funcionarios públicos, lo que deberá contemplar necesariamente las correspondientes multimillonaria indemnizaciones.

Parecen todavía no enterarse aquellos que se presentan al mercado pletórico partidista, como definía Gustavo Bueno la democracia (electoral), que lo primero que debería empezarse a prohibir y digo bien, a prohibir, como medida verdaderamente real es que las Administraciones pudieran crear Sociedades Mercantiles Públicas. Una medida humilde pero de grandisimo calado en el Sector Público. El que escribe este artículo, sabe bien lo que dice.

Se debería aprobar una Ley estatal de efectiva reducción y simplificación de la Administración Pública Institucional. Es una contradicción en los términos que una Administración Pública que su fin es la satisfacción objetiva del interés general pueda crear Sociedades Mercantiles, cuyo fin no es otro que el ánimo de lucro. Además, es necesario tener en cuenta que los empleados de dichas entidades no son empleados públicos sino empleados del sector público que es una cuestión muy diferente.

De igual forma se debería proceder con las Fundaciones Públicas y con los Fondos sin personalidad. Entidades que no pueden tener cabida en una Administración Pública que goza de los resortes necesarios para prestar servicios de interés público y que no está pensada para ser titular de dichos instrumentos jurídicos de carácter estrictamente privados, como son evidentemente esas estructuras patrimoniales sin personalidad.

Por otra parte, los Organismos Autónomos y Entidades Públicas Empresariales solo y exclusivamente podrían crearse o mantenerse vigentes cuando se demostrara en términos de eficiencia y sostenibilidad financiera real y anual que su existencia es, estrictamente, necesaria y que sus servicios no podrían ser prestados por un servicio público ya existente. Su autorización, cualquiera que fuese su creación, autónoma o local, debería requerir aprobación estatal. Igualmente, su personal y sus retribuciones deberían estar fijados de forma expresa por una Ley estatal.

Las normas dictadas hasta ahora para la simplificación y racionalización del Sector Público no han servido para absolutamente nada. De hecho la Ley 40/2015 de 1 de octubre ha ampliado el Sector Publico Estatal Institucional. Las Administraciones Públicas han seguido cogiendo peso de grasa, pero no de músculo, y han seguido siendo ineficientes.

No se puede empezar la casa por el tejado, debemos empezar por donde la Administración Pública tiene un agujero de verdad y por donde penetra la mayor corrupción del clientelismo político.

Nada obsta el recentralizar competencias, salvo las necesarias mayorías para reformar la Ley Constitucional y las consiguientes legales, a fin de que la medida pueda materializarse. Ahora bien, llevado a cabo esa operación, se debe pensar en quien debe prestar esos servicios (si se quiere que se siga prestando por el sector público) que ya no los proporcionarían las CCAA; en cómo deberían ser suministrados y, con qué medios. Pues, ¡¡¡dejemos de populismos baratos de una vez!!!!, es ahí donde está el mayor gasto.

VOX, es un partido reaccionario (Jellinek) y hasta ahora populista (Sartori), esperemos que su pensar en lo Público, le haga dar un tiro certero. Principalmente, por el bien de ellos.