Índices del poder político

El objeto fundamental de la política es el poder político. Junto a la moral y el derecho es una de las fuerzas capaces de dirigir o transformar las relaciones sociales. Maquiavelo fue el primero en describir empíricamente el comportamiento del dirigente y su tendencia natural hacia la acumulación y el disfrute del poder, independientemente de sus creencias, moral y religión.

La legitimidad es el criterio justificante de la titularidad del poder. Puede ser la tradición, la coniuratio (pacto), la elección por mayoría, etc. En muchos casos, este criterio se acompaña de una justificación divina: Alejandro Magno era hijo de Zeus, los faraones eran la encarnación de Horus, Franco era caudillo por la Gracia de Dios, etc.

El poder político nace en un momento determinado por un acto de fuerza (poder de facto) y, con el paso del tiempo, hay una transformación en poder de iure. El poder político se perpetúa e institucionaliza porque el gobernante adquiere la auctoritas, es decir, consigue una mayoría social que acata voluntariamente sus decisiones. Para que un político no se convierta en un tirano cada vez que ostenta poder, conviene que una Constitución instaure un régimen con separación de poderes, tal como nos enseñó Antonio García Trevijano.

Establecidos estos conceptos básicos, vamos a describir de manera introductoria unos índices que miden la cantidad de poder político. Por motivos de simplicidad supondremos que las decisiones sólo pueden tomar dos valores: SÍ/NO. La voluntad social se distribuye según una binomial B(1,p), donde p es el porcentaje de personas que quieren el SÍ. Cuando hay representación política, los representantes son un muestreo poblacional y la media de sus decisiones es un estimador máximo-verosímil de p.

Se llama coalición del SÍ al conjunto de políticos que votan SÍ y lo mismo para los del NO. Un pivote es un político que hace que una coalición sea ganadora. El índice Shapley-Shubik (ISS) de un político es el número de veces en que resulta ser pivote, dividido entre el número de ordenaciones posibles.

 La cuarta columna de esta tabla muestra el ISS del parlamento Vasco. Ver Ref [3].

La cuarta columna de esta tabla muestra el ISS del parlamento Vasco. Ver Ref [3].

Cuando no importa el orden de la votación, se usa el índice Banzhaf (IB) que se calcula de la siguiente manera: el índice total Banzhaf (ITB) de un político es el número de coaliciones ganadoras en las que es crucial que forme parte, es decir, en las que sin él su coalición no sería ganadora; el IB de un político es su ITB dividido entre la suma de todos los ITB.

 IB de los países de la UE con Reino Unido, respecto a los diferentes procedimientos decisionales y algoritmos que usan en la Comisión, Europarlamento, etc. Ver Ref [2].

IB de los países de la UE con Reino Unido, respecto a los diferentes procedimientos decisionales y algoritmos que usan en la Comisión, Europarlamento, etc. Ver Ref [2].

Si se afirma que la soberanía es nacional, cabría esperar que, si hubiera representación, entonces el poder se distribuyera de acuerdo al porcentaje poblacional representado. No ocurre tal cosa. Ya con el sistema D’Hondt se obtiene un número de diputados que no es proporcional a la población, pero es que los índices de poder dan un resultado que ni siquiera es proporcional al número de diputados. Sin embargo, dichos índices ofrecen una perspectiva fidedigna sobre la soberanía. Por ejemplo, España por su población debería tener más peso en la UE y, sin embargo, su índice IB es bastante discreto. Otro ejemplo, más lacerante aún, es el de los partidos nacionalistas. De acuerdo a su población deberían ser insignificantes en la política nacional, pero el número de diputados que sacan gracias a la regla D’Hondt es muy elevado y aún es mayor su índice IB, como lo demuestra el hecho de que siempre sean pivote en la aprobación de los PGE.

Para concluir, quiero mencionar un fenómeno muy llamativo llamado la paradoja de los nuevos miembros. Podría parecer que al aumentar el número de partidos, entonces disminuyera los índices IB de los partidos grandes y el poder se repartiera más entre todos. Pues sucede justo lo contrario: resulta que los poderes medianos se hacen menos decisivos y los grandes aumentan sus índices. Por eso Alemania tiene tanto poder en la UE y, a pesar de la aparición de los nuevos partidos (Ciudadanos, VOX, Podemos, UPyD, etc), en España siguen gobernando PP y PSOE.

Referencias:

  1. M. Rodriguez Molinero, Introducción a la Ciencia del Derecho, Librería Cervantes, Salamanca, 2001.

  2. Marek Loužek, Voting Power Indicators in the European Union, Prague Economic Papers, University of Economics, Prague, vol. 2004(3), pages 217-236.

  3. Mikel Álvarez Mozos, The Banzhaf value in TU games with restricted cooperation, Universidad de Santiago de Compostela.